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Fidel, lo que le falta por hacer
Por Raúl Álzaga Manresa
Me piden que escriba sobre Fidel porque pronto abandonará el reino de los vivos. Dudo en hacerlo… no por mi sino por la trascendencia del personaje. Muchos han escrito, unos a favor y otros en contra, qué podré aportar yo. Pienso y me lanzo al ruedo.
Yo tendría unos nueve años y serían las 4 ó 5 de la mañana del 1 de enero de 1959 cuando sonaba el timbre del teléfono de mi casa. Era mi abuela paterna para informar que Batista había abandonado el país. Ellos estaban cerca de los círculos de poder de la dictadura. Fue de esa misma abuela que escuché, terminado el discurso de Fidel el 8 de enero en el Regimiento de Columbia, hoy ciudad escolar José Martí, que “ese hombre no era de confiar, era peligroso”.
Su primer discurso recuerdo haberlo leído cuando el ciclón Flora en 1962. Yo vivía en Brasil y mi abuelo paterno, nos enviaba por correo recortes de periódicos del acontecer del país. Me impresionó en aquel discurso, cuando dijo algo así como que “La Revolución era más poderosa que la naturaleza y que vencerían los estragos del ciclón”. Esa actitud desafiante a lo imposible, descubriría yo, sería una característica de Fidel y por ende de la Revolución.
De esa lectura en adelante, cuando podía, que no era muy a menudo, leía o escuchaba sus discursos. Recuerdo que mi padre me decía que no lo escuchara mucho porque me podía confundir. Yo le rispostaba diciéndole que al enemigo había que escucharlo para poderlo combatir mejor. En parte mi padre tenía razón, no porque me fuera a confundir sino que con el tiempo, escuchando sus discursos y contrastándolo con el medio ambiente alrededor de uno, terminé convencido de que sus ideas eran justas y que representaban el reclamo de muchas gentes, de muchos pueblos, más allá del pueblo cubano.
Muchos de los que han conocido a Fidel y han escrito sobre él, incluso algunos de sus enemigos, reconocen su gran capacidad de persuasión, y de entusiasmar a la gente en proyectos que parecerían imposibles de realizar.
Mi segundo acercamiento a Fidel, sería por la vía de mi propia formación espiritual y académica. Hechos que fui descubriendo con el tiempo. Los dos fuimos formados por los Hermanos de La Salle, él en Santiago de Cuba y yo en el Vedado de la Habana. Él graduándose de escuela superior con los Jesuitas de Belén en la Habana y yo estudiando con los Jesuitas en Brasil y luego también en el Colegio de Belén de Miami. El siendo Congregante de la Agrupación Católica Universitaria, en los primeros meses de vida Universitaria en La Habana y yo miembro de la misma organización (A.C.U.) en Miami. Ambas dirigidas por el mismo Padre Llorente S.J.
Descubrí que teníamos cosas en común: disciplina, voluntad, espíritu de sacrificio, cuestionarlo todo, llegar a nuestras propias conclusiones y darle una función social a nuestras vidas. Esa eran las semillas sembradas por los hermanos de La Salle y los Jesuitas.
Me encontré físicamente con el personaje en enero de 1978, casi 20 años después que mi abuela anunciara la huida de Batista. Éramos un grupo de 55 jóvenes que viajábamos a Cuba por primera vez, después de haber salido con nuestros padres de Cuba. Al final de nuestro viaje él nos invitó a compartir por algunas horas y de ese encuentro surgieron cambios que afectarían a cientos de miles de personas. Después lo he saludado unas tres ocasiones, en reuniones con la emigración cubana y durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes en el verano de 1978 . Tengo la mala experiencia que aunque se sabe de su descomunal memoria para recordar datos, nombres, hechos, etc., etc., siempre que lo he saludado no parece asociarme con algo o con alguien. En mi caso suspendió la prueba de la memoria.
Cuando he leído a Martí, a Mella, a Guitera y su programa de La Joven Cuba, a Chibas y sus discursos, me percato que en los discursos de Fidel están recogidos muchos de los pensamientos y aspiraciones políticas de esos Revolucionarios que lo precedieron. Contrario a lo que sus detractores dicen que Fidel traicionó la Revolución etc., etc., Fidel ha sido un continuador fiel a toda esa tradición revolucionaria cubana. Fidel tiene un profundo conocimiento de la historia y la idiosincrasia del pueblo cubano. Esa y no otra ha sido una de las razones principales que explican su capacidad de convocatoria y liderato.
Ha sido un hombre eminentemente optimista y seguro de sí mismo. Sólo hay que recordar su historia. En el asalto al Moncada, cuando es arrestado por el teniente Pedro Sarria, negro y masón, que le preserva su vida y no se lo entrega a oficiales superiores que de seguro tenían la intención de asesinarlo antes de llegar a Santiago. De México sale en una embarcación (Granma) diseñada para no más de 10 personas, con 82 hombres armados, en condiciones difíciles de llegar a Cuba... Allí dijo, “Si salgo llego, si llego entro y si entro triunfo.” Días después su tropa es prácticamente aniquilada en Alegría de Pío y cuando logran reunirse una veintena de sobrevivientes, con algunos pocos rifles, dice “Ahora si ganaremos la guerra”.
De allá para acá se han suscitado innumerables situaciones difíciles para él y el pueblo cubano: Girón, La Crisis de Octubre, Camarioca, La Muerte del Ché, La Zafra de los 10 Millones, Angola, Mariel, Desaparición del Campo Socialista, Bloqueo, Atentados. etc., etc., Siempre he pensado que en cada ocasión difícil en que se ha tenido que enfrentar a estas situaciones ha recordado cuántos eran en la anterior crisis y que fuerza tenían al momento. En las primeras crisis eran cuatro gatos, después docenas, después cientos, miles hasta llegar a ser millones de hombres y mujeres. El optimismo y la confianza en el triunfo, tiene que ser mayor.
No se cuantos de ustedes continúan leyéndome. Sólo quisiera decirles que no vislumbro a que Fidel o a Castro, como le dicen sus adversarios, abandone pronto el Reino de los Vivos o para muchos el Reino del Infierno. Sospecho que aún le faltan nuevas victorias por alcanzar. Su recuperación física, el guiar el despegue económico del país en los próximos dos años y en asegurar la continuidad y desarrollo del modelo Revolucionario Cubano entre otras. Todavía no ha llegado la hora de la despedida.
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| SOBRE EL AUTOR: Raúl Alzaga es residente de Puerto Rico por los últimos 35 años. Ha formado parte de un grupo de cubanos que en 1974 fundaron la Revista Areito, y en 1977 La Brigada Antonio Maceo. Después, junto a Carlos Muniz Varela, formo la agencia de viajes Varadero en 1979. |