Cubanálisis - El Think-Tank
SELECCIÓN DE MATERIALES SOBRE CUBA PUBLICADOS EN LA PRENSA MUNDIAL
Escritores e intelectuales en Cuba dicen NO!
INTERCAMBIO DE CORREO ELECTRÓNICO DE INTELECTUALES CUBANOS ANTE APARICIÓN EN TELEVISIÓN DE VIEJOS COMISARIOS
Jorge Ángel Pérez, Desiderio Navarro, Arturo Arango, Reynaldo González, Antón Arrufat, César López, Leonardo Acosta, Norge Espinosa, Abelardo Estorino, Ramiro Guerra, Jaime Sarusky, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, Nancy Morejón, Ambrosio Fornet, Luciano Castillo, Sigfredo Ariel, Marta Valdés, Zenaida Castro Romeu, Ena Lucía Portela, Waldo Leyva, Enrique Pineda Barnet, Jorge Luis Sánchez, Senel Paz, Rebeca Chávez, Reina María Rodríguez, Luisa Campuzano, Carlos Celdrán, Pancho García, Adelaida Fernández de Juan, Aries Morales, Eliseo Alberto, Tomás González, Magaly Muguercia, Amir Valle, Pedro Pérez Sarduy.
Primeros mensajes cruzados:
JORGE ANGEL PÉREZ
Un nuevo desacierto de la televisión cubana acaba de ocurrir: Luis Pavón, uno de los personajes más espantosos y temibles en la historia de la cultura cubana acaba de recibir lisonja en el programa Impronta de Cubavisión. En estos días en que tantos la emprendieron contra La Diferencia, supongo, espero, que también ahora apunten sobre este dislate tan absurdo, y, por favor, permítanme el pleonasmo.
DESIDERIO NAVARRO
De repente, al cabo de más de treinta años de su destitución, reaparece en la esfera pública Luis Pavón, ex-Presidente del Consejo Nacional de Cultura durante el eufemísticamente llamado "quinquenio gris", ni más ni menos que en todo un programa de la Televisión Nacional dedicado a "su impronta cultural en la cultura cubana".
Ahora bien, ¿es lo que ayer vimos y oímos la impronta de Luis Pavón en la cultura cubana?
¿O es otra que dañó irreversiblemente las vidas de grandes y menos grandes creadores de la cultura cubana, "parametrados" de uno u otro modo? ¿Qué impidió la creación de muchos espectáculos artísticos y la divulgación de muchas obras literarias y plásticas en Cuba y en el extranjero? ¿Qué nos privó para siempre de innumerables obras a causa de la casi inevitable autocensura forzada que siguió a los ubérrimos 60? ¿Qué llenó todo un período con una pésima producción literaria y artística nacional hoy justamente olvidada hasta por sus propios ensalzadores y premiadores de antaño? ¿Qué nos inundó con lo peor de las culturas contemporáneas de los países de la Europa del Este, privándonos del conocimiento de lo más creativo y profundo de éstas? ¿Qué a la corta o a la larga condicionó el resentimiento y hasta la emigración de muchos de aquellos creadores no revolucionarios, pero no contrarrevolucionarios, cuya alarma había tratado de disipar Fidel en Palabras a los intelectuales? ¿Qué creó e inculcó estilos y mecanismos de dirección y trabajo cultural neozhdanovianos que ha costado décadas erradicar, de tan "normales" que llegaron a hacerse? ¿Acaso somos realmente un país de tan poca memoria que no recordamos ya la penosa situación a la que fueron reducidas nuestras instituciones culturales por obra del Consejo Nacional de Cultura, situación que el humor cubano captó por entonces en aquel trío de refranes parodiados: "El que no oye al Consejo, no llega a viejo", "En la Unión no está la fuerza" y "En Casa de las Américas, cuchillo de palo"?
Cierto es que Pavón no fue en todo momento el primer motor, pero tampoco fue un mero ejecutor por obediencia debida. Porque hasta el día de hoy ha quedado sin plantear y despejar una importante incógnita: ¿cuántas decisiones erróneas fueron tomadas "más arriba" sobre la base de las informaciones, interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos suministradas por Pavón y sus allegados de la época, sobre la base de sus diagnósticos y pronósticos de supuestas graves amenazas y peligros provenientes del medio cultural?
Si de improntas culturales valiosas en el periodismo cubano se trata, habría que mostrar aquellas como las de ese hombre de letras que fue Agustín Pí, quien, en ese mismo período, desde su modesto puesto en el periódico Granma, ayudó a cuantos "mal vistos" de valía pudo y logró que las páginas culturales de Granma fueran lo menos cerradas posibles en cada momento y no se convirtieran del todo, como tantas otras publicaciones cubanas de la época, en un erial de mediocridad y oportunismo.
En mi artículo "In medias res publicas" he hablado de la responsabilidad de los políticos en las limitaciones del papel crítico del intelectual --sobre todo en los años en que la cultura fue conducida por Luis Pavón--, pero ésa es sólo la mitad del problema. La otra mitad -merecedora de un simétrico artículo- es la responsabilidad de los intelectuales: sin el silencio y la pasividad de la casi totalidad de ellos (por no mencionar la complicidad y el oportunismo de no pocos) el "quinquenio gris" o el "pavonato", como ya entonces lo llamaron muchos, no hubiera sido posible, o, en todo caso, no hubiera sido posible con toda la destructividad que tuvo. Con contadas excepciones, entre los intelectuales, los heterosexuales (incluidos los no-homófobos) se desentendieron del destino de los gays; los blancos (incluidos los no-racistas), de la suerte de los negros reivindicadores; los tradicionalistas, del destino de los vanguardistas; los ateos (incluidos los tolerantes), de las vicisitudes de los católicos y demás creyentes; los prosoviéticos, de la suerte de los antirrealistasocialistas y de los marxistas ajenos a la filosofía de Moscú, y así sucesivamente. Cabe preguntarse si esa falta de responsabilidad moral individual podría repetirse hoy entre la intelectualidad cubana.
Se impone, pues, preguntarse responsablemente sin dilación: ¿por qué justamente en este singular momento de la historia de nuestro país en que todo nuestro pueblo está pendiente de la convalecencia del Comandante en Jefe se produce esa repentina gloriosa resurrección mediática de Luis Pavón con un generoso despliegue iconográfico de selectas viejas escenas con los más altos dirigentes políticos, y ello tan sólo días después de la no menos repentina reaparición televisiva de Jorge Serguera, quien desde la presidencia del ICRT hizo un perfecto tándem político-cultural con el CNC durante el "quinquenio gris"?
"Feliz el hombre aquel que llega a conocer las causas de las cosas."
ARTURO ARANGO:
Desiderio: Esta mañana te reenvié el breve correo de alerta que circuló Jorge Ángel Pérez porque estaba seguro de que reaccionarías con tanto enojo como lucidez al desconcierto que él planteaba. Concuerdo plenamente con tu análisis y, como a ti, me cuesta creer en las casualidades. Aunque sea obra de un aparente azar, la presencia en la televisión cubana, a pocos días de diferencia, de Jorge Serguera y Luis Pavón Tamayo debe ser interpretada como un síntoma, y cometeríamos el gravísimo error del silencio si no realizamos, de inmediato y por cualquier vía, la labor simultánea de denuncia y análisis. Porque la denuncia sin que se piense a fondo, como tú haces, ese pasado cuyas cicatrices aún perviven en la cultura cubana, puede ser inútil, como lo sería también el pensamiento neutro, que no sitúe posiciones y enfrente perspectivas.
Vivimos un momento tan difícil como intenso, y estoy convencido de que el rumbo que el país tome en un futuro más o menos inmediato es responsabilidad de todos. El campo intelectual cubano, a mi juicio, se ha complejizado en los años más recientes, y, al lado de un evidente pensamiento de derechas, dentro y fuera de Cuba, coexiste una posición complaciente (¿una derecha pragmática?) en la que se mezclan las oportunidades del mercado con la preferencia oficial por actitudes de obediencia y silencio. "Si me dejan ganar dinero en paz, me quedo callado o aplaudo sin reservas", parecería ser un lema frecuente en estos días, alimentado por la difusión de que disfrutan esos que siempre asienten y el usual ninguneo para quienes, desde la izquierda y la revolución, prefieren pensar (y, con frecuencia, discrepar).
Ambas vertientes, la derecha beligerante y la pasiva o pragmática, pueden ser un terreno propicio para el resurgimiento no ya de figuras cuyo capital político, incluso por razones de edad, está muy desgastado, sino de un tipo de pensamiento que persiste en nuestra cultura.
Gracias por la provocación. Me gustaría que, de inmediato, este mensaje tuyo desencadenara una reacción realmente productiva, donde se debatan asuntos más interesantes que el número de velas en un set televisivo.
REYNALDO GONZÁLEZ (síntesis de dos mensajes):
Cualquiera diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un atropello -en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya banalizado- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acunados en sus posiciones. Ocurre con el holocausto de los hebreos por el nazismo. Al homenajear al culpable -directo o instrumentalizado- de un error enorme, de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente sus hechos, su culpa. La televisión y sus responsables -los que residen en L y 23 y los distantes- han dado un paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a "las partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus "protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un ente aparte de la cultura cubana? Te autorizo a utilizar estas opiniones.
