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Cualesquiera que sean los
programas de los gobiernos, el estatismo consiste, inevitablemente, en
trasladar las cargas del sistema agonizante de los más fuertes a los
más débiles (.)El estatismo frena el desarrollo de la técnica, al
sostener a empresas no viables y al mantener capas sociales
parasitarias: en una palabra, es profundamente reaccionario. León
Trotsky - La revolución traicionada
José Guillermo Godoy
Frank Hahn, distinguido critico
del capitalismo del laissez- faire, alguna vez afirmó "la mayoría de
los marxistas no han leído nunca a Marx. Pero en realidad no podemos
culparlos".
En casi todos los debates
políticos propiciados durante la década pasada, el clamor más fuerte
provenía de los marxistas que criticaban la política de la Unión
Soviética y sus satélites. Esto no es el comunismo de Marx vociferaban.
Tienen razón por supuesto, en primer lugar Marx limitaba el comunismo
a los países que habían sido industrializados (aunque en las
postrimerías de su vida consideraba la posibilidad de una eventual
revolución en Rusia) Stalin tenia la difícil tarea de acelerar el
ingreso de la Rusia agraria a la era industrial. Conforme la propuesta
1 y 9 del manifiesto comunista Stalin obligó a los campesinos a
trabajar en las granjas colectivas y del Estado. Durante el invierno
de 1932-1933 dejó morir de hambre deliberadamente a millones de
campesinos para quebrar su resistencia especialmente en Ucrania. Antes
de Stalin, Lenín enfrentó dificultades políticas similares a tratar de
volver a moldear la mente rusa. Durante su gobierno la dictadura del
proletariado emergió como dictadura del partido una dictadura que
tardaría mucho tiempo en desaparecer.
La Cuba de Fidel es solo un
componente más a esta larga lista de chascos. Existen ciertas notas
que hacen que el gobierno cubano sea netamente contrario a varios
principios marxistas. El marxismo sostiene que la estructura burguesa
encuentra su justificación en la superestructura inmanentes de valores
y principios trasmitidos a través de las instituciones como la
educación creando un campo inconciente de dependencia hacia el Estado
y a las fuerzas dominantes. Vale decir que la concepción marxista
tiene una raigambre libertaria ya que insita a romper los canales de
dominación y alineación y es por eso que esta en contra, entre otras
cosas, de la educación burguesa y de la propia religión que acentuaba
el status quo. Por eso el sentido revolucionario de cambio del estado
de cosas es el pilar de la doctrina marxista.
Pues bien, la dictadura cubana
rompió en teoría los supuestos canales de dominación burguesa pero
creo otros más temibles y descaradamente más magnánimos. Castro
suprimió la educación privada y reunió todo el alumnado bajo la tutela
estatal en un proceso de extraordinaria homogenización pues los
contenidos educativos se imparten del poder central.
Marx se oponía a las
instituciones religiosas y a su contenido instructivo pues atentaba
contra la libertad individual, creaba estructura de dependencia,
incapacidad en la población de ver la realidad, de tomar conciencia de
ella y de ese modo se imposibilitaba su actuar. Fidel Castro reproduce
en Cuba, pero de una forma descocada y planificada, lo mismo que Marx
tanto criticaba a la sociedad de su tiempo. A los 7 años los niños
cubanos deben hacer el juramento comunista de forma obligatoria. El
comunismo se ha convertido en una religión, y forzosa. El juramento es
como el primer bautismo ¡Que diría Karl Marx de esto!
Marx vivió lo suficiente para ver
como algunos de sus partidarios exaltaban sus leyes elegían pulpitos y
administraban sacramentos. El anarquista Proudhon advirtió a Marx, de
la siguiente manera, el peligro de hacer de su teoría un catecismo:
“…después de haber abolido a
priori todos lo dogmatismos, no intentemos en modo alguno involucrar
otras clase de dogmas en la gente. Tengamos polémicas decentes y
sinceras. Pero por el solo hecho de que estamos a la cabeza de un
movimiento, no podemos erigirnos en conductores de una intolerancia,
no podemos aparecer como apóstoles de una nueva religión. Aun cuando
esta religión sea la religión de la lógica, la religión de la razón…”
En una oportunidad un marxista
ilustrado que había estado en Cuba ante la pregunta referida sobre que
piensan los cubanos de Fidel Castro contestó con delirante convicción
y tono altanero -¡hablan mejor de lo que habla un argentino de su
presidente!-
Digo, que pretender que un cubano
hable mal de Fidel Castro es como aspirar a que una persona que a
mamado el catolicismo desde su niñez y no conociera otra forma de
adoración, hable mal del Papa. Con esto no pretende aseverar que es
imposible ser partidario de Castro pues en argentina en un contexto de
autonomía de culto y libertad ideológica hay quienes adhieren a la
mencionada dictadura. Pero comparar lo que piensa un argentino de su
gobernante con lo que piensa un cubano del suyo y en base a eso
inferir cual es el mejor sistema político es un despropósito que roza
con lo absurdo. Pues como dije, los contextos sociales y políticos son
diferentes.
