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El poder en Cuba: una red tejida por los Castro (I y II)

Quiénes forman parte de ese sistema solar, donde el anciano dictador es el centro

Ulises Fernández, en Cubanet

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LA HABANA, Cuba.- A pesar de que las estructuras de poder en Cuba, atendiendo a cómo fueron establecidas en la constitución vigente, pudieran parecer muy claras, el funcionamiento y rol de los actores políticos es un verdadero enigma tanto fuera como dentro de Cuba.

Como en todo sistema político, al interior hay relaciones de influencia que determinan un esquema de poder real muy diferente al que pudiéramos considerar como “nominal”, más que artificial.

El secretismo, debido a la falta de una ley de transparencia y acceso a la información, vuelve demasiado complejo que se pueda saber qué tanta influencia en el poder central tiene cada sujeto. Además, provoca que se incrementen los transcendidos, rumores y chismes sobre la presencia de un número significativo de miembros del círculo familiar de Raúl Castro en las principales empresas, instituciones gubernamentales y organismos de la administración central del Estado, sin realmente ofrecernos información sustancial.

Situados los principales componentes del poder en Cuba en un modelo similar al de nuestro sistema solar, donde Raúl Castro es el centro, alrededor del cual gravitan los demás actores políticos, recibiendo de este mayor o menor grado de influencia y, por tanto, poder de control, decisión y ejecución, el resultado es totalmente diferente y quizás mucho más complejo.

A pesar de la ausencia de información por parte de las instituciones y manteniendo la sana distancia de lo que se conoce, es posible determinar lo que pudiéramos describir como una escala de poder cuyo valor máximo es el mandatario cubano mientras el mínimo serían aquellas personas sin ningún tipo de oportunidad esencial para transformar esa armazón, es decir, los cubanos de a pie que no están organizados.

De las jerarquías nominales y las jerarquías reales

Bastaría con atender, en principio, a cómo tanto la prensa oficial como los comunicados emitidos por el gobierno cubano han establecido jerarquías a las cuales se subordinan aquellas reconocidas por la Carta Magna o ya señaladas mediante resoluciones y leyes por el aparato de administración político-económico.

Un ejemplo de esto pudiera ser el tratamiento dado en la prensa oficialista y en los comunicados oficiales a Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, una figura que en los últimos años ha ido ascendiendo en la escala de poder hasta situarse en el mismo centro.

Si antes de 2005 apenas era mencionado en los medios de prensa, con excepción de Cubadebate, donde colaboraba regularmente con artículos de análisis y era presentado como “Doctor en Ciencias Políticas e investigador social”, también como “Ingeniero”, “máster en Relaciones Internacionales e investigador en temas vinculados a la Defensa y Seguridad Nacional”, ya para marzo del 2015 sus “credenciales”, en blogs oficialistas y páginas digitales administradas por el gobierno, como Cuba Información.tv, lo presentan como “hijo de Raúl Castro y Vilma Espín” y se dice de él que “colabora en tareas de gobierno en la compleja misión de seguir desarrollando la Revolución cubana en medio de una aguda crisis internacional”.

Sin embargo, hasta ese momento ningún medio le adjudicaba una función dentro del aparato de gobierno que no sea otra que “colaborador”.

No será hasta un mes después, el 11 de abril de 2015, que un comunicado del MINREX anuncia que Alejandro Castro Espín había acompañado al canciller Bruno Rodríguez Parrilla a la VII Cumbre de las Américas, como “miembro de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional”, y solo seis meses después, el propio MINREX es quien por vez primera, de manera pública, lo nombra como “asesor para asuntos de Seguridad Nacional”, según se refleja en la nota del 29 de septiembre de 2015, que informa sobre el encuentro de Barack Obama y Raúl Castro en Nueva York.

Si su peso en el manejo de las conversaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos sorprendió a algunos, no solo por su abrupta aparición en la escena de la alta política sino, además, por el protagonismo que le restaba al canciller cubano que, según la nota emitida por el propio MINREX, necesitaba del auxilio de un “asesor” en temas de seguridad nacional, basta con recordar que tal asesoría por parte de un militar perteneciente al círculo familiar de Raúl Castro no es algo nuevo en el esquema de poder cubano.