Algo haremos, con prontitud, para ponerlo en manos de quienes dirigen la cultura desde el Ministerio correspondiente y desde el Partido. El montaje de la "entrevista" fue muy elaborado, las imágenes, que como se ha dicho, "dicen más que mil palabras", colocaban a Pavón en un altar patriótico. Quienes orquestaron esto quizás pasan por alto los sufrimientos, las desapariciones, el horror de un período cruel, ensañado, que no se ha ventilado en su virulencia y en sus consecuencias ulteriores. Cada cual ve la feria como le fue en ella. Siempre he pensado que Pavón cumplió órdenes, pero con un placer de torturador nazi, en el afán de situarse como "poeta" -ya conocemos a otro "poeta", Aldana, quien nos vio y trató como a blandengues y manejables, y que fue demasiado lejos--, y otros, de aquella época, incluidos los que ahora, con la misma furia, desde la otra orilla agreden a la revolución y no cesa en demeritarla. Pudiéramos sacar cuentas de cuántos de los privilegiados de la época aldánica o del pavonato están hoy en la trinchera opuesta: sencillamente, los más connotados. Lo que ahora ocurre es un ultraje a la memoria de Virgilio Piñera y Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados. Véanse las fechas, algo que echa abajo la teoría de un período breve. El reconocimiento a este hombre, que ahora como la vieja dama de la pieza teatral "enseña sus medallas", ha soslayado, con un truco demasiado explícito, el período en que él manicheó como un dictadorzuelo colonial la cultura cubana y los destinos de sus hacedores. Las fotos en que se exhibe con los líderes de la revolución se han puesto como una rehabilitación, una sacralización. A él, que a tantos demonizó. Ha sido, por la latencia de esta posibilidad, quizás como gato escaldado, que durante años he alegado por una revisión ecuánime y fuerte de lo sucedido en aquellos años negros y su secuela. No quiero pensar que la ocasión regrese. Y creo que rápidamente debemos impedirlo. La insensibilidad e insolencia con que el icrt lleva demasiado lejos sus compromisos, de la clase que sean, evidentemente, no son los compromisos y las ideas de la actual política cultural. Debo entenderlo como intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la cultura cubana.
Adhesiones con textos por e-mail:
ANTÓN ARRUFAT
Preocupaciones compartidas
El viernes 5 de enero, y en un horario casi estelar, en el programa Impronta del canal Cubavisión, dedicado, como indica su título, a aquellos creadores que han dejado una "impronta" en la cultura nacional, tanto en las artes como en la ciencia y el deporte, se presentó uno dedicado a la exaltación mediática de Luis Pavón Tamayo. Fotos con altos dirigentes del país, portadas de sus escasos libros, paneo sobre una multitud ostentosa de medallas, y una entrevista acerca de su presente, de la labor que realiza en la actualidad. Con voz casi inaudible y manos vacilantes, el televidente creyó oír que "asesoraba" no supo bien qué institución o qué editorial.
Terminada la emisión de este programa, la inmensa ciudad de sus víctimas, cientos de ellas felizmente todavía vivientes, comenzaron a llamarse por teléfono horrorizadas de que la actual Televisión Cubana, más de treinta años después de aquellos oprobiosos acontecimientos, dirigidos por el hoy inmaculado Luis Pavón Tamayo, dedicara parte de su precioso tiempo y espacio a uno de los personajes más execrables, incluidos los tiempos coloniales y neocoloniales, de la historia de la cultura cubana.
Allí estaba, sin duda, quien durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora de nuestra cultura, desde su alta torre del palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico que un locutor leía, en el que las víctimas televidentes se enteraron por primera vez de su importancia como poeta, ni las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia, ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco años el Consejo Nacional de Cultura.
Es decir que todos habían tomado el agua del Leteo, que da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario, recordaran a su verdugo. Alli estaba, vestido de blanco, el gran parametrador de importantes artistas, ahora si de verdad, el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, los despojó de sus salarios y de sus puestos, quien los condenó al ostracismo y al vilipendio social, quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, el que anuló la danza nacional, mutiló funciones del guiñol, quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura, quien persiguió a pintores y escultores despojándolos de sus cátedras y de la posibilidad de exponer sus obras, el gran censor de músicos y trovadores, allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura, inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no han sabido imitar.
Allí estaba alguien que, con una vocecita en apariencia inofensiva, creó e inculcó en el trabajo cultural, como observa con justicia Desiderio Navarro: "estilos y mecanismos de dirección que ha costado décadas erradicar".
Estos hechos históricos, escamoteados por decisión de alguien, sin embargo debieron ser conocidos por los televidentes -- las víctimas los conocen en carne propia--, principalmente las nuevas generaciones que carecen de información sobre tal período. Así la impronta de Luis Pavón Tamayo en la cultura nacional podría ser juzgada con justicia por todos.
Por supuesto no es el único cadáver insepulto que la Televisión Cubana trata de poner en circulación, sin que se sepa hasta hoy con justeza el porqué. Hace poco las víctimas de Jorge Serguera, antiguo Presidente del ICRT, lo vieron gesticular entre las velas de una especie de capilla ardiente, sin que se le moviera un músculo de la cara, sobre sus años de dirigente persecutor. Este tampoco pidió excusas, y muy por el contrario exclamó envanecido que no se "arrepentía de nada". Sus víctimas, en otro sentido, tampoco tienen nada de que arrepentirse. No obstante estos dos insepultos no son los únicos. Hace unos meses en un programa del Canal 2, Diálogo abierto, por igual en horas de alta audiencia, fue entrevistado uno de los ranchadores de la administración de Pavón, Armando Quesada, a quien encargó que se ocupara con esmero de "limpiar" el movimiento teatral cubano. Así lo hizo, claro, por el tiempo en que su mayoral estuvo en el poder.
La única "medalla" que se le puede acreditar a Luis Pavón Tamayo no figura en la vanidosa colección que las cámaras, desplazadas hasta su propia casa, con luminotécnicos y maquillistas acompañantes, tomaron inclinadas sobre una mesa dispuesta como para una puesta teatral. Esta "medalla" es la que se ganó en justa lid cuando el Tribunal Supremo fallara en su contra por "abuso de poder" y por medidas "inconstitucionales" contra los trabajadores de la cultura. Es su mayor mérito, y el más original: es casi el único dirigente de la Revolución que lo ha obtenido. Ahí están las Gacetas Oficiales con los diversos fallos, varios en total, que provocaron, en gran medida, su destitución.
Quizá para un filósofo determinista, Pavón no es responsable absoluto de sus acciones al frente del Consejo. Es en cierta y oscura medida una víctima posterior del pavonato, que él mismo instrumentó. En tal observación se encuentra una parte de verdad. Como en la teología católica las estrellas inclinan pero no fuerzan el albedrío, en las modernas doctrinas sociales las circunstancias, el complicado tejido de la sociedad de una época, inclinan también, como nuevas estrellas terrenales, pero no fuerzan el albedrío. De acuerdo con la libertad humana, aún en las condiciones más férreas, puede el hombre negarse, discutir, proponer soluciones diversas, influir, o al menos no excederse en la violencia. Tal vez el hecho de que Pavón se excediera, propicia en sus víctimas explicaciones ya de carácter sicológico. Hay deseos, placeres, fobias, envidias que contaminan cualquier decisión en apariencia imposible de no cumplir.
Cuando comenzó la rehabilitación de los artistas y escritores que Luis Pavón Tamayo intentó aniquilar para siempre, y la política cultural entró en el período de las revolucionarias rectificaciones, y las víctimas del pavonato fueron reconocidas en su valor como creadores, el viejo Ex-presidente se acercó a uno de sus amigos para advertirle, con parecidas palabras a éstas, no te comprometas demasiado con esos que ahora son Premios nacionales, pronto a todo esto se le dará marcha atrás. Extraño pensamiento en un marxista declarado: concebir el tiempo histórico como un eterno retorno.
CESAR LÓPEZ:
En momentos de rabia en los que casi echaba espuma por la boca y quizá por el resto de los nueve orificios del cuerpo humano, luego de alguna que otra conversación telefónica con compañeros igualmente irritados, iracundos, desconcertados y llenos de vergüenza por el disparate mediático, ¡Ojalá que sea sólo eso y así!, recibí tu profunda y valiente reflexión como un estado de advertencia cultural, histórica, ética y desde luego política. Gracias, amigo, por pensar y actuar. Cuenta conmigo y mis atisbos de pensamiento en actitud firme y dispuesta para desfacer el entuerto que parece avanzar peligrosamente... pero te comunico, con José Martí, que: "Yo soy honrado y tengo miedo." Abrazos de reconocimiento y alerta.
LEONARDO ACOSTA:
Desde 1959 a nuestra fecha, el ICRT se ha caracterizado por ser el organismo mediático y cultural (????) que ha gozado, o más bien que ha sufrido el castigo de tener los dirigentes más mediocres y/o más descarnadamente abusivos e irresponsables del país, casi siempre ajenos al periodismo y la cultura, o indiferentes hacia ambas profesiones. El caso "Papito" Serguera tuvo el raro privilegio de aunar todas y cada una de estas "cualidades", sumadas a su anti histórica actuación como diplomático que desdichadamente ha sido olvidada, y que estuvo a punto de enajenarnos la amistad con uno de los países del Tercer Mundo más entrañablemente unido a Cuba a través de los procesos revolucionarios de ambos países y la primera misión internacionalista cubana de gran envergadura frente a la artera invasión imperialista contra esos hermanos.
