Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

LOS PRIMEROS 50 DÍAS. SEGUNDA PARTE

 

Antes de pasar a considerar el amplio campo de relaciones externas, donde SÍ han habido ya importantes cambios, debemos destacar algo de suma importancia, quizás lo mas crucial en esta joven presidencia hasta ahora. Me refiero a las revelaciones de secretos (y hasta conversaciones telefónicas) clasificados, de verdadera seguridad nacional, a los medios.

 

Como parte de la guerra total de la Izquierda Eterna, y como reacción a lo impensable, a la victoria de Trump en la elección, incontables funcionarios menores de agencias de inteligencia y de importantes departamentos como los de Estado y Defensa, están tratando activamente de sabotear el funcionamiento de esta administración. Como se ha mencionado, todavía ni todo el gabinete ha sido aprobado, y miles de subalternos no han sido ni nombrados. Todo ese personal es el que hace funcionar el gobierno en EEUU.

 

Los “leaks

 

Esto es algo de una peligrosidad extrema -y si no se resuelve, la gestión de Trump fracasará. Además, revelar secretos clasificados a los medios constituye traición, lo cual es penado hasta con la muerte. Pero ese no es el punto. La administración tiene que responder a estos ataques inconcebibles de la Izquierda Eterna -algo nunca antes visto en la historia Americana- de una manera firme y drástica.

 

Se ha sugerido que el Fiscal General Jeff Sessions (otro que ha sido fuertemente atacado y ha tenido que excluirse de la investigación sobre la eventual penetración rusa en las elecciones pasadas), abra un gran jurado para investigar las revelaciones de secretos y confidencias a los medios. Es enteramente posible que se sepa quien (o quienes) reveló, por ejemplo, las conversaciones de Michael Flynn con el embajador ruso (de acuerdo con el Senador Cotton, como le informó al comentarista de Fox News Bill O’Reilly la semana pasada, el Comité de Inteligencia del Senado casi seguro ya lo sabe -y lo siguen investigando). Entonces, una vez establecido un gran jurado, se puede obligar (subpoena) a cualquier persona a testificar bajo juramento sobre lo que sabía y lo que hizo (o no) respecto a estas revelaciones. Si se encuentran los culpables, deben ser sometidos a procesos judiciales.  Nada estabilizaría la más situación si varios de los funcionarios involucrados, de ser hallados culpables, sean condenados a largos términos de prisión.  Pero algo hay que hacer, y no se debe dejar esto en manos de los Comités investigativos del Congreso solamente, por buen trabajo que hagan. El presidente tiene que tomar el liderazgo en este grave asunto.

 

Finalmente, sobre el tema de las agencias de inteligencia y su actuación, hay algo que puede ser la raíz de todos estos leaks (literalmente, salideros). Muy poco conocido, en los primeros días de enero, poco antes de la toma de posesión, la Fiscal General Loretta Lynch emitió una orden (obviamente aprobada por el Presidente Obama) a la Agencia Nacional de Seguridad para que pasara sus expedientes y el resultado de sus investigaciones sin filtrar (es decir, si ser revisadas y analizadas para descontar mala información o desinformación, a 16 agencias adicionales de las que normalmente tenían acceso a esta información, que básicamente eran el FBI, la CIA, la DIA y quizás alguna otra. El resultado de esta orden de Lynch es que esa información ahora se ha diseminado a muchos, muchos individuos, cuando antes solo los jefes de las agencias mencionadas tenían acceso a esa información. Así que ahora es mucho mas difícil saber quién reveló qué a los medios. Igualmente, esa información se hizo accesible a funcionarios menores, casi todos nombrados por la pasada administración. ¿Por qué razón Lynch hizo esto? No hay otra explicación que para dejar sembrados a importantes funcionarios menores -pero enemigos de Trump- los que están haciendo todo lo posible por destruir su gobierno y su agenda. Este parece ser otro “legado” del ex presidente.  Después de todo, el también pertenece a la Izquierda Eterna.

 

La Corte Suprema de Justicia

 

Quizás lo mas brillante logrado en los primeros días en la Casa Blanca por el nuevo Presidente fue el nombramiento del Juez Neil Gorsuch como el noveno miembro de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para llenar la posición vacante que desde la muerte del gran Antonin Scalia existe en la Corte. La introducción de Gorsuch fue en horas de la noche, para aprovechar la máxima audiencia, y Trump hizo una sobria y bien recibida introducción del Juez. Será muy dificil para los Demócratas siquiera oponerse a este impecable nombramiento, ya que Gorsuch está entre los jueces más ideales que Trump pudo escoger.

