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Cuba: riesgos y esperanzas

     

A propósito de este nuevo 26 de julio

 

Por Manuel Alberto Ramy 

                                                    

Para la prensa, así como para muchos analistas, teóricos extranjeros y cubanólogos -- categoría por cierto rentable para algunos--, en Cuba prácticamente no está sucediendo nada; cuando más una simple operación de sustitución que, transitoria o no, carece de significado.

 

No pocos de los que así piensan escriben sus trabajos con picardía buscando las cosquillas a ver qué dicen, cómo responden las autoridades de mi país y tropiezan de lleno con personas que llevan en sus mochilas medio siglo de bregar con pícaros de mayor vuelo.

 

En la isla está ocurriendo algo más que un traspaso transitorio o no del poder, algo más que un simple relevo en la jefatura del gobierno, o una transición dentro de las propias esferas. Claro que todo comienza dentro de aquéllas, eso lo sabe perfectamente Fidel Castro, el líder histórico del proceso cubano, que bien apercibido de esa realidad está más allá de lo mero circunstancial e inevitable. Tanto Fidel como Raúl saben que se trata de un asalto más delicado y trascendental que aquel del cuartel Moncada en 1953: están preparando el transito del poder hacia una nueva generación y lógicamente quieren dejar la casa lo más ordenada posible dentro de la visión propia de su generación, pero con las ventanas abiertas a los nuevos vientos que traen los jóvenes que fueron formados precisamente por el propio proceso que han liderado. Y esto, que es un requerimiento inevitable, constituye el primer riesgo y también la nueva esperanza. 

 

Fidel Castro no está solo tomando pastillitas y escribiendo reflexiones, allá el que sea tan ingenuo. Estoy haciendo ahora lo que tengo que hacer, así más o menos dijo en una de sus reflexiones. Él es el de la visión estratégica global en la que se enmarcaran los necesarios cambios y sus límites, alguno de los cuales parece haber trazado en un reciente artículo sobre temas a propósito de la juventud. Fidel también significa el balance y equilibrio de las distintas fuerzas que al interior se mueven.

 

Raúl Castro no es un mero ejecutor, participa sin lugar a dudas en el trazado estratégico y a la vez en el trabajo como ingeniero a pie de obra. Inmensa tarea esta última ya que debe ir estrenando el nuevo estilo de trabajo dado que el heredero, como lo ha definido claramente, es el Partido y éste ha crecido con nuevas generaciones. No habrá liderazgo a lo Fidel, sino dirección de conjunto. Y ya lo está haciendo, no en balde un lúcido sacerdote e intelectual cubano, como Monseñor Carlos Manuel de Céspedes declaró a la magnífica periodista y amiga, Lucía López Coll, en un trabajo publicado por IPS, que un cambio de estilo ya implicaba un cambio. Para los marxistas la traducción sería fácil: forma y contenido constituyen una unidad dialéctica.

 

Si el lector es buen observador verá que en el último año cada vez que Raúl Castro, como presidente interino se ha reunido con visitantes extranjeros lo ha hecho en compañía de todos aquellos funcionarios, tanto del gobierno como del Partido, que tienen relación con el tema a tratar; incluso ha habido encuentros en los que hasta un jefe de departamento ha asistido. Funcionamiento en equipo, distribución de funciones, exigencia de responsabilidades; los ministros a administrar y a responder por una mayor racionalidad en los planes y metas. Llamo la atención del lector a que vea cómo los planes de construcciones de viviendas, que originalmente eran de cien mil cada año, en este es de unas 70 mil y a pesar del bajón, difícilmente será alcanzado.   

 

La esperanza

 

Más del 70% de la población cubana nació después del triunfo revolucionario de 1959 y una cifra importante dentro de aquella no conoció la mejor etapa del proceso, que fue a mediado de los años 80; solamente han vivido el Período Especial con sus penurias, dificultades y pérdida de valores. Pero ésta, no otra, es ya la  geografía humana del país, la población mayoritaria y también determinante, bien sea como productores de bienes y servicios o como dirigentes políticos y funcionarios del Estado. Se trata de una generación que ha recibido una educación con recursos y características del primer mundo; manejan las ciencias y las tecnologías de punta, son personas con una visión preparada para la complejidad de las realidades actuales, tanto domésticas como internacionales y abiertas al diálogo y especialmente muy racionales.