En el caso de Luis Pavón hay tantos cómplices abiertos o encubiertos que no vale la pena citarlos aquí, pero es indiscutible que su permanencia al frente del CNC durante mucho más que un "quinquenio" sólo sirvió para engendrar o al menos prolongar un estado de "Sangre, Sudor y Lágrimas" en la cultura nacional.
Pero el elogio de ambos personajes, sumado ahora al del frustrado, resentido y vengativo Torquesada, y al nefasto Congreso de Educación y Cultura de 1971 es sencillamente una infamia y un insulto a la memoria de José Martí, Félix Varela y todos nuestros próceres e intelectuales. Esto me hace pensar que hay personajes siniestros detrás de esta verdadera campaña por la rehabilitación de sicarios que han hecho tanto daño en nuestro país y al prestigio mundial indiscutible de la Revolución. ¿A quién hay que emplazar por estos desmanes? Estimo que, en primer lugar, al ICRT. Creo que todos los periodistas, escritores, artistas, científicos y por supuesto las mentes políticas claras que abundan en nuestro país, tenemos el deber de unirnos para que se nos explique cómo es posible que se permita esta falta de tacto, de respeto y de sensibilidad que nos sitúa en el plano de ciertos países del Cono Sur bajo personajes como el nefasto Menem campeón del neoliberalismo, con sus leyes llamando al perdón y el olvido hacia los torturadores.
Actuar rápido y con tacto e inteligencia.
NORGE ESPINOSA:
La resurrección de otros cadáveres
Como si la memoria cultural y política del país fuera una esencia inconsistente, capaz de adaptarse como líquido manso a cualquier recipiente sin asomo de incomodidad, los cubanos que nos preciamos de formar parte de esa misma memoria hemos sido convidados al olvido. A través de la televisión cubana, nuestro medio de legitimación público más poderoso, dos figuras a las cuales suponíamos en el bien de sus silencios, han resucitado para demostrar de qué manera puede tomársenos a menos, y sobre todo, inducir en espectadores poco enterados una imagen que, por acrítica, acaba siendo intensamente peligrosa.
Ya se sabe lo que le ocurre al que no quiere caldo. Pareció no bastar con la presencia de Jorge Serguera en uno de los programas de mayor audiencia y en el cual más recursos y riesgos entrega nuestra televisión, tan cauta a la hora de transmitir en vivo. Ahora, apenas el pasado viernes, en un horario no menos estelar, irrumpió en la programación televisiva un espacio titulado Impronta cuyo objetivo pareciera ser dignificar y destacar la obra y vida de importantes figuras de nuestra cultura. Cosa que no está mal, recordados a medias como son casi siempre las figuras verdaderamente vivas de las artes cubanas, casi nunca localizables en las primeras filas de lo que nuestra televisión difunde con insistencia al transmitir ciertos actos públicos. Pero si eso era lo que esperábamos del repentino programa, el error es crecido y doble, pues a falta de creadores con mejor currículum y trayectoria, el invitado a este improntu fue no otro que el camarada Luis Pavón.
Podrá decírseme que exagero, pues al autor de El tiempo y sus banderas desplegadas se le dedicaron apenas cinco minutos de fama televisiva. A Serguera, apropiadamente entrevistado en el set sombrío y tenebroso de algo que pretende llamarse La diferencia, se le regalaron treinta minutos de diálogo, donde cantó, bromeó (si Alfredito Rodríguez canta mal, hace que sus invitados canten peor: oh, milagro), eligió entre yuca y caviar, y reconoció haber cometido algunos errores. "Como todos", subrayó, lavándose unas manos que Livio Delgado fotografiaba, al tiempo que recordaba a Enrique Arredondo y Carlos Moctezuma, actores de la vieja escuela vernácula, capaces de salirse de la rigidez de los guiones para poner en vilo con sus morcillas el control cuasi militar que la televisión obtuvo bajo su mando. Pero Serguera no presumió en exceso de sus contactos con el orden político: sus gestos, su voz, siguen identificándolo como un hombre de recia extracción militar. Sin embargo, los cinco breves minutos dedicados a Pavón hicieron de ese costado el pilar de todo su espacio.
Esta emisión de Impronta gozó de una dramaturgia singular, que comenzaba citando la dedicatoria de Ernesto Guevara a Luis Pavón. Algún distraído podría pensar que el Che pudo en verdad dedicarle todo un volumen al ex presidente del CNC, cuando en verdad lo que se leía eran las palabras estampadas en un ejemplar de Pasajes de la guerra revolucionaria. La maniobra no es ingenua: emplear líneas de una figura sacralizada, que se nos presenta en la historia y la mitología de la Revolución como una imagen sin tacha, para ofrecer una referencia sobre este otro personaje, de historial francamente funesto en nuestra memoria cultural y las otras, denuncia una labor de limpieza que, lejos de obrar con eficacia, ensucia y empaña muchas otras cosas. Pavón, que en su entrevista parecía el buen señor mayor de la puerta de al lado, repasó sin detallar su carrera política al frente de un mundo cultural que por poco deshizo, obrando como un buen soldado bajo las órdenes de otros personajes a los cuales representó con mano dura. Al final de su programa, la voz de la locutora insistía en destacarlo como una figura a la que se le recordará por su condición de intelectual de infinito compromiso revolucionario. Si esa es la tónica que tendrá el programa, si esa es la línea de selección por la cual podremos saber o no quiénes merecen o no ser elegidos para alzarse ante el público televisivo como figuras de referencia, vale preguntarse por qué el organismo que produce esa clase de espacios no prefirió entrevistar a Roberto Fernández Retamar o Graciela Pogolotti, por poner solo dos ejemplos de intelectuales que no solo poseen una obra de muchísima mayor firmeza, merecedora del Premio Nacional de Literatura, y para los cuales el compromiso con la Revolución ha sabido resolverse en formas mucho más pródigas de lo que entendemos como cultura y diálogo. Claro que también valdría preguntarse por qué no pueden ser otros los invitados a Impronta. Por qué la selección, entre nosotros, para esos espacios, trae consigo una resaca que, a la vez que elige a unos, evidentemente impone a otros una cuota de silencio o invisibilidad rampante.
La resurrección de estos cadáveres es un síntoma que, leído en secuencia, puede y debe provocar reflexiones e inquietud. Si la cultura cubana es consciente de su pasado y su tradición, si en verdad está apta para revisitarse y comprender lo que es, por encima de sus logros reales, no los triunfalistas, y los errores que la han traspasado; estas presencias no deben ser recibidas con indiferencia. Las víctimas de lo que, como mando de censura y parametración organizaron Serguera y Pavón, debieran sacudirse el polvo y el lodo que este regreso les echa encima, y levantarse con voz de alerta. Lo que implica el que tales nombres ocupen espacios principales de la televisión, ganen una atención y una promoción que otros de mucha mayor valía y trascendencia no poseen, es un signo grave que puede desatar otras preocupaciones. Repasar sin asomo de respeto el pasado cultural cubano, sin la debida delicadeza ni la conciencia real de lo que ahí se acumula; es lo que parecen introducir entre nosotros, como penosa actitud, estos acontecimientos. Espero que la vergüenza propia de quienes sufrieron esos desmanes se alce y no acalle la indignación que ha corrido por las calles habaneras, por la discreta ciudad letrada cubana, tras estas fantasmagorías que hemos debido ver, sintiendo el golpe de lo que se llama "pena ajena". Sería una actitud que dignificaría y nos recordaría el modo en que la cultura, para ser manipulada, debe ser ante todo un valor moral y de dignidad regeneradora. Teniendo en cuenta, sobre todo, que muchos de esos que fueron alejados de su quehacer durante el quinquenio gris bajo el mando de Serguera y Pavón, aún esperan una disculpa real y palpable por lo que debieron padecer.
Mi generación no tuvo que sufrir a ninguno de estos personajes. Sufrió a otros, copias de menor poder, a los que hemos visto entrar en el rango de no-personas, cuando poco a poco comenzó a flexibilizarse el diálogo que ellos mismos negaban. Tal vez podría argumentarse que exagero al reaccionar con un horror que es más justificado en quienes sí se vieron frente a frente con estos personajes cuando eran algo más que estos fantasmas televisivos del presente. Pero sí he sabido que el hombre repite con más gozo sus errores que sus aciertos, y es demasiada la coincidencia, y demasiado el desasosiego que hechos como estos nos ofrecen como lectura. Cuba vive un instante de particular cuidado, atraviesa un momento en el que las preguntas sobre el futuro inmediato deben hacerse con una dosis de respeto hacia el otro, hacia todos, que nos permitan creen que en ese futuro podremos respondernos mutuamente sin fanatismos ni miopías. En ese estado de hipersensibilidad, los signos pueden generar otros signos, la vida puede prefigurar otras formas de la vida. No creo que a esa vida le sean provechosas esta clase de resurrecciones. Pero respiremos, todavía puede que encendamos el televisor una de estas noches y aparezca en pantalla, sonriente y desmemoriado, buen señor de la puerta vecina, el fantasma de Armando Quesada.