Con anterioridad, como han confirmado fuentes vinculadas a la oficina del ministro de Relaciones Exteriores, tal papel de “asesor” de la Cancillería hubo de corresponderle al recientemente fallecido general Guillermo Rodríguez del Pozo, emparentado con Raúl Castro por ser el padre de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas y, por ende, abuelo paterno de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, actual jefe de la Dirección General de Seguridad Personal, en sustitución del General Humberto Omar Francis Pardo (nombrado por Fidel Castro), y principal escolta del mandatario cubano.

Remover hasta los cimientos

Es válido recordar que una de las primeras decisiones tomadas por Raúl Castro, recién sustituyera oficialmente a su hermano enfermo, fue desintegrar toda la estructura de poder recibida en herencia.

En marzo de 2009, Raúl Castro no solo destituye a todos los posibles sucesores que había adiestrado Fidel Castro, entre ellos el vicepresidente Carlos Lage Dávila, sino, además, al canciller Felipe Pérez Roque quien es sustituido inmediatamente por Bruno Rodríguez Parrilla, proveniente de una familia muy cercana a los Castro desde los inicios de la revolución.

El actual canciller cubano es hijo de José María Rodríguez (que ocupara diversos cargos en el gobierno como Director de la Oficina de la Propiedad Industrial), sobrino de Carlos Rafael Rodríguez (vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros hasta 1997) y primo de Dania Rodríguez García-Buchaca, esposa del fallecido General Julio Casas Regueiro, quien fuera designado por Raúl Castro como su sucesor frente al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).  En esta decisión tuvo un peso fundamental el papel de Casas Regueiro como principal arquitecto del Grupo Empresarial de las FAR (GAESA) y la función de mentor para los asuntos económicos, desde 1981, del general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl en aquel momento, y actual presidente ejecutivo de GAESA, así como jefe del V Departamento de las FAR (Económico) y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Un esquema que se complica aún más cuando se establecen los vínculos entre estas figuras más visibles y aquellas otras que realizan su trabajo prácticamente en las sombras, como es el caso de Guillermo Rodríguez López-Callejas, hermano de Luis Alberto, presidente ejecutivo de un buen número de empresas off-shore, algunas relacionadas con el escándalo de los Panama Papers, así como con el trasiego de mercancías y, sobre todo, de combustible de la petrolera estatal PDVSA entre Venezuela y Cuba.

Un tablero de juego enmarañado

En este mismo orden, pudiera tenerse en cuenta, cómo ha quedado organizado el tablero de juego antes, durante y después de ser anunciado el proceso de normalización diplomática entre Cuba y los Estados Unidos. Además, cómo el mismo sistema ha venido sufriendo variaciones constantes desde que Fidel Castro traspasara el poder al hermano y que este último comenzara a realizar transformaciones económicas, en gran medida radicales, basadas en la experiencia del sistema empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), lo cual ha traído nuevos componentes al principal círculo de influencia de Raúl Castro o, simplemente, para ser más exactos, ha develado aquellos rostros anteriormente ocultos.

Entre 2006 y 2008, coincidiendo con el período de mandato provisional de Raúl Castro, se comenzaron a dar variaciones en las estructuras de gobierno que van desde lo discreto, en el orden de lo económico, hasta lo verdaderamente telúrico en el reacomodo de las figuras en la élite de poder.

Si la coyuntura del escándalo de 1989 (Ochoa-Abrantes) le permitió a Raúl Castro ampliar su área de influencias hasta el Ministerio del Interior, al lograr colocar a altos oficiales de las FAR en los puestos vacantes dejados por la purga realizada por Fidel Castro durante las llamadas Causa 1 y 2, el traspaso de poder de 2006-2008 le dio carta blanca para demoler prácticamente todo el aparato de apoyo de su hermano.

No solo desaparece el denominado Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe, integrado por un número considerable de “tanques pensantes”, también sale del juego José Luis Rodríguez García, Ministro de Economía y Planificación que será sustituido por Marino Murillo Jorge, el llamado “Zar de las reformas”, anteriormente Ministro de Comercio Interior, sino que desaparecen otros actores políticos (algunos muy vinculados a la administración y movimiento de grandes reservas y recursos estatales como Otto Rivero, al frente de la llamada “Batalla de Ideas”) que hasta ese momento despuntaban como favoritos, algunos mediante acusaciones de deslealtad, con lo cual se hizo evidente la existencia de facciones en pugna al interior del aparato de gobierno y del Partido Comunista de Cuba.

