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Receta para fin de año especial en Cuba

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Estamos a finales de año. Nuevamente en esta isla parecemos ignorar las tan atractivas y arraigadas tradiciones de celebrar lo que alguna vez generó la Iglesia Católica, pero que todo el pueblo, fuere católico o no, disfrutaba.

Es una tradición el puerco asado el 24 de diciembre, lo que llamamos Nochebuena, o los regalos de Navidad, o las inacabables estas de año viejo-año nuevo, cuando muchos nos organizamos nuevos planes para el próximo período, nuevas metas, mientras nos hacemos promesas que casi nunca cumplimos.

Hoy en Cuba festejamos con mucho fervor revolucionario la llegada de un nuevo aniversario de la Revolución. Porque fervor y dignidad es tal vez, si acaso, lo que muchos van a llevar a la mesa el 31 de diciembre. Ni habar del 24, enjuagado con una botella de ron barato con la cual pretenderemos anestesiarnos.

Así que, nada de rebajas de precios de ningún tipo, nada de golosinas exóticas ni siquiera tradicionales, nada de aguinaldos, nada de arbolitos de navidad con una foto de Fidel Castro, que nos recuerde a Santa Claus. Nada de Champan o vinos elegantes ni baratos. Nada de regalos, nada de ambientes de festejos a no ser que usted sea uno de esos ya muy escasos hipercomunistas, quienes consideran que la llegada de nuestro Santa Castro al poder hace seis décadas fue algo bueno.

Pero el gobierno sí nos regala, no exactamente provisiones o dinero para celebrar, sino decretos como aquel donde se suspendían las navidades en los sesenta y ya no se importarían más golosinas de la Madre Patria, pues resultaban muy caras para nuestro presupuesto, destinado a causas superiores como la propaganda política socialista.

Hoy tenemos ya vigente el regalo del Decreto 349 con el cual se pretende esconder debajo de la alfombra la basura cultural nacional o las incómodas disidencias y la protesta no autorizada. Vamos a conocer una nueva Constitución que va a resolver todos los problemas de los políticos y funcionarios nacionales. También los trabajadores privados tendrán su agasajo de nuevas tarifas impositivas y unas cuentas fiscales de las que casi ninguno sabe nada. Solo que tendremos que colocar allí nuestro dinero, para que el gobierno lo manichée y lo controle.  

Es de admirar con cuánto celo las autoridades se han dedicado a eso de competir con el IRS estadounidense en materia de sacarle el dinero en efectivo al pueblo. Según ellos, por allá se entiende, porque son unos hp capitalistas, pero aquí, ¿por qué?

Incluso se piensa financiar a las nacientes atribuciones de las administraciones de los Municipios (según la nueva Carta Magna) con la mayoría de los impuestos que se recauden dentro de su jurisdicción. Así que, cuentapropistas, agárrense los pantalones y nunca den la espalda al enemigo. Están hoy suspendidas unas dos mil quinientas licencias operativas para los taxistas independientes con cacharros antediluvianos. Ninguno de estos son en los que se mueven los directivos del Ministerio del Transporte. A ninguno de estos funcionarios se le ha ocurrido la idea de proveerles coches modernos y ayudarlos con financiamientos. Esa sería una solución, pero estamos en Cuba donde nada es lógico, donde celebramos algo que no le importa a nadie e incluso ya en enero se va a las Plazas a demostrar cariño con las barrigas vacías y los zapatos rotos, pero con mucha dignidad, eso sí, aunque muchos nos preguntamos si a lo mejor, con abundante tomate con un poquito de picante y ajo podría pasar mejor por el gaznate y puede que hasta los niños les agrade si está bien cocinadita.

Ese es nuestro fin de año. Pique usted bien delgadita la dignidad y póngala a hervir a fuego lento en agua revolucionaria, sazónela con bastante orgullo, patriotismo y lealtad a los postulados fidelianos, pero se lo tiene que comer calentito y con tenedor para que no les haga daño. Verá qué bien le va el año que viene.