ABELARDO ESTORINO:
Una noche pasé frente al TV y vi la imagen de un anciano sentado con cara agriada pero conocida aun, el locutor dijo su nombre y me quede sorprendido. No sabia si existía o había muerto, hacia mucho tiempo que nadie pronunciaba su nombre, todos lo habíamos olvidado. Fue una cura de salud olvidar sus momentos de poder cuando puso en peligro todo el trabajo que se hacia por construir una cultura diferente, con aliento renovador. Si ha muerto, ni siquiera debemos recordarlo y para suerte nuestra no volveremos a oír su voz, ni firmara nuevos edictos; si vive, permitir que su voz vuelva a oírse, será sufrir otra vez las persecuciones, el miedo, la mentira. Por estas y muchas más razones que otros compañeros han esgrimido me adhiero a sus planteamientos.
ABILIO ESTEVEZ
Queridos, creo que el hecho de que viva en Barcelona no me salva. Recuerden que lo viví de primera mano, porque acompañé a Virgilio Piñera en el peor período de su vida. Y su muerte no fue una muerte cualquiera, sino un lento asesinato. Así que sé lo que fue el "pavonato", y más de una vez he dicho que eso de "quinquenio gris" es, como bien dice Desiderio, un eufemismo (o una burla). Ni quinquenio ni gris. Una década de horror. En mi ingenuidad, pensé que esas fantasmonas (no por tristes menos peligrosas) no reaparecerían nunca más.
Imaginarme a las abominables, Pavón et al, homenajeados en la televisión, me provocan deseos de mudarme un poco más lejos, a Wellington, por ejemplo, capital de Nueva Zelanda. Muy bien el texto de Desiderio. Muy bien y contundente, el de Arrufat. No sé si pueda yo servirles de algo, creo que no, puesto que hace años que me cansé (o fatigué) y volví la espalda. Pero en todo caso, aquí estoy, muy bien acompañado porque vivo justo al lado de la Sagrada Familia.
RAMIRO GUERRA
Acabo de recibir tu mensaje sobre la insólita aparición de Pavón en la tv nacional días pasados, de la cual vi el anuncio, el cual no me permití injustificadamente molestarme en ver por la repulsion que tengo hacia el personaje. Él acostumbra a salir como los muertos fantasmales de vez en cuando, en lugares importantes para después desaparecer.
Hace unos años apareció por los pasillos de la uneac y yo le hice saber a Aurora Bosch que entonces era presidente de la Sseccion de Danza que no contara con mi presencia por allá mientras esa personaje pisara las losetas de la uneac.
Pasado un tiempo que he olvidado ahora, ella me hizo saber que ya él había desaparecido y que podía devolver mi presencia a la institución.
No me ocupé de buscar el programa en que debía aparecer el personaje inconscientemente parece que rechazando la posibilidad que ahora tú haces patente de que "un revival" pueda ocurrir al tambien aparecer el bien olvidado Serguera, compinche del colosal descalabro cultural de los 70. Solamente queda por aparecer aquel, cuyo nombre he olvidado, tomó las riendas de las artes escénicas en aquella triste oportunidad y que barrió con el movimiento teatral surgido a la sombra de la revolución.
La danza bien sufrió el descalabro al hacerme desaparecer, aunque insólitamente, creo que yo fui uno de los pocos que mantuvo un sueldo que debía ir a cobrar a una bolsa fantasmal que se creó y se mantuvo viva por varios años en lugares también fantasmales del área del Consejo Nacional de Cultura .
Nombres importantes del movimiento teatral fueron "parametradamente" enviados al Ministerio del Trabajo, donde solo encontraron el bacheo de calle y el sepultureo en el cementerio como opciones de trabajo.
El teatro guiñol fue inmisericordemente desvastado y sus hermosos muñecos fueron enviados al Cayo Cruz de la basura, que aun existía en la bahía. y los Camejos perseguidos de forma especial, borrados de la cultura nacional.
Mientras, fue suspendido el Decálogo del Apocalipsis, obra mía que debía de estrenarse según invitación impresa en bello rojo vivo con fecha para el 15 de abril de 1971 después de un trabajo arduo de un año y un enorme gasto de vestuario y escenografita y que debió marcar un hito importante en el desarrollo de la danza contemporánea en Cuba, y cuya falta han lamentado las generaciones surgidas después de mí en esa área por los graduados de las escuelas de arte, quienes perdieron las referencias danzarias promovidas por mí en 12 años y que marcaron el desarrollo exitoso de un movimiento de danza enraizados en una identidad nacional pero bien informados de las vanguardias de la época.
Mucho se ha escrito sobre ese fenómeno por los coreógrafos que me siguieron, especialmente Marianela Boan, heredera de mi quehacer creativo con su grupo Danzabierta.
Lo que has dicho en el mensaje que he recibido me ha abierto los ojos ante un peligro que parece estar fundamentado en estos días de posibles cambios en los rumbos de la política cultural del país al aparecer esos fantasmas del pasado que quieren volver en búsqueda de nuevos lauros en oportunista situación.
El hecho que la tv nacional los saque de la sepultura del olvido puede anunciar una nueva tempestad.
JAIME SARUSKY
Ruego quede estampada mi firma en la protesta de los escritores y artistas cubanos frente a la torpe pretensión que en el programa de televisión Impronta se ha tratado de revivir y reivindicar a un nada deseable funcionario de una etapa de lamentable intolerancia en nuestra cultura.
LUCIANO CASTILLO:
Ante esta ignominiosa "política de resurrección" habría que recordar aquella frase tan recurrente en Cocteau que a Carpentier le gustaba citar: «Los hombres de verdadero talento nunca molestan a los demás, quienes envenenan el aire que los envuelve, son los mediocres y los malogrados». (.) El veneno que destilaban por sus poros esos gendarmes de la cultura salpicó a no pocos intelectuales y artistas.
SIGFREDO ARIEL:
¿De verdad que alguien ha convocado en televisión, de cuerpo presente, al fantasma de Luis Pavón, mano verduga del peor periodo que ha atravesado la cultura de este país? Si fuera hoy el día de los Santos Inocentes no me hubiera extrañado recibir esta noticia, inconcebible por más de una razón: no se puede entender esta exhumación en el medio de comunicación más influyente y masivo -lisonja ha recibido, dices- tras tantos congresos, encuentros públicos, y todo tipo de reuniones a todas luces oficiales que han examinado aquellos oscuros días y han enjuiciado muy negativamente su dirigencia. Queda claro que el ICRT -sobre todo la instancia política que vigila y a la larga diseña sus programaciones- no recuerda aquella larga estación, el pavonato, como lo que fue, una durable vergüenza que abrió heridas no restañadas todavía, si es que son restañables.
Espero que esto no sea un signo de revalidar el estalinismo vulgar, cacerías de brujas, prejuicios, negaciones y límites de los años 70, Dios no lo quiera. En todo caso será un nuevo intento por restituir el dudoso relieve intelectual que nadie sabe por qué mérito artístico alguna vez gozó este personaje. Yo recuerdo que en los primeros años 80 apareció -para escarnio de Letras Cubanas, en edición lujosa en cartoné- una muestra de su "poesía" junto a otras antologías de intelectuales verdaderos que hacía muchos años no (Lezama dixit) hacían gemir las prensas: Fayad Jamís, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Rafael Alcides y otros poetas que regresaban a la vida editorial: Pablo Armando, Díaz Martínez, Arrufat... ¿Por qué estaba Pavón en el selecto grupo? Que respondan los dirigentes editoriales de entonces, si quieren, aunque no vale la pena.
En los años que vinieron después no se volvió escuchar aquel nombre sino para deplorar públicamente su gestión al frente del Consejo Nacional de Cultura y así lo evocan con frecuencia siempre que pueden muchos de los que sufrieron el silencio obligado, el no existir, la acusación de éste u otro estigma y a quienes Pavón y sus colaboradores dedicaron variadas formas de humillación. Se trata de un tema delicado del que nadie debe hablar por boca de ganso y yo no lo haré, por supuesto. Creo que a algunos de los hoy respetados escritores y artistas que han recibido Premios Nacionales en los últimos diez o veinte años les toca opinar sobre la nueva resurrección de su victimario. Podría esta inesperada aparición abrir un nuevo diálogo, ojalá que manteniendo a raya extremos y rencores. A nosotros, que no vivimos el pavonato en sí, que recibimos apenas ramalazos de su agónica resaca, nos tocaría escuchar, prestar atención y atar cabos.
ZENAIDA CASTRO ROMEU:
La ira ha sido contenida mucho tiempo. Es hora de que se alcen las voces. Yo misma vi el programa de Papito Serguera y me pregunté por qué habían sacado ese fósil de lo peor que nos ha pasado dándole un protagonismo que desvirtúa la realidad. Aquellos eran años de oscuridad y represión implacables. Los jóvenes no podíamos estar en grupo en una esquina. Ni hablar de las sayas, con las directoras en las puertas con las tijeras, los pelados a los varones que usaban cerquillo, la "fiana" en la puerta si nos veían con una placa conseguida de los Beatles. Mucho Mozambique. porque el Jazz, era la música del enemigo. Se me revuelven las tripas!!!