La superestructura montada por
Fidel Castro para justificar su dictadura es monstruosa y no deja
espacios de libertad pues las opciones de pensamiento diferentes están
fuera del alcance del individuo cubano logrando con esto que el sujeto
solo conozca y aprehenda lo que quiere Fidel. Los planes de estudios
obligatorios han sido instrumentados para el adoctrinamiento marxista
y han abordado la formación de las nuevas generaciones desde un
verdadero reduccionismo cosmovisional. ¿Esto es educación? ¿Esto es un
provecho social? Claro que no, es algo peor que el no tener educación.
De este modo es imposible que el ciudadano cubano conozca la realidad
y en términos marxistas, que tome conciencia de la situación eh
intente una forma de ruptura de la alineación. Por otro lado, la
imputación también es inadmisible por que los argentinos tenemos
libertad de propinar disímiles opiniones de nuestro presidente de
turno, al revés de los cubanos que cualquier crítica a Castro
significaría para ellos la cárcel o la muerte.
Es decir no hablan mal, pero si
pudieran…
Volviendo al tema anterior
sorprende positivamente que un ex tupamaro y actual diputado por el
MPP, Luís Rosadilla, se haya decidido a hablar sobre la realidad
cubana que acaba de conocer directamente, luego de su primer viaje a
la isla (hecho por su propia cuenta): sus declaraciones y búsqueda
revelan una valentía intelectual de la que carecen sus compañeros de
partido. Rosadilla miró con sus propios ojos, hizo a un lado esquemas
mentales dogmáticos y actitudes emocionales anexas y sólo se limitó a
relatar lo que vio: gente con salarios insuficientes y obligados a
trabajar en la informalidad para poder sustentarse, transporte escaso
y malo, taxistas que "intentan joderte", restaurantes que eluden
presentar la factura al cliente, una revolución que no ha producido un
sistema político de libertades abiertas como el que nosotros tenemos
("no lo voy a inventar yo porque todo el mundo lo sabe"), inexistencia
de la libertad de prensa, sólo hay órganos partidarios del partido
único, concebida en términos uruguayos.
Cuba es una dictadura ("pueden
pensar que soy un hereje"), el modelo cubano no es el que yo quiero,
Fidel está excluido de cualquier crítica, sea en forma explícita o
implícita. Finalmente, Rosadilla no vio por ningún lado al "hombre
nuevo" que pregonó el "Che" Guevara.
El ideario comunista de una
sociedad de iguales y sin privilegios se topa con una realidad
enmarañada de injustas desigualdades con un pueblo sin derechos y una
casta política privilegiada y opulenta. Castro, según la reconocida
revista Forbes, es el séptimo gobernante más rico del mundo. Su
fortuna personal asciende a los USD 900 millones.
Detrás del cubano quedaron las
reinas de Inglaterra y Holanda, con USD 500 millones y USD 270
millones respectivamente. El informe de la revista Forbes muestra cómo
el presidente se enriqueció extraordinariamente en los últimos tres
años. Aquí en Argentina, también hay muchos revolucionarios con
automóviles 4x4, enquistados mercenarios de la educación y millonarios
piqueteros que trabajan de pobres.
Como se advierte la doctrina de
igualdad entre gobernantes y gobernados esta lejos de concretarse en
el macrocosmos isleño. Los logros sociales se convierten en burda
propaganda trasmitida, entre otros medios, por su flamante panfleto
televisivo Tele sur.