 

La generación que a mediano plazo accederá al poder es la que ha desarrollado en medio de dificultades inmensas las ciencias de punta del siglo 21: biotecnología y cibernética. Y a una generación con esta preparación no puede dársele respuestas simples a problemas complejos, cambiarles racionalidad por dogmas y apologética por información y análisis profundo.

 

Percibo que la nueva casa en preparación o el puente para el transito generacional que vienen disponiendo los fundadores del proceso cubano tiene en cuenta este factor, el de la juventud, que es clave. En qué me baso, preguntarán los lectores. La lectura de detalles es la ruta.

 

El primer elemento es el repetido llamado, tanto por Raúl como por Fidel a que los jóvenes debaten las ideas y dediquen mayor tiempo al estudio de la realidad internacional y nacional que a las labores productivas --llamado que no ha quedado en retórica; invito al lector que vuelva a mi Desde La Habana, Signos y señales de junio 21 de 2007. Esta insistencia en los jóvenes responde ante todo a que a esta generación emergente no se le debe (¿se podría?) dirigir con verticalidades, sino que hay que ir desde la perspectiva del diálogo, el razonamiento y la real participación. Los “úksases”  harían tanto daño al transito como el que está haciendo la corrupción y más, porque aniquilaría a los actores de la continuidad del proceso, que no es calco sino recreación novedosa en la que los nuevos están obligados a dejar su impronta. 

 

En los dos últimos períodos de la Asamblea Nacional la participación crítica de los delegados y la búsqueda de respuestas a problemas acuciantes y explicaciones a problemas pendientes, estuvieron a la orden del día, mucho más de lo que se ha divulgado. Ahí tiene otro elemento que veremos enriquecido como nunca antes cuando vengan los procesos de rendición de cuentas en las bases electorales.

 

Para mí es evidente --y esto es otro elemento--, que el Partido y el gobierno están teniendo una aproximación diferente a todo lo que tiene que ver con la juventud y con la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Insisto en mi ejemplo habitual: cada día, y hasta el momento, es más evidente la diferencia entre el periódico Granma, órgano del PCC, y Juventud Rebelde, de la UJC. Las informaciones, los trabajos de contenido, así como los de investigación, son disímiles, buscan el fondo de los problemas y están reflejando los propios de ese sector, que es el esencial. El nuevo estilo se está forjando donde debe, con prudencia, dirán unos, cierto, pero no reduciendo al marxismo como instrumento crítico de la sociedad capitalista exclusivamente, que ha sido lo habitual, sino también como crítico de nuestro quehacer porque ahí también vale.

 

Seguramente habrá lectores, especialmente de mi patio, que dirán que hay declaraciones y actitudes contradictorias, de avances y de freno. Cierto. ¿Pero alguien ha visto un proceso tan complejo, que no es de reversión sino de transito, relevo, y estreno de posibles novedades calculadas, que partiendo del propio vientre gestor se desarrolle de manera lineal? Busque en la historia. 

 

El riesgo

 

No vivimos la década de los 60 del pasado siglo donde los campos estaban bien definidos y las radicalizaciones generadas por el enfrentamiento borraban los matices -- quizás en aquellos tiempos no había espacio para ellos.

 

Hoy el enemigo es el mismo, pero la realidad nacional e internacional es más complicada, característica que precisa de claridad y firmeza en los principios, delicadezas en algunos abordajes y talento para distinguir entre los matices aquellos con los cuales se puede caminar un tramo del largo camino estratégico, que no es solo el de nuestra consolidación sino el del vinculo que ésta tiene con la realidad internacional que nos circunda y nos es más cercana geográficamente: Latinoamérica. Si bien nuestra Patria Grande ha sido más libre a partir de la revolución cubana, ésta tiene comprometida su plenitud con el proceso continental. 

 

El necesario estreno de novedades al interior, que abrirá mayores perspectivas al individuo, a la persona, al ciudadano, trae de la mano riesgos; el principal no es otro que la ingenuidad, pecado mortal para los revolucionarios. No hay otro antídoto que la formación, el trabajo en equipo, la participación responsable y efectiva, la discrepancia dentro de las opciones sin que por ellas se pague un precio.

 

Para aquellos que no quieran ver les regalo una meditación de mi abuela, que era una mujer excepcional y sabia. Decía que todo en la vida era como el flamboyan: primero las flores y después las vainas, pero que quien solo se quedara con esas dos realidades olvidaba la mayor: el árbol. Y eso es lo que muchos pierden de vista entreteniéndose entre vainas y flores.

 

Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de Radio Progreso Alternativa en La Habana, Cuba, y editor del semanario Progreso Weekly/Semanal