ENA LUCIA PORTELA:
En medio de la avalanchita de e-mails que ha suscitado la vuelta al proscenio de Luis Pavón, he leído sus opiniones al respecto. Le escribo sólo para hacerle saber que estoy plenamente de acuerdo con usted, con cada una de las palabras que dice ahí. Sólo que en algún sitio donde usted pone "errores", entiendo que por elegancia, por no ser obvio, yo pondría "actos criminales", que desde luego siguen y seguirán siéndolo en tanto no se los reconozca abierta y públicamente como tales, con absoluta transparencia, algo que mucho me temo no va a ocurrir en las actuales circunstancias de nuestro país.
Aprovecho la oportunidad para comentarle que me llamó la atención -aunque no mucho, a decir verdad- que en el programa Este día de Cubavisión del pasado 19 de diciembre no incluyeran entre las efemérides importantes nada más y nada menos que el natalicio de José Lezama Lima. ¿Será también casualidad? No lo creo.
Como tampoco creo que nuestra lamentable televisión (esa misma que exhibió versiones mutiladas de Philadelphia y de El beso de la mujer araña, y aquel glorioso spot para alertarnos sobre el peligro de las drogas como sustancias nocivas que hacen que los jóvenes se vuelvan homosexuales, esa misma que jamás ha transmitido una sola imagen de las manifestaciones de orgullo gay que tienen lugar en otras partes del mundo, esa misma que se complace a cada rato en chistes, o más bien pujos homofóbicos de la peor calaña, entre otras lindezas), sea un ente aparte de nuestra cultura. No, no lo es. Vamos, que a estas alturas de la vida tendríamos que ser demasiado ingenuos para suponer eso. Como bien dice nuestro Desiderio en su magnífico y muy oportuno artículo ¿Síntoma de qué? Preguntémonos por las causas de las cosas, estas bellaquerías, por decirlo suave, son signos de... algo. Y no de algo bueno precisamente.
Estimado RG, pensé primero en enviarle este mensajito en forma privada, sólo para usted, en parte porque no acostumbro a dar gritos en el ágora y en parte porque usted y yo, si la memoria no me falla, no nos conocemos personalmente y... Bueno, temí que usted pudiera tal vez malinterpretarme. Pero luego pensé que si uno va a manifestarle apoyo y solidaridad a alguien que ha gritado, no debe hacerlo en voz baja. Así que estoy enviando copias a otras personas. Espero que no le moleste.
ENRIQUE PINEDA BARNET
He recibido con pavor todo cuanto se resucita de Pavon. He vuelto a tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del Guignol asesinado, de los perseguidos, los huidos, los aterrados, de los teléfonos con frases entrecortadas, documentos inocentes quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados. reaparecen palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel: parametración, Umap, censura, condena, consejo, brujas, pavon, quesada, y sus herencias en los mítines de repudio o sus consecuencias congresos ....y etceterás.
SENEL PAZ Y REBECA CHÁVEZ:
Compartimos tus puntos de vista y esperamos la ocasión inmediata de actuar con firmeza y dar respuesta rápida y enérgica a esta acción. Muy útiles y movilizativos estos mensajes, pero hay que pasar ahora mismo a una acción más concreta y frontal.
JUAN CARLOS TABÍO
Estoy de acuerdo absolutamente en todo lo que dices.
WALDO LEYVA:
Me parece que el silencio aquí resulta demasiado peligroso. Aunque no creo que tales hechos respondan a una "estrategia", sí pienso que hay quienes consideran llegado el momento de revivir, por otras vías y tal vez con otros protagonistas, aquellos métodos. Tenemos suficiente inteligencia y autoridad moral e intelectual, cimentada en un compromiso inviolable con las esencias de la nación, para evitar un renacimiento de tales prácticas. Repito, no creo que la presencia en tv de Serguera y Pavón responda a una estrategia de la dirección política o cultural del país, pero si no detenemos estas manifestaciones, la unidad, que con tanto cuidado, sacrificio personal y entrega hemos logrado en estos años, puede naufragar y una pérdida de esa naturaleza, en estos momentos, sí sería irreversible.
CIRA ROMERO (síntesis de dos mensajes):
Qué disparate lo del Luis Pavón en la tv. ¡Cuántas heridas de nuevo abiertas ante esa imagen deplorable! (.) Cuando vi el programa sabía perfectamente que lo que está sucediendo iba a pasar. Las voces tienen que levantarse airadas. No queda otra alternativa. Felicito a los que lo han hecho de manera pública. Lástima que nada de eso se publique.
REINALDO MONTERO:
Según la dialéctica que me gusta, la casualidad no es más que una expresión de la necesidad. La necesidad, por si fuera poco, es tan feraz que rápido se expande, enraiza, florece, es decir, va dejando mucha huella y hace mucho. Quiero dar noticia, para quien aún no lo sepa, de un florecimiento, de una censura reciente. La dirección de la televisión cubana prohibió trasmitir la obra teatral Marx en el Soho (texto de Howard Zinn, actuada y dirigida por Michaelis Cué), anunciada para el 25 de diciembre, según el spot que la estuvo promoviendo. Por supuesto que no la prohibieron por razones estéticas, o en la televisión no quedaría ni el noticiero. Marx en el Soho se estrenó hace dos años, fue vista por miles de espectadores, donde se incluyen el propio Howard Zinn, Ricardo Alarcón, Abel Prieto. La puesta viajó a muchos países, y regresó. El trabajo de Michaelis fue premiado por la crítica cubana, la que hay. Pavón De Venus coincide con Cisne De Juno en el cristal sonoro. Casualidad que obedece a alguna necesidad, al menos en la dialéctica que me gusta. En función de la concreta necesidad a que obedezca mostrar hoy en día al Pavón y al Cisne, la prohibición de Marx en el Soho ratifica el alcance del doble disparate, o del doble acierto.
De lo que se trata, siguiendo la dialéctica que me gusta, no es de escandalizarse por estos hechos escandalosos, sino de prepararse y pronto para lo que vendrá.
IVETTE VIAN:
Yo tenía 23 años. Y estuve 12 parametrada, congelada. Me quitaron mi carnet de la UNEAC y de la UPEC. Trabajé 4 años como asistente en el círculo infantil Kásper y 8 años en la construcción. En ambos lugares conocí gente formidable, aprendí mucho y encontré la felicidad, a pesar de todo. Nunca pensé que podría publicar nada más, pero me inquietaba la idea. No entendía bien qué me había pasado ni qué pasaba en el gobierno de mi país. Pero no guardaba rencor (aunque nunca pude volver a saludar a Ricardo García Pampín, ni pude volver a ser amiga de David García Gonce, ambos altos traidores) y siempre estuve y estoy dispuesta al perdón. Pero, me horroriza que vuelvan aquellos tiempos y ahora que estamos abocados a cambios, la aparición ante un receptor masivo (y que posiblemente no sabe "la historia" o como dicen, la olvidó caribeñamente) de los recién resucitados verdugos Serguera, Pavón y Quesada (agregándole otras señales como la prohibición de la obra de teatro Marx en el Soho, o la salida del programa sobre aquel Consejo de Cultura...) de pronto fue como un golpe de sospecha y de miedo: ¿acaso nos espera otra prueba mayor, después de 40 años?... ¿acaso regresa la tortura espiritual?... De modo que estoy de acuerdo con la voz que se levanta en protesta y para conjurar cualquier "casualidad". Por si acaso. Por si pretenden volver. Por si viene algún cambio acompañado de algo peor.
Me quedé en Cuba por puro amor. Toda mi familia se ha ido. Los he perdido a casi todos. Sobre todo por esta razón me uno a los que quieren impedir un regreso a las sombras. "Que siempre brille el sol" en esta isla. No queremos verdugos (ellos solo merecen el olvido). Con amor para todos los cubanos, que esperamos compasión y piedad.
JORGE LUIS SÁNCHEZ
Este debate me parece mucho más serio e interesante, que las velas alimentando las penumbras de un estudio, en eso coincido con Arturo Arango. Yo, que no tengo tiempo para sentarme a ver la televisión, vi el programita. Y dudé, pues cuando el pavonato, era un niño y no lo padecí directamente. Me tocaron otros, más recientes, en los ochenta. Pero a este señor de los setenta, no le había visto su rostro. Me llamó la atención que quién hizo el reportaje escamoteó olímpicamente que Pavón fue el presidente del Consejo Nacional de Cultura. ¡Ni en off la voz del narrador se atrevió a nombrar el cargo! ¿Tal vez para que ante las nuevas generaciones, una palabra tan indeseable como parametrado no nos perturbara más la memoria? Esto lo escribí, y lo circulé en la noche del 6 luego de leer a Desiderio y a Arturo, ahora te agrego que me sumo a todo este fecundo debate. Que no debe incumbir solamente a los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Que no debe incumbir solamente a los afectados. Ni a los que vivieron el disparate. Mi abuela decía este refrán: Si me viste fue jugando, si no me viste; te jodiste. ¡Cuando la ignorancia y la malicia se unen...! Cuenta conmigo para lo que sea.
