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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Las tres grandes traiciones del castrismo

 

Pedro Campos, en Havana Times

 

En sus casi 60 años en el poder, el castrismo ha traicionado tres grandes ideales paradigmáticos por los que han luchado mayorías del pueblo cubano: la democracia, la independencia nacional y el socialismo.

 

El golpe de estado de 1952 interrumpió la vida institucional que regía la Constitución del 40. Cuando la diversa oposición que generó trataba de buscar una salida negociada de Batista del poder, incluida la convocatoria a elecciones, un ambicioso líder juvenil del partido Ortodoxo, con varios seguidores, asalta la segunda fortaleza militar en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. Aunque frustrado, el ataque logró agudizar las contradicciones políticas, encauzar la lucha contra Batista por la vía violenta y proyectar un nuevo liderazgo “radical, revolucionario”. 

 

Fue el nacimiento del castrismo, caracterizado por la violencia y la división de la sociedad cubana para ejercer  el control sobre esta, componentes permanentes de su estrategia de dominación.

 

La traición a la democracia

 

La lucha contra la dictadura batistiana, por restablecer la Constitución democrática de 1940 y el ritmo institucional, fue generando apoyo popular masivo en las fuerzas opositoras hasta lograr la huida del tirano. El triunfo de todas las fuerzas populares en 1959 fue capitalizado por el líder que encabezó el Asalto al Moncada y las guerrillas en la Sierra Maestra.

 

Luego de reiterar que el objetivo de la Revolución era la restauración de la democracia en Cuba, Fidel y su grupo coparon el poder, desplazaron al gobierno provisional, no restablecieron la Constitución del 40 y suspendieron hasta hoy día la realización de elecciones democráticas, para dar cabida a las “transformaciones revolucionarias, la igualdad y la justicia social”, el proyecto populista-estatal-caudillista que los mantuvieran indefinidamente en el poder.

 

Así, en el mismo 1959 se consumó la primera gran traición al objetivo democrático de aquel proceso popular. Como consecuencia, se desató una guerra civil que incluyó la invasión de Bahía de Cochinos y de nuevo la guerra de guerrillas en las montañas, especialmente en El Escambray, que se saldó con varios miles de muertos, más de cien mil presos, buena parte con largas penas y el exilio de alrededor de un millón de cubanos.

 

La traición a la independencia nacional

 

Un gran anhelo de los cubanos fue siempre consolidar el proceso de independencia nacional iniciado con la República en 1902. La Enmienda Platt, las intervenciones y “mediaciones” de EE.UU. en los primeros 30 años de República y sus estrechos vínculos con los gobiernos  corruptos posteriores  a 1940, habían sido convenientemente explotados por los revanchistas españoles y la Internacional Comunista estalinista, al socaire de la Guerra Fría, para enfrentar a Cuba con su vecino del Norte.

 

Cuando cae Batista eran profusos los lazos comerciales con EE.UU. y una parte no mayoritaria de la economía cubana estaba en manos de compañías de ese país. Las críticas a los excesos de los guerrilleros en el poder y a la resistencia de Fidel a restablecer la democracia, junto a las estatizaciones de grandes extensiones de tierras de compañías estadounidenses en 1959 y de sus propiedades industriales en 1960, generaron el agudo enfrentamiento con el régimen de los hermanos Castro, que no ha terminado hasta nuestros días. Todo, mediando por la explosión del vapor La Coubre, Girón, el apoyo estadounidense a la oposición, la Crisis de Octubre de 1962 y los intentos castristas de exportar su “socialismo” y desestabilizar la democracia en América Latina.

 

Escenario justificativo del “antimperialismo” siempre contra EE.UU. que solo podía concebirse a partir del estrechamiento de relaciones con la URSS, su enemigo principal en la Guerra Fría. Eso llevó a un nivel de dependencia económica, política y militar que jamás existió en la época republicana. El establecimiento de bases militares y de inteligencia rusas en Cuba y las votaciones en los organismos internacionales con el bloque soviético convirtieron a Cuba en un país ruso más. Hubo diferencias tácticas en cuanto a métodos de lucha, pero el objetivo común era expandir “el socialismo y derrotar  al imperialismo”.

 

El  régimen estatal-socialista y su dependencia de la URSS, garantizaron la consolidación del castrismo y la consecuente pérdida de la soberanía del pueblo cubano, secuestrada por Fidel y su grupo, así como la subordinación del Gobierno cubano a los intereses generales de la URSS y de la Guerra Fría. Ni soberanía popular, ni independencia nacional.

 

Con la caída de la URSS desaparecieron los subsidios, el petróleo ruso y toda la ayuda en alimentos, transporte, maquinaria y armamentos. La economía castrista se desplomó. La dependencia del mercado y la ayuda externa y la incapacidad productiva del sistema, obligó a buscar otros patrocinadores.

 

La traición al socialismo

 

El 16 de abril de 1961, ante miles de milicianos, en las esquina de 23 y 12, en La Habana, Fidel Castro proclamó el carácter “socialista de la Revolución Cubana”. Fue un acto demagógico encaminado a granjearse el respaldo de los trabajadores cubanos y conseguir el apoyo abierto de la URSS y los demás países “socialistas”, ante la invasión que se esperaba y el grave enfrentamiento que ya vivía con la gran potencia del Norte.

 

Al adoptar oportunistamente los principios del “marxismo-leninismo y la dictadura del proletariado”, con su estado totalitario impositivo y concentrador de las decisiones y la propiedad explotada en forma asalariada, el castrismo estableció una especie de capitalismo monopolista de estado, por conveniencia del poder instaurado, en detrimento de los intereses de los trabajadores y el pueblo.

 

Martí, lo previó: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados  (1)”.  Y también, las consecuencias del estatal-socialismo: “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios” (2).

 

Y como todo el “comunismo” estatal-estalinista, que “comprometió la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla” -también había escrito allí Martí- el castrismo se apartó de las vertientes libertarias, autogestionarias, humanistas y democráticas originales del socialismo que promovían el papel protagónico de los trabajadores, la libertad y democracia plenas y el desarrollo del trabajo libre, privado o asociado, convirtiéndose en una vulgar dictadura más.

 

Cuando “estatizó” la propiedad privada grande, mediana y pequeña, nacional o extranjera, también intervino todos los negocios individuales, las cooperativas de producción o servicios, las clínicas mutuales, las escuelas de patronato, los centros de recreación de trabajadores asociados y hasta las cajas de retiro, los fondos y las propiedades de los sindicatos. 

 

Pero además obstaculizó siempre el desarrollo del trabajo libre, privado o asociado, independiente del estado, encarceló líderes sindicales, defensores de la autogestión y del control obrero y a partidarios del trabajo libre  asociado. Desde 1989 realiza una depuración secreta del PCC y el Gobierno, destituyendo, jubilando, cesanteando, persiguiendo, hostigando, reprimiendo, denostando y hasta encarcelando  a miles de cuadros, partidarios de un socialismo democrático.

 

Los trabajadores jamás fueron dueños  reales de las fábricas o empresas agrícolas y de servicios, continuaron siendo explotados asalariadamente, y a la peor manera primitiva del capitalismo salvaje, solo que, ahora, el dueño del capital no era privado, sino el Estado impersonal; ni nunca disfrutaron de la plena democracia que les hubiera permitido ejercer el poder político.

 

El castrismo no asumió el socialismo como la vía de la emancipación social, como la democracia política y económica más plena, pero lo enunció y lo prometió. Fue una vil traición a los trabajadores y a los ideales socialistas.