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¿Por qué no admite el régimen cubano la observación electoral?

Juan M Moreno, en Primavera Digital

Plaza, La Habana.- El régimen militar no autoriza a ninguna organización internacional que observe los procesos electorales. Hasta hace muy poco, el cumplimiento de las normas electorales solo era velado por la Comisión Nacional Electoral. Hace apenas dos procesos electorales se comenzó a utilizar estudiantes de derecho como observadores. Nada que aportar y muy poca sistematicidad trajo consigo esta idea. En primer lugar, los observadores lo hacen regidos por instituciones gubernamentales. En segundo, como máximo, participan de la observación electoral dos veces, si se toma en cuenta que la carrera de derecho en Cuba se vence en cinco años. Lo más importante, ¿a dónde van a parar las irregularidades detectadas? Pues al vacío, todo queda en casa, rectorado por el omnipresente Partido Comunista y sus instituciones satélites.

La observación electoral es un elemento serio que permite a los ciudadanos realizar denuncias, presentar sus inquietudes y sugerencias ante expertos, que transmiten a las autoridades electorales nacionales, los resultados de la observación de procesos electorales. Se informan incluso a nivel internacional sin violar la soberanía nacional de ningún estado. Es una garantía para los electores. No en vano existen numerosas organizaciones internacionales dedicadas a este tema.

Para quienes pretenden perpetuarse en el poder o perpetuar un sistema político no pasa de ser una mera herramienta en su contra. ¿Qué le impide al gobierno cubano autorizar la participación de instituciones internacionales durante el desarrollo del proceso electoral? Nada, al igual que en cualquier país, las autoridades solo deben velar por la misma ley que rige el proceso. ¿Qué injerencia en sus asuntos internos puede traer, cuando desde un inicio está determinado quienes serán los elegidos? Ya era conocido el resultado. De alguna manera, el mismo gobierno expuso sus fichas y cantó su jugada al visibilizar los mismos nombres, Miguel Díaz Canel Bermúdez, Mercedes López Acea, Esteban Lazo, José Ramón Machado Ventura y otros ya establecidos dentro del sistema. Al tener en cuenta la historia, sería entendible la negativa a que la OEA funja como un organismo de observación electoral en Cuba. Pero UNASUR, participa como observador en estos procesos, de países como Venezuela. Al igual que la Unión Europea, el pensamiento democrático podría llevarnos a que la CELAC, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se constituyera en un organismo de observación. Sería una organización regional de la que Cuba es miembro. No vemos el motivo por el cual podrían negarse a la entrada de expertos de esta organización, como una misión de observación electoral Internacional dentro del país.

De vuelta con las preguntas de por qué el ALBA que tanto defiende la democracia y la soberanía de los pueblos, no cuenta con un mecanismo de este tipo, sería bueno que lo tuviera. Entre los países miembros hay estados del Caribe que desarrollan elecciones democráticas, llevándolo al extremo, hasta en Venezuela se realizan elecciones “democráticas”. Chavismo aparte, más allá del empecinamiento, se trata de mantener un sistema cerrado. En algún momento contemos, cuantos países impiden la entrada de observadores electorales internacionales.

La contraparte

La sociedad civil independiente cubana hoy cuenta con organizaciones como la Comisión Cubana de Defensa Electoral (COCUDE) y ODE Observadores de Derechos Electorales. Por una cuestión de respeto a “su propia democracia”, el gobierno cubano o las autoridades electorales deberían recibir los informes que se entreguen por dichas organizaciones. Cualquier información que entreguen es verificable. Reconocidas o no oficialmente, estas organizaciones solo representan los intereses de la ciudadanía, no de quienes están en desacuerdo con el gobierno. Aceptar los informes resultantes de su observación, sería una contrapartida a la observación oficialista y aportaría más información. Por pura matemática, se abarcarían más colegios electorales.

Ya vimos cual ha sido el resultado, que no por esperado, resulta menos controversial. Unas “elecciones” sin monitoreo u observación que puedan validar el proceso como democrático o simplemente como aceptable sin participación popular. Por suerte para muchos, la “elección” Díaz Canel aunque imprecisa, desplazará la doctrina que en un tiempo llegó a ser, solo el apellido Castro.