MARIO COYULA:
El llamado de ustedes me parece muy oportuno en un momento en que ya algunos personajes lamentables, o sus fantasmas, parece que se están reposicionando. Pero más que de personas, se trata de una manera recurrente de ver al mundo, que a lo largo del tiempo ha recibido muchos nombres diferentes, siempre ominosos. Es mejor pasar por paranoico que por bobo, y adelantarse al palo. Ojalá que todo solo sea una casualidad.
Admiro a Mandela, quien renunció al poder que se había ganado y unió al que posiblemente era el país más dividido del mundo, con rencores tremendos que venían de muy atrás. Como él, estoy por no escarbar en el pasado, por feo que haya sido. Pero si otros lo hacen, buscando regresar a lo que ya sufrimos, es bueno que sepan que no se les dejará pasar. Después de todo, involución es lo contrario de revolución.
OMAR VALIÑO:
Con el mismo asombro e indignación que los otros he estado siguiendo en detalle el justo y oportuno intercambio de mensajes. Por supuesto que puedes seguir contando conmigo en primera fila para lo que sea.
FRANK PADRÓN:
Estoy tan indignado como cualquier intelectual cubano honesto que conozca un poquito la historia y, de un modo u otro, la haya padecido. Ahora: si no tomamos medidas urgentes (.) se corre el riesgo de que todo esto no pase de las ya habituales polémicas en la red estilo La diferencia. También opino que la "salida al aire" casi seguidas de dos figuras así de tenebrosas no es una simple coincidencia ni una mera torpeza ("para variar") de nuestro querido Instituto de TV.
GERARDO FULLEDA LEÓN:
(.) Me indigné cuando me relataron lo que el había dicho: hay que ser descarado para mentir asi públicamente y para hacer las confesiones que el hizo. Lo del otro si lo vi, (.) fue muy grande el subio que cogimos mi amigo y yo, que padecimos aquel momento, donde todos fuimos parametrados, o sea cercenados moralmente, psíquicamente y, porque no, económicamente, aunque nuestro nombre no hubiera aparecido en las listas oficiales de los parámetros. Por todo ello me sumo, como uno mas, a todo lo que pueda impedir que días como aquellos resurjan y que mentalidades que causaron tanto daño se pavoneen como mansos corderos o orgullosos cumplidores de "lo dispuesto", ante nuestros televidentes. Bastante mal nos hicieron aquí y a la propia Revolución, que decían defender con sus abominables hechos, ante la opinión pública internacional por los desmanes de entonces. No es hora de temor, o de silencio sino de unidad para evitar cualquier intento de retrotraer los tiempos y que la historia intente repetirse. La caja de Pandora la abrieron ellos y son quienes deben temer a nuestro dolor, excusarse ante nuestras cicatrices y callar.
MARCOS GARCIA:
Creo que no se debe uno permitir el silencio ante esas cosas. Aplaudo de corazón a Desiderio Navarro y a todos los que honestamente ponen su nombre al dar sus palabras. No viví en la televisión ni recuerdo el "quinquenio gris", pero lo que me han contado es suficiente: tantas voces inteligentes no pueden estar equivocadas al mismo tiempo y sobre un mismo tema.
CESAR LEAL
(.) Recordemos también que José Llanusa y Pavón fueron la punta visible del iceberg de una política cultural instrumentada conscientemente para "controlar" -perdonen el eufemismo- el desarrollo de la cultura cubana durante aquel llamado "Período Gris"; durante el cual, dicho sea de paso, también sobresalieron artistas y escritores que -al menos formalmente- disentían (¡palabra peligrosa!) del realismo socialista que se trataba de imponer. Creo que se precisa una revisión más amplia de aquel período artístico, en todos los sentidos, para conocer las causas y justificaciones para que figuras como Pavón fueran colocadas en el más alto cargo en la "dirección" del desarrollo -o involución- de la cultura cubana; lo que dió como resultado que muchos artistas y escritores, fueran o no homosexuales, tuvieran que optar por el exilio en el exterior, mientras otros fueron "inxiliados". Fue una vergüenza que Pavón fuera redimido y exaltado en la televisión cubana, pero no ha sido ni será él sólo el único: El fantasma de los 70 recorre hace rato el país, ¡ver para creer, hermano! Pero, tengamos mente positiva, y esperemos que no se repita el disparate.
ABELARDO MENA
Al pasado no debemos regresar jamas. Que "No pasaran", como decían los republicanos españoles, depende de nuestra voz alta. Es curioso ver como las nuevas tecnologias ayudan a polarizar un sentimiento común. ¿Será el icrt la imagen visible de un retorno al pasado deseado por algunos? Hay que seguir gritando.....
VIRGILIO LÓPEZ LEMUS:
Debes saber que me adhiero sin titubeos a los planteamientos de esencia que ustedes hacen, y que van más allá de cualquier agresión de tipo personal, de "revancha", o de innecesarios "ajustes de cuenta".
ALBERTO ACOSTA:
Fueron errores e injusticias muy dolorosas y muy perjudiciales para la cultura cubana y sus creadores. Que no se pueden perdonar. Ninguna impronta más infeliz. Ojalá que haya sido por distracción y no por intención.
CARLOS REPILADO
He leído algunos de los documentos sobre la presencia de Luis Pavón Tamayo en nuestra tv y sin realmente analizar a fondo cada uno de ellos, solo por principio me adhiero al sentimiento de repulsa por la presencia de semejante personaje en nuestra tv. Él mismo por un mínimo de dignidad y vergüenza si es que alguna vez la tuvo debería haberse negado a mostrarnos su nefasta imagen y pensamiento que solo logra ofendernos y traernos recuerdos que siempre será mejor olvidar. Olvidar ahora solo después de una rectificación ante tamaño error.
CARLOS CELDRÁN
Desde que supe de lo de Pavón en tv y leí las reacciones que esto ha provocado he estado por escribirte. Si en algo vale mi opinión y lo poco que he hecho en el teatro para detener y esclarecer semejante agravio, cuenta con mi apoyo y mi solidaridad. Los que hacemos teatro en Cuba sabemos lo peligroso de la situación. Es un deber.
PANCHO GARCÍA
He estado al tanto de la polémica desatada a raíz de la inusitada, inesperada e incomprensible aparición en el programa impronta de la tv de Luis Pavón, aborrecible personaje de esa década que ojalá olvidar pudiésemos, como bien sabes yo fui uno de esos que no reunían los parámetros para pertenecer a la cultura cubana. Me siento conmovido por la reacción de ustedes ante tal hecho y por supuesto siéntanme parte de esa protesta. De mas esta que te diga que puedes usar mi opinión para lo que desees.
JUAN PIN:
Como sabes el argumento más utilizado para cualquier debate cultural público o privado cubano, divide los pulsos de los diferentes criterios en dos corrientes fundamentales, izquierda y derecha, a la larga términos que en realidad, y a mi modo de ver, circunscriben la discusión a criterios específicamente intelectuales, de un asunto que tiene mucho que ver con la naturaleza misma de la formación de la elite revolucionaria en el poder, que no ha sido la misma durante cincuenta años. Muy poco conocemos sobre los debates ideológicos a los que se enfrentaron los diferentes integrantes de la elite, menos de sus alianzas políticas internas. El justo temor a la fragmentación de esa elite, por una parte, propició que hayamos permanecido "compartimentados" todos estos años de un debate que hoy se expresa con abundante curiosidad entre los más jóvenes, confundidos por libros de historia, panfletos, nombramientos, fotografías y biografías autorizadas, revisadas y escritas tan insulsamente, como cualquiera de los libros aprobados durante el pavonato. Dentro de esa madeja de intereses políticos, insurreccionales y no insurreccionales, algunos anteriores a la caída del batistato, están los embriones de Pavón, o de los que como él fungieron como victimarios. Nada los disculpa. No los asiste razón alguna para tan arbitrario e inmoral comportamiento, pero sí contaron -y cuentan- con la autorización y la delegación de poderes. No fueron políticas aisladas y son fácilmente identificables en aquellos debates iniciales del triunfo revolucionario. Lo que ocurre desde hace mucho tiempo en la televisión, y ocurrirán cosas peores, estoy seguro que expresa más que una tendencia, la enorme ignorancia que hoy campea por su respeto en el ICRT, aunque pienso que en momentos de crisis, homenajear a los victimarios es también una manera de sacarlos del debate y evitar que a través de ellos se evidencien aquellas fisuras mayores. No voy a escribir un rosario de argumentos sobre esta última idea, que haría palidecer a la mayoría de los integrantes del debate y retirarse a una buena parte de ellos por miedo, desinformación o ignorancia. He pasado los últimos tres años de mi vida recogiendo testimonios, no solo de las víctimas, también de los victimarios, para articular un cuerpo verbal que regalarle a mi hija, de solo cinco años, cuando tenga edad para hacerse un juicio de los acontecimientos que pasaron. Aspiro a que se interese por los problemas que entorpezcan la vida y el porvenir del tiempo que le toque, pero muy pocas herramientas le están legando las instituciones, mucho menos ustedes los sobrevivientes. Cuando quieras, en las circunstancias que quieras, de la forma que elijas que sea en beneficio del amor, mi patria, lo mejor de la revolución y la cordura, cuenta conmigo para el debate. Pero Rey, bien sabes que jamás me invitarán.