Entre los cambios introducidos por Raúl Castro, tienen un gran peso aquellos relacionados con el impulso de un modelo económico que, si no resulta opuesto diametralmente al concebido por su hermano, en esencia extiende e implementa, hacia toda la economía, los experimentos de las instituciones militares agrupadas su mayoría en el sistema empresarial del grupo GAESA, así como comienza a ganar relieve la figura de Alejandro Castro Espín, anteriormente Jefe del conocido como “Departamento 50” del MININT, que atendía asuntos de corrupción y delitos económicos, una posición tan estratégica como peligrosa que le ha permitido dominar volúmenes de información indispensable para realizar movimientos de actores económicos dentro de la esfera política basados en la “confiabilidad”.

En persecución de tal objetivo es posible interpretar la designación, como Ministro de las FAR, del general de división Julio Casas Regueiro, así como el cambio en las subordinaciones de las instituciones estatales al aparato de gobierno, donde juega un papel supervisor el actual Departamento de Defensa y Seguridad Nacional, que tiene su representación en cada uno de los ministerios y se alza sobre la figura del ministro, convirtiéndose en una estructura de control que no existía durante el gobierno de Fidel Castro y que alcanza a ser mucho más visible desde 2011, cuando comienzan a darse los primeros pasos para una normalización de las relaciones con los Estados Unidos.

Tengamos en cuenta que en noviembre de 2012, en entrevista a Rusia Today, Alejandro Castro Espín ya se toma la libertad de hablar de la posibilidad de un diálogo con los Estados Unidos. Según sus propias palabras: un diálogo “que vendrá”.

También es esta una entrevista en la que, refiriéndose a los Estados Unidos, curiosamente pareciera describir un esquema de poder que ya se venía gestando en Cuba: “Las decisiones vienen desde atrás, del estamento de personas que, en definitiva, tienen el poder real en esa nación. Es decir, la clase política y la clase empresarial son las que tienen realmente la capacidad de decisión, a partir de su poder económico”, decía Castro Espín.

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¿Existe una facción “desleal” dentro de las fuerzas militares cubanas que busca sacar al hijo de Raúl Castro del juego?

LA HABANA, Cuba.- El relieve alcanzado por el coronel Alejandro Castro Espín, hijo del gobernante Raúl Castro, en el escenario político-económico de Cuba, también lo ha dejado en una posición riesgosa que tal vez lo haya puesto en el punto de mira de quienes han perdido influencia política y poder económico a raíz de los cambios raulistas, incluso al interior de las propias Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, donde no han desaparecido las pugnas entre facciones “leales” y “desleales”.

Una de las teorías sobre las posibles causas de los “ataques acústicos” a funcionarios de las embajadas norteamericana y canadiense en La Habana, según una fuente del propio Ministerio del Interior, apuntaría a la existencia de una facción “desleal” dentro de las propias fuerzas militares que busca sacar al hijo de Raúl Castro del juego de poder. Un grupo dentro del propio gobierno que hubo de planificar los ataques o permitió que sucedieran con el propósito de hacer rodar algunas cabezas.

Según esta fuente, al caer la máxima responsabilidad de los ataques sobre el Departamento de Defensa y Seguridad Nacional, Raúl Castro se vería en la obligación de destituir a su jefe superior, es decir, a Alejandro Castro Espín, así como a prescindir de su presencia en las mesas de diálogo con los Estados Unidos, dando paso al ascenso de otros oficiales no vinculados al círculo familiar y que encauzarían los intercambios diplomáticos hacia otras cuestiones. Es decir, causar una ruptura sensible en una tela que a Raúl Castro le ha llevado años tejer, incluso a la sombra del hermano.

2006-2011, años del cambio

2006-2011 quedará definitivamente no solo como un período importante en la configuración del esquema político cubano actual donde las empresas militares absorben aquellos objetivos económicos más estratégicos, de acuerdo con un modelo enfocado en la atracción de capital foráneo, sino, además, que rediseña el lugar de los actores en un escenario muy diferente al concebido por Fidel Castro.

Nombres como los de Marino Murillo, Alejandro Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, aunque a veces ocultados tras la fachada de los organismos que dirigen, comienzan a ocupar modestos espacios en la prensa, en los informes y declaraciones oficiales y extraoficiales.

En tal esquema, algunos actores cumplen una mera función presencial. Son los ejecutores de un plan concebido por figuras a la sombra del poder que, a diferencia de aquellos, jamás son removidos o cambiados de lugar.

