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Por qué el secretismo de la prensa oficial

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Resulta llamativo y penoso que los medios nacionales consideren que se heriría la sensibilidad pública si dan a conocer todas las noticias e informaciones que poseen sobre la catástrofe aérea del pasado 18 de mayo que costó la vida de 111 personas.

El pueblo cubano, como todos los demás, tiene el derecho de estar informado y no depender de las decisiones al respecto de unos pocos burócratas. Pero esto ya no es nuevo. Es un proceder al que nos tienen acostumbrados por la eterna censura oficial de casi todo lo que se publica en esta nación.

¿Qué hay de aquello sobre necesidad de que nuestros medios de parecerse más a nosotros, para sentirnos parte y dueños, de comentar, informar, para generar claridad sobre qué sucedió, qué pudo haber salido mal.

Sería válido sacar moralejas, experiencias, conclusiones que puedan servir más adelante para no repetirlas. ¿Para qué ese ocultismo y silencio inconveniente e ilógico de los informativos nacionales y de nuestros periodistas poco interesados en su trabajo, según se siente?

No olvido que durante el éxodo masivo de 1994 escaparon de nuestras costas unos treinta y seis mil cubanos, casi todos en balsas rústicas y en cuanto pudieran echar mano que flotara. Nuestros medios no publicaron media palabra, ordenados a callar por Fidel Castro para no ofrecer una imagen inadecuada, para que no pudiéramos ver lo que sucedía, cuando las noticias al respecto salían diariamente en casi todas las primeras planas del planeta. Y esto es tan solo un ejemplo de los varios que podría citar.

Pero existe una diferencia abismal de entonces con la actualidad. En 1994 nadie contaba con teléfonos móviles con cámaras de videos como ahora y no muchos pudimos filmar lo que sucedía y subirlo a la naciente Internet.

En cualquiera otro país, los periodistas hoy estarían buscando intensamente cada detalle en todos los posibles testigos de la tragedia aérea. Hubieran aparecido cambiantes testimonios que serían publicados, certeros o no verídicos, eso no es lo importante. Al final, se llega a un consenso con los datos que uno lee y los resultados oficiales que pueden llegar meses después, cuando ya a pocos les importe saber. Así son las noticias en todas partes del planeta, pero no en Cuba.

Resulta poco profesional el evitar buscar y poner al aire todas las informaciones de todo tipo que aparezcan, en especial las visuales, como han hecho nuestros medios casi totalmente silenciados, autocensurados sobre lo que ocurrió, porque nos llegan por otras vías alternativas.

El pueblo tiene derecho a informarse sobre el acontecer diario aunque este sea muy malo, violento, descorazonante y negativo, o no provenga de las fuentes estrictamente oficiales, para no quedar preguntándonos qué sucedió.

¿Para qué sirve una prensa que no informa cuando todos esperamos detalles, cualesquiera que estos sean, o que reportan tan solo lo que les conviene o presumen como adecuado los decisores?

En la memoria de mi laptop archivo decenas de tomas cortas de los segundos inmediatos a la caída del avión, los cuerpos destrozados, el fuego intermitente, las personas arribando anonadadas, los socorristas, los bomberos, el caos, todo. Decenas de otros reporteros, quiérase llamarlos así o no, estuvieron en la escena y lo grabaron para subirlo sin censuras ni ediciones en cuanto pudieron a Internet por una razón u otra.

Es tonto que los medios oficiales les den la espalda a los hechos y nos priven de las informaciones, así como de los muchísimos detalles y anécdotas de quienes presenciaron los hechos.

Hacer periodismo no es callarse por razones mojigatas y excusas que no convencen a nadie, más hoy cuando nos llega un buen volumen de noticias por otras vías contrastantes, en especial imágenes, que los censores no pueden controlar.

Querían tapar el sol con un dedo, pero se ha comprobado que no se puede.