MARITZA CORRALES
No es posible aceptar este tipo de "desliz e ingenuidad", por denominarlo eufemísticamente, en tiempos como los que estamos viviendo. Sé que, como siempre, serás profundo, certero, demoledor y -como Martí lo fue- sin odios. Ténme como uno más de los cruzados. La paciente y muy dolorosa reconstrucción de los estragos culturales, pero sobre todo humanos, que nos vimos forzados a vivir e intentar restañar, no puede haber sido en vano. Para atrás, hermano, como reza uno de nuestros lemas revolucionarios, ni para coger impulso. De aceptarlo estaríamos, al decir de Mayito, involucionando y esto, por lo que hemos dado lo mejor de cada uno de nosotros, es una Revolución basada y concebida sobre dos sencillas y raigales palabras: dignidad y justicia y debemos seguir luchando porque así sea.
MAGALY SÁNCHEZ:
Pienso que crear un clima de preocupación y disgusto entre la intelectualidad cubana en estos momentos es el mejor servicio que se le ha podido prestar al enemigo ideológico. Creo con ustedes que hay que salirle al paso a esa tendencia de desagraviar y distinguir a personas que, orientadas no sé por quien y con evidente mucho gusto, dejaron tan dolorosa huella y no solo dentro del ámbito de la cultura.
RICARDO REIMENA
La rutilante reaparición orquestada en la tv, del más que incalificable tipo nombrado Luis Pavón; punta del iceberg oscuro de una época..., y valga la contradicción entre el iceberg y la oscuridad. (.) No importa, que se bloqueen los servidores, como pretenden los delincuentes de la globalización digital cuando solicitan a los ingenuos, reenvíos de oraciones o de tontas historietas sobre la suerte. Ahora sucedería por la grave culpa del peor delincuente de la Cultura y el Arte.
ANTONIO DESQUIRON:
La amnesia conveniente es tan común.... ¡Ahora el fulano es prócer! Y mira. No me sorprende tanto la impronta. A lo mejor me crees un resentido. Puede. Después de haber visto y vivido en carne propia tanta basura, que me asombra poco el pavo real. Y claro que siento y resiento aquellos años tan presentes en mi
propia vida. No te niego que me preocupa -en el '71 yo tenía 25 años y ahora tengo 60-, claro que me Preocupa.
De intelectuales cubanos en el exterior:
TOMÁS GONZÁLEZ
Queridos seres que alumbran el camino de nuestra selva oscura. Lo que estamos viendo era de esperar; pero no es todo, faltan otros que están detrás de estas "erinias". Seres que saben odiar, porque han puesto su odio, que es su único talento, al servicio de una nefasta utopía que es la de poner bajo control todo lo que es hermosamente humano en una sociedad. La verdadera utopía que merece todo nuestro empuje es la de que se termine la ecuación del hombre lobo del hombre. Ellos son de tal mediocridad que dependen de nosotros; pero como ellos saben que sin nosotros, toda la intelectualidad y el arte de talento, ellos no pueden hacer nada. Pero todo estos, cuidado, son los hijos de Manuel Sanguily; y recuerden por que muere Placido. Esto es un avance de lo que viene. Pero recuerden que lo que se acaba de ejecutar es la apertura de la "caja de Pandora". No hay que precipitarse. Faltan nombres. Una vez una bailarina de cabaret, por supuesto que no era una buena bailarina; aunque muy hermosa. Le pregunta a su amante: "Oye, Papi, tu que andas por allá arriba. Dime por que Torquemada puede hacer y deshacer? El anciano funcionario le contesto: "Lo ampara el poder divino". Esperar a que se descubran el rostro todos los que están enmascarados. Recuerden que estamos cerca del Triangulo de las Bermudas. Y lo que hemos dado por fenecido, esta en realidad enmascarado. ¨Que chambones podemos llegar a ser.
ELISEO ALBERTO
Hasta mi azotea en Ciudad México, llegan desde La Habana las palomas mensajeras con los informes, o partes, de la cólera que ha desatado en la isla la resurrección televisiva de Pavón. Oigo, emocionado, el coro de los dignos. Cuenta con mi voz, mis cicatrices y mi palabra: suma mi ira al coraje de los amigos. Ojalá las aguas retomen su nivel, y que juicios desbocados no alboroten el avispero -aunque, si nos pican la memoria, al pan le llamemos pan y, al vino, por supuesto vino-. Me siento, estoy, en la isla y junto a ustedes, como siempre.
MAGALY MUGUERCIA (síntesis de dos mensajes):
Fuera de Cuba hay intelectuales revolucionarios que optaron por emigrar cuando no fue posible hacer público su pensamiento. Sutilmente se fue cerrando el acceso a las editoriales y a las aulas universitarias. También hay una generación de jóvenes profesionales que tienen ahora entre 30 a 40 años y se educaron en principios revolucionarios. Se fueron por razones económicas pero también por desilusión y hartos de ser obligados a la obsecuencia. Conozco a muchos, porque es la generación de mis hijos. Son gente pensante y culta. Pero estamos dispersos por el mundo. Si fuéramos convocados, si alguien nos convocara a regresar a Cuba, muchos regresaríamos a hacer valer el derecho de todo cubano revolucionario, en este momento, a pensar el futuro del país. [Es] momento de convocar a los que estamos fuera para que regresemos a pensar el país que queremos y a decirlo, porque es evidente que la convalecencia de Fidel está abriendo puertas indeseables. Esas puertas suelen abrirse hacia la represión interna del pensamiento y hacia la recepción externa de modelos seudo socialistas: capitalismo con estado represor.
AMIR VALLE:
En octubre del 2005 dije en la Feria de Frankfurt que desde hacía un par de años la intelectualidad cubana estaba observando un regreso sigiloso a los tristes años grises (que no fueron un quinquenio, bien se sabe ya). Un periodista preguntó: ¿y qué han hecho los intelectuales? Me hice un jubo para no responder esa pregunta porque la realidad arrastra hacia ese silencio al que se refiere Desiderio y que, en unos casos, es puro conformismo; en otros, puro miedo; y en unos cuantos, oportunismo de la peor clase y hasta complicidad. Hoy, por desgracia, y bien lo sabemos todos, hay unos cuantos Pavones operando en la cultura nacional.
Ojalá, como bien dice Arturo, este escandalillo trascienda, haga reflexionar y plantee un espacio abierto (y libre, sobre todo) donde se puedan esclarecer muchas cosas que han sucedido en nuestra Cultura (especialmente en la última década), cosas que, por cierto, no han tenido ni siquiera la debida reflexión intelectual por quienes debíamos hacerlo (y otra vez la reflexión y la crítica, cuando tuvo lugar, se hizo desde la sombra).
Espero que allí, en ese debate, dejemos de usar eufemismos, palabritas bonitas y frasecillas intelectualoides que complican la necesaria claridad y aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Muchas pruebas hay ya de que los llamados "errores" no fueron tales, pues respondieron a una estrategia de poder bien trazada para mantener a raya a una intelectualidad que, espero recordemos todos, tuvo un papel esencial en los más importantes movimientos revolucionarios del siglo XX y desde 1959 (a cocotazos) fue perdiendo su real protagonismo, incluso, a nivel de generación de un pensamiento social independiente y plural. Como espero llegue el momento de que no se intente librar de culpa, "pasar la mano", o "echar agua al dominó" a quien haya sido culpable de aquellos desastres y de muchos que se han cometido (y aún se cometen), y esa culpa, lo dejo bien claro, empieza en Fidel y llega hasta esos muchos Pavones que hoy conocemos. Eso, entre otras muchas razones que deben dilucidarse, hablando claro y sin medias tintas.
PEDRO PÉREZ SARDUY:
Un abrazo por la valentía y brillantez de la cual has hecho gala nuevamente. Apoyo tu mensaje, incondicionalmente 100% , pues yo fui uno de los que sufrió las consecuencias de ese período y del antes. (.) Me alegro, pues, de que hayas salido al paso por lo que pueda venir.
A propósito de las protestas de artistas e intelectuales cubanos por la reaparición de antiguos censores culturales en los medios de difusión masiva.
Por YASEF ANANDA , poeta y cineasta cubano. Tokyo, Japón
Para empezar, debo decir que me asombra y admira la desacostumbrada ebullición pública de mis colegas -artistas e intelectuales- y la fecunda asamblea, lamentablemente virtual, cuya impronta ha llegado hasta el lejano Tokio, donde actualmente me encuentro, bajo permiso temporal de viaje emitido por la Unión de Artistas y Escritores de Cuba. Los más jóvenes, es decir, los que tenemos ahora alrededor de 30 años y trabajamos desde hace apenas una década en el “sector de la cultura”, hemos estado siempre seducidos a comprender, admirar y hasta seguir el ejemplo de la sabiduría “histórica” de los artistas e intelectuales cubanos maduros, sabiduría que siempre ha estado constituida por el recogimiento, el estoicismo callado y la convicción de que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista: los funcionarios mueren, pero el arte es inmortal.