En vez de departir y vociferar
tanto seria interesante que se ocupen del déficit habitacional de la
isla que supera ampliamente el millón de viviendas. La tasa de
divorcios es altísima (60%), y disminuye aceleradamente la tasa de
natalidad. Los supuestos avances cubanos en materia de salud solo
están al servicio de los extranjeros (que tienen dinero para pagarla),
no de los naturales. La deuda pública cubana ronda los 35 mil millones
de dólares sin contar la deuda en rublos convertibles contraída con la
URSS. El fracaso económico y social esta lejos de ser imputable al mal
emplazado bloqueo norteamericano (ver artículo ¿Qué bloqueo? Por Celso
Sarduy Agüero
http://www.atlas.)
La autocontradicción es propia de
esta apócrifa ideología. Durante los 90 Raúl Castro, hermano de Fidel,
fue el arquitecto de las pálidas medidas de apertura económica que
trajeron un respiro a la población, en medio de la gigantesca crisis
producida por el fin del subsidio soviético, luego de la caída del
Muro de Berlín. El sistema se hunde en el propio sistema y la
disyuntiva es saber si fracaso se debe al modelo o a su aplicación.
Por ahora la única igualdad
conseguida por Fidel es que todos los cubanos sean iguales de pobres.
El socialismo en la praxis es lo
más antisocial. Es un error pensar que Chávez nacionalizará o
socializará las empresas de electricidad y teléfonos, como
recientemente se anunció, por que en realidad las estatizara que no es
lo mismo. Estatizar significa en los hechos que el servicio, ahora en
manos privadas, pasará a pertenecer a otra empresa cuyo dueño es "nada
más ni nada menos" que Hugo Chávez. Es decir seguirá siendo privada.
Chávez declaró ser un Trotskista pero en la práctica se parece mucho a
un estalinista aunque un poco más simpático. Desde 1923 en la URSS, la
burocracia afirmó su hegemonía política en el Estado y el Partido: el
incontenible ascenso de Stalin, que se convertiría en verdadero culto
antes de que terminara la década, era el símbolo más superestructural
de un proceso contrarrevolucionario. Del mismo modo el régimen cubano
y a partir de ahora el nuevo régimen venezolano, se asemejan mucha a
un capitalismo de Estado, modelo que lleva el dudoso laudo de ser lo
más anticapitalista pero también lo más antisocialista que hay.
Andrés Romero en su enriquecedor
trabajo "Socialismo y el Estado" afirma:
"transición socialista debe ser
concebida y preparada como un proceso de revolución y construcción
consciente de los trabajadores y que, para ser tal, no puede estar
sometida a la tutela del Estado. Por el contrario, los trabajadores
deberán mantener bajo vigilancia y control al mismo Estado obrero,
hasta la virtual extinción de la necesidad de toda forma estatal"
El marxismo en sus bases ve el
devenir inexorable, tras la dictadura del proletariado, en el
anarquismo libertario, en cambio el "castrismo" conduce al Estado
hipertrofiado que es una nueva forma de carcelismo y servidumbre y un
desgraciado retroceso a una etapa mesiánica superada, según el propio
Marx, por el liberalismo. Si abolimos el fin del
Estado, como lo hace Fidel Castro y su discípulo venezolano, el
pensamiento de Marx ya no tiene sentido, porque entonces nada tiene
fin, todo dura y todo sobrevive indefinidamente, y la historicidad
desaparece no a causa de su fin sino a causa del estancamiento y de la
detención del tiempo. Como en Hegel.
Al mismo tiempo, la dictadura del
proletariado de la concepción marxista único medio eficaz para llegar
al anarquismo, se convierte en el castrismo en el imperio del Partido,
vale decir, de Fidel Castro. Marx aspiraba a la dictadura del
proletariado no a la dictadura de Fidel Castro.
Por ahora el fin teológico de los
neo comunistas parece ser el mismo que el de sus malogrados
antecesores debido a que es muy difícil esperar resultados distintos
del que lleva a cabo industrias similares. ¿Es el camino de Fidel y de
Chávez el mismo que emprendió Stalin contrariando los principios
marxistas? Por ahora pareciera que si: Dictadura del dictador, en vez
de dictadura del proletariado, fin teleológico Estatista, en vez de un
desenlace anarquista.
SOBRE EL
AUTOR: Presidente del CEIN-TUCUMAN |