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Ni tan revolucionarios ni tan fidelistas

Los millones de electores registrados en el padrón electoral acuden como autómatas a las urnas, por puro fastidio o por temor

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El recién pasado domingo, 27 de noviembre de 2017, tuvo lugar la jornada del “máximo ejercicio de la democracia cubana”, a saber, las votaciones para seleccionar, entre los candidatos propuestos por las masas en cada circunscripción del país, a aquellos que resultarían seleccionada para tramitar las frustraciones de sus respectivos “electores” durante los siguientes dos años y medio.

Probablemente para el común de los cubanos se trataba del rito cíclico habitual, en virtud del cual millones de electores registrados en el padrón electoral acuden como autómatas a las urnas, una gran parte de ellos por puro fastidio o por temor a señalarse como las ovejas negras del rebaño.

Sin embargo, en realidad esta vez la eterna pantomima venía matizada por dos signos muy particulares: son las primeras elecciones que se celebran tras la muerte de Fidel Castro -precisamente un día después de cumplirse el primer año de su deceso-, y constituyen el inicio de un proceso que continuará con la elección del nuevo Parlamento, sufragio a celebrarse entre los meses de diciembre y enero, cuyos miembros a su vez tendrán la misión de elegir al próximo presidente del gobierno cubano (de una candidatura previamente aprobada por el actual gobierno), según está pautado en la ley electoral vigente (Ley 72, del año 1992). Un Presidente que, probablemente, no sea un descendiente del tronco Castro Ruz, no haya ido al Moncada, no sido expedicionario del yate Granma, no haya “tirado tiros” en la Sierra Maestra ni haya mandado a fusilar a nadie. Hay que admitir que el hecho no deja de ser interesante.

Otro dato sugestivo ha sido el curioso manejo de los datos oficiales por parte de la Comisión Electoral Nacional (CEN) tras el cierre de todos los colegios electorales. En la prolongada emisión estelar del noticiero nacional de televisión (NTV), que se transmite a las 8:00 pm., la Presidenta del CEN, Alina Balseiro, explicó que aún no se habían compilado todos los datos a nivel nacional y que los “resultados preliminares” se darían a conocer en conferencia de prensa a las 3:00 pm. de este lunes 27 de noviembre.

Igualmente informó que hasta las 5 de la tarde del propio día -apenas una hora antes del cierre oficial de los colegios- se había registrado una asistencia a las urnas del 82, 05 % de los electores registrados. Una cifra “muy preliminar”, pero alarmantemente baja para los habituales estándares cubanos, y que Balseiro justificó “debido a las lluvias que han estado afectando fundamentalmente las regiones oriental y central del país”, que habían afectado la asistencia a las urnas, razón por la cual la CEN había decidido que un grupo de colegios extendieran el horario de cierre hasta las 7:00 pm.

La referida conferencia de prensa tuvo lugar, en efecto. Solo que se desarrolló a puertas cerradas, a espaldas del propio pueblo que había protagonizado la víspera lo que el triunfalismo de la prensa gubernamental calificara como “una jornada electoral de éxito”, un “formidable tributo” al líder histórico en el primer aniversario de su partida, y “una demostración de la unidad del pueblo” en torno a su revolución.

No fue sino hasta la emisión estelar del NTV del propio lunes (27 de noviembre) cuando finalmente la Presidenta de la CEN, en entrevista concedida a la periodista Thalía González, nos dejó saber “los resultados preliminares” de la jornada electoral del domingo, según los cuales 7 millones 608 mil 404 cubanos asistieron a las urnas, para un 85,9% del total del padrón electoral.

Eso significa que el 14,1 % del electorado no acudió a votar “Por Cuba y por Fidel”, pese a la intensa campaña que ha cundido en los medios en las semanas preliminares y a contrapelo de las presiones que se ejercieron sobre los electores en numerosos colegios -al menos en la capital- desde horas tempranas, para que concurrieran a las urnas.

A ese 14,1 % habría que sumar el 4,12% que dejó su boleta en blanco y el 4,07% que anuló las suyas, para un 22,29% de electores que no se alineó al llamamiento “por la revolución”; es decir, un elevado número de no revolucionarios. Y es sabido que en Cuba toda abstención equivale a negación, ergo, poco más del 22% de los electores cubanos han rechazado de alguna manera la pretendida fidelidad al sistema político.

No obstante, Alina Balseiro, cuyo rostro acusaba un profundo cansancio, afirmó ante la opinión pública nacional que “estos resultados son superiores a los alcanzados en las elecciones de 2015”. Aseguró que no solo hubo una mayor asistencia a las urnas, sino también “una mayor calidad en los votos”; y que la participación decisiva del pueblo, que hizo posible este triunfo electoral, tuvo sus mejores resultados en las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo, Las Tunas, Granma y Sancti Spíritus… Precisamente las que el día anterior había señalado como “las más afectadas por las lluvias” y en las que había dificultades con la asistencia a las urnas.

Pero la mentira tiene las piernas cortas. Basta un breve repaso a las propias cifras oficiales de comicios celebrados en años anteriores para constatar la falsedad de tales afirmaciones triunfalistas, así como la tendencia marcadamente decreciente de asistencia a las urnas por los cubanos: de un 95,8% en 2010, pasó a un 91,9% en 2012 y a un sorprendente 88,30% en 2015, donde por primera vez se marcó el descenso por debajo del 90%.

Tal tendencia, sin dudas, ha sembrado preocupación en las autoridades. Máxime cuando la cifra de asistencia de los comicios recién celebrados, lejos de responder a la convocatoria de una cita con la memoria del Difunto en Jefe y su “legado”, ha disminuido prácticamente en tres puntos porcentuales en comparación con los anteriores.

Habrá que esperar a los próximos días, cuando a las autoridades se les pase el sofoco y la presidenta de la CEN haya descansado lo suficiente y, por tanto, haya logrado el milagro de acotejar convenientemente sus datos, para conocer las cifras definitivas de estos controversiales comicios.

Por el momento, todo parece indicar que la desesperanza, la pobreza, la falta de expectativas y los constantes tropiezos y retrocesos de la “administración Castro” le están pasando la cuenta a la inmaculada imagen de Cuba como “un pueblo socialista, fiel a la revolución y a Fidel” que el General y su corte quieren venderle al mundo. La moraleja: si los señores del Poder aspiran a mejores resultados electorales en el futuro inmediato, tendrán que ofrecer a los cubanos algo más que consignas, difuntos o las biografías políticamente correctas de “los representantes del pueblo”.