Una actitud, en cierto modo, inclinada hacia lo metafísico y contemplativo. Motivada, especulo, por una devoción superlativa hacia aquella máxima orientalista, de claro paralelo cristiano, que expresa: “¿si castigo con mal, el mal que me has hecho, donde está la diferencia entre tú y yo? y que, dicho sea de paso, intercala una advertencia-estribillo hacia sus colegas castigados: “defiéndete tú y déjame a mi, que yo me defiendo como pueda”. Y así, la lección se ha transmitido por décadas, hasta llegar a mi generación... y la verdad que funciona y resuelve cantidad, pero no funda. Es, como dijera el extinto limpiabotas de mi barrio sobre el dormir una siesta hasta entrada la noche, comida para hoy y hambre para mañana. Cuando evaluamos la influencia real de los intelectuales maduros dentro la sociedad cubana (no la influencia dentro del gremio, cuyas revistas publican osadas opiniones críticas, que jamás mi abuela ni mis vecinos “de a pie” han leído ni leerán, por tanto no pueden fundarse una actitud influida por esos textos ni desarrollar acciones reales consecuentes) la influencia podría calificarse de insuficiente o desaliñada.
¿De quién es la responsabilidad? ¿De las instituciones y funcionarios que niegan los espacios de confluencia social o del gremio que acepta esta negativa como una condición sine qua non y utilizando la “inteligencia representativa” se repliega hacia otras alternativas de resistencia ondeando “el derecho al pataleo del ahorcado” dentro y fuera de la Isla ? ¿De quién es la responsabilidad? ¿De las instituciones y funcionarios o de los artistas-diputados (la elite), que desde su asiento en la Asamblea Nacional del Poder Popular, deberían ser legítimos defensores de los intereses de los artistas e intelectuales cubanos y de sus aspiraciones más auténticas favoreciendo el debate sobre los instrumentos jurídicos apropiados para asegurar el libre desenvolvimiento de los intelectuales en la sociedad real y evitar que los “excesos de entusiasmo” de los años 70 se repitan y nuestros derechos se respeten? ¿A ellos, a esa elite -incuestionable como la casa real japonesa- alguna vez se le ha cuestionado, públicamente y desde el gremio, su rol balbuciente en eventos difíciles como los fusilamientos más recientes, los encarcelamientos, la aprobación de las leyes mordazas, la calidad y orientación de la educación actual y la omisión de someter a revisión constitucional tantas barbaridades históricas y presentes, entre otros temas urgentes... o se ha optado por entender que ellos, es decir, nosotros en ellos representados, forman parte del status quo y por lo tanto, un artista-diputado deja de ser un artista o un intelectual cuando entra a la Asamblea Nacional para convertirse en una abstracción conceptual municipal o provincial que no arroja sombra propia y que resulta un pasatiempo democrático, como acceder a jugar el dominó cada domingo “unos minutos” para hacer feliz a tus compañeritos de la primaria?
Considero que quienes leen estas líneas sabe de lo que estoy hablando. Ellos –que nos representan ante la Asamblea Nacional- y nosotros –los artistas e intelectuales- somos los principales responsables de que personajes como Pavón regresen triunfales a la pequeña pantalla, después del acoso y la ignominia perpetrados. Es nuestra desmemoria representativa que no toma cuerpo en acciones reales, que se satisface con una cuartilla pulcramente escrita o una botellita de ron para recordar viejos tiempos, afortunadamente superados (ya que al menos tenemos un parque que se llama John Lennon) reside nuestra debilidad para instrumentar – con todos los riesgos que conlleva la fundación de una actitud sostenida en el tiempo- un espacio de respeto dentro de la sociedad civil, donde el papel del intelectual no sea únicamente orientado hacia la misión del soldado que salvaguarda las conquistas de la Revolución. Debe y tiene que haber espacio para más.
El linaje del funcionario de línea dura, avalado por el Estado e investido de plenos poderes para la ejecución de criterios malsanos y políticas agresivas “por sus cojones”, dirigiendo sin el apoyo mayoritario, es un personaje típico en la historia reciente de nuestra isla como el taxista que nunca va para donde necesitamos o el corredor de permutas. De tan cotidiano se nos ha vuelto “familiar” e “inofensivo”. Grave error. Esto ha sucedido por más de 40 años en nuestro sistema social de nuevo tipo, donde este jefecillo ha pretendido actuar siempre a favor de la dictadura del proletariado, que no es otra cosa que la mano del Gobierno en el hombro del funcionario confiable (al cual después defenestra y acusa de antigubernamental, para asombro de los parroquianos afectados). Pavón no es el agua pasada de los años 70 que ahora viene a relucir en la tele como un diploma por su actitud destacada. Cada generación, posterior a Pavón, ha tenido que lidiar con sus “jefecillos cojonudos” que ella misma ha alimentado, y una vez en el poder han instrumentado la censura con el objetivo de eliminar la diferencia y las individualidades, acallar la crítica y aconsejar la adquisición de la “invisibilidad conveniente” para el pan ganar y, de paso, la bicicleta china cuya marca es Forever.
También cada generación ha tenido que lidiar con los gendarmes que han puesto a estos jefecillos en esos cargos y que incluso los han mantenido, a pesar de las críticas y los “aldabonazos”. Esos que no se ven, pero están, también son responsables y deben ser denunciados junto con Pavón y otras caras visibles de la censura cultural. En los años 90 también mi generación los padeció en la Facultad de cine del ISA, gobernada por los “cojones” de Jesús Cabrera, que lógicamente es recordado por la audiencia nacional por su serial cuyo título no tiene comentario: “En silencio ha tenido que ser”... pero cabe recordar que Cabrera no es un ente aislado. Por encima de él, en orden de mando, estaban el Rector del ISA y el Ministro de Cultura. Porque todos estos “jefecillos cojonudos” tienen un modo común de operar: una oportunista frase de nuestro querido comandante en Jefe Fidel Castro en los labios y el cabo del revólver que se les sale por debajo de la guayabera. Cabe preguntarse ¿Quién le entregó ese revólver? ¿Quién se lo quita?
Por años el antídoto contra la ignorancia, el desprecio y el maltrato hacia los artistas fue el estoicismo callado – una versión orgullosa de la cobardía tropical del que lee en francés y conoce el rito órfico- por parte del gremio, salvo contadas voces de rápida extinción y poca adhesión. Creo que este salpullido histórico nos viene bien a todos: a los que sufrieron al Pavón real, televisivo, y para quienes el concepto “Pavón” tiene otros nombres y otros rostros, igualmente aborrecibles. Incluso nos viene bien para sacar el espejito redentor y atisbar – más temprano que tarde- al Pavón que hay o puede haber latente detrás de nuestra sagrada convicción martiana: con todos y para el bien de todos, en los actos personales de cada día.
Y a estas alturas, me pregunto: ¿Por qué después de tantos años sigue la historia oficial favoreciendo a los “jefecillos cojonudos” en la televisión nacional y en otros medios? ¿Es acaso que no hay respeto por los intelectuales y artistas? ¿Es acaso que no temen de lo que somos capaces de hacer? ¿Es que nos tienen, como se decía en mi escuela secundaria “cogida la baja”? ¿O es que, en el fondo, somos –apelando al argot de la calle cuando se refieren a las mujeres que se les puede hacer cualquier cosa- “unos punticos ricos que no damos bateo”?
La aparición de Pavón en televisión, considero que nos viene a despertar de la retórica, de la queja crónica y de la protesta erudita en revistas que nadie lee y en círculos signados por el “yo sé que tú sabes que yo sé” para clarificar actitudes precisas contra las esporas del pasado y los virus del presente, ampliando el radio de acción.
Propongo:
1. Que los artistas e intelectuales que se adhieren a la protesta contra la reaparición de los censores culturales en la TV nacional, se abstengan de participar en programas de la radio y la televisión cubanas hasta que el ICRT no ofrezca unas disculpas formales, a través de sus medios, incluyendo el noticiero nacional de radio y el noticiero nacional de televisión, en su emisión estelar.
2. Que los artistas e intelectuales que se adhieren a la protesta contra la reaparición de los censores culturales en la TV nacional convoquen a los artistas-diputados para que, a través de ellos, se presente una queja formal contra el ICRT ante la Comisión que se encarga de la ética ciudadana en la Asamblea Nacional del Poder Popular.
3. Que los artistas e intelectuales que se adhieren a la protesta contra la reaparición de los censores culturales en la TV nacional convoquen a los artistas-diputados para que revisen las irregularidades constitucionales y arbitrariedades jurídicas que impiden el ejercicio democrático y pleno de las actividades del gremio en nuestra sociedad socialista y sus leyes vigentes.
4. Que los artistas e intelectuales que se adhieren a la protesta contra la reaparición de los censores culturales en la TV nacional establezcan una Comité para la memoria histórica, cuyo objetivo sea diversificar la historia oficial sobre “el quinquenio gris” y aportar pruebas sobre las arbitrariedades del período. Y que la información y los testimonios personales, una vez publicados, puedan ser de consulta pública.
5. Que los artistas e intelectuales afectados moralmente, psicológicamente o profesionalmente por la censura cultural que Pavón y otros censores se encargaron de liderar, presenten una acusación formal ante la justicia revolucionaria, solicitando se abra una causa en contra de ellos.
6. Que los artistas e intelectuales que se adhieren a la protesta contra la reaparición de los censores culturales en la TV nacional no dejen de hacer NUNCA el arte que consideren más comprometido con sus propias ideas.
P.D: Y personalmente y en buen cubano, propongo cagarnos en la madre de todos los pavones y pavoncitos.
Revolucionariamente,
Yasef Ananda.