Por ejemplo, mientras Marino Murillo Jorge ha ido asumiendo diversos roles “visibles” en el gobierno, mayores o menores, desde 2009 hasta el presente (asesor, ministro, más un largo etcétera de otras funciones dentro de la economía), otra figura menos mencionada por la prensa oficialista o casi nunca reflejada en los informes de gobierno, como la del general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas se ha mantenido en sus funciones desde principios de la década de los 80. Incluso ha ido sumando responsabilidades que trascienden el ámbito de las Fuerzas Armadas para ingresar como miembro en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba durante el período raulista.

Precisamente ha sido el modelo económico creado y ensayado por los generales Julio Casas Regueiro y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, dentro del V Departamento de las FAR y en GAESA el que ha sido tomado como referencia para la creación de los “Lineamientos” que regirán la economía cubana en los próximos años. Un modelo que, según han reconocido funcionarios vinculados al proceso de implementación, poco o nada debe al ingenio de Murillo Jorge, cuyo papel, magnificado por la prensa con toda intención, se pudiera comparar a la de un simple “presta-nombre”, de ahí los sucesivos cambios de responsabilidades, en comparación con la sorprendente y veterana estabilidad de López-Callejas.

Dentro de las estructuras económicas que se han mantenido “en las sombras”, sobre todo aquellas que fueron ensayadas durante la crisis de los años 90, posterior a la caída del socialismo en Europa del Este y la desarticulación de las redes de contrabando establecidas entre narcos de la región y oficiales del Ministerio del Interior, que ingresaban capital considerable a las arcas del Estado, una estabilidad similar es la que muestra Guillermo Rodríguez López-Callejas, hermano de Luis Alberto.

No existen noticias sobre él en la prensa nacional y su nombre apenas aparece en un par de artículos sobre el escándalo de los Panama Papers que lo relacionaban con una serie de empresas off-shore incorporadas por Mossack & Fonseca, en 1991 y hasta 1999, en Islas Vírgenes Británicas y otros lugares como Islas Caicos.

Aunque nombres como los de Francisco Soberón Valdés, quien fuera Presidente del Banco Nacional de Cuba, y otros altos funcionarios, también aparecen en documentos que los identifican como directores de otras off shore, por esas mismas fechas, el de Guillermo Faustino Rodríguez López-Callejas es de los pocos que se ha mantenido apareciendo en documentos similares, e incluso se muestra un incremento de su participación a partir de 2007, es decir, en el mismo comienzo del periodo de mandato provisional de Raúl Castro (2006-2008).

CUVENPETROL S.A., una empresa mixta entre CUPET S.A. y PDVSA, donde Cuba es socio mayoritario, al igual que TRANSPORTES DEL ALBA-TRANSALBA, TROCANA WORLD INC. y TOVASE DEVELOPMENT están registradas bajo administración (director/presidente) de Guillermo Faustino Rodríguez López-Callejas quien ya, en su momento, atendiera los asuntos de las navieras desde el Ministerio de Transporte.

Fue precisamente durante este período de transformaciones económicas impulsadas por Raúl Castro que se hicieron las mayores inversiones en este tipo de empresas. Tan solo TROCANA WORLD INC. y TOVASE DEVELOPMENT CORP., filiales de PDVSA América S.A., adquirieron buques por el valor de unos 60 millones de dólares, según datos públicos de la propia PDVSA.

Una ilusión de democracia “socialista”

Pudiera afirmarse que el período de mandato de Raúl Castro ha significado un mayor empoderamiento de su círculo más íntimo, basado en la transformación y enmascaramiento de las estructuras de poder creadas por Fidel Castro, de modo que, para un análisis del funcionamiento real de estas, se deberá tener en cuenta la existencia de actores públicos, por una parte, y personajes tras bambalinas, por otra, que, sin estar a la cabeza, habrán de regir las políticas del futuro mandatario e instituciones de gobierno en una ilusión de democracia “socialista”.

El modelo “familiar” empleado por Raúl Castro no es novedoso, aunque sí apunta a que, por vez primera, de manera visible, está ocurriendo una peligrosa transformación de las estructuras de gobierno que le permitirán a la familia del mandatario mantener el control total por un buen tiempo aun cuando nominalmente ya no sea un Castro el presidente de la nación, y evitar el empoderamiento de las facciones “desleales” que existen dentro del propio gobierno.