 

Pero por política pura, tratarán de evitar su confirmación, la cual será lograda (las audiencias comienzan el 20 de marzo) aunque el Senado tenga que apelar al procedimiento conocido como “opción nuclear”. Es decir, cambiar las reglas de aprobación y confirmar a Gorsuch por simple mayoría de 51 votos.  Esto ya lo hicieron los Demócratas bajo el funesto liderazgo de Harry Reid en el 2013 para lograr una mayoría izquierdista en la Corte de Apelaciones de Washington, D.C., la más importante de todas sin contar a la Suprema. Gorsuch no cambiará el balance de la CSJ, pues toma el lugar de otro conservador (aunque él no es tan “originalista” como Scalia, pero por otro lado es un notable enemigo de las agencias regulatorias), pero deja lista para un cambio monumental a la CSJ cuando se produzca la próxima vacante, especialmente si se retira o muere la Juez Ginsburg, que ha padecido de cáncer y es muy mayor.

 

Big Brother te vigila”

 

Un importante -y grave- acontecimiento el 8 de marzo fueron las últimas revelaciones de Wikileaks. Esta vez no hubo regocijo entre los Republicanos, como sucedió durante la campaña electoral con los emails de Hillary Clinton y sus ayudantes. Pero se reveló el grado al cual las agencias de inteligencia de EEUU espían a su propio pueblo. La CIA tiene la capacidad -y la usa- para escuchar conversaciones hasta por los televisores, para no mencionar los teléfonos celulares. La Agencia Nacional de Seguridad (NSA), aunque lo tiene prohibido por ley, sin embargo graba TODAS las conversaciones telefónicas dentro y fuera de EEUU.  Es decir, no solo al exterior, sino las domésticas. Quien no sienta temor por esto debe estar viviendo en un universo alterno. Que el Estado nos espíe de tal manera es lo más peligroso que se pueda pensar. Estamos cerca del mundo de Big Brother descrito por George Orwell en su gran novela 1984.

 

Es por eso que no es difícil dudar que como Trump hábilmente denunció en uno de sus famosos (o infames) tweets, los teléfonos de Trump Tower, su residencia, fueron “intervenidos” durante la campaña nada menos que por órdenes del previo Presidente. Los medios, naturalmente, se escandalizaron -y todavía la controversia continúa.

 

Pero olvidado en el escándalo fue que Trump, una vez más, logró cambiar el tema. Esto lo expliqué muy bien en mi largo ensayo titulado El Payaso, La Varita Mágica y el Hombre en el Caballo Blanco, escrito en septiembre del 2015. Nada tan crítico se escribió sobre el ahora presidente ni en inglés ni en español.

 

Trump utiliza muy hábilmente la técnica conocida en psicología Gestalt como deflection. (desviación). Esto consiste en simplemente hacer o decir algo para intencionalmente cambiar cualquier tema o cuando la atención de enfoca demasiado intensamente en alguien. Trump es un maestro en este arte, y las críticas al nuevo Fiscal General Sessions, quien se sintió obligado a recluirse de cualquier investigación de la influencia rusa en la elección pasada, pasaron a segundo plano cuando acusó al Presidente Obama de ordenar que se grabaran los teléfonos de Trump Tower.  Los Comités de Inteligencia del Senado y la Cámara no han encontrado evidencia de esto -hasta ahora. Pero Trump insiste que ocurrió y lo probará. Ya veremos.

 

Sin embargo, como revelado por Wikileaks (y antes), todas las conversaciones de todos los ciudadanos en EEUU son grabadas por la NSA. Pero no con el obsoleto mecanismo de “wire taps”, como acusó Trump. Hace mucho tiempo se hace, pero por medios inalámbricos, no interviniendo los teléfonos con aparatos para escuchar colocados en los cables telefónicos, como se hacía en tiempos pasados. La previa administración hizo esto con muchas personas conocidas, como la Canciller alemana Angela Merkel y los periodistas Sheryl Attkisson de CBS y James Rosen de Fox News.  De manera que no es remotamente imposible que las conversaciones en Trump Tower hayan sido grabadas, sobre todo bajo la explicación (o excusa) que se hacía para comprobar si habían contactos entre Rusia y la campaña de Trump, algo que a pesar de las más minuciosas investigaciones por los obsesionados medios NO SE HA PROBADO. Quizás por el simple hecho que no sucedió, pero a esto le queda mucho tiempo todavía, así que ya veremos.

 

La nueva ley de cuidados médicos y el nuevo presupuesto

 

La propuesta nueva Ley de Salud (American Health Care Act) sigue afrontando dificultades en el Congreso, y muchos conservadores se oponen, aunque el mismo Presidente ha asegurado que será modificada y, de hecho, esta pasada semana ya se hizo una importante modificación sobre la cobertura del Medicaid. Pero el asunto, por mucho que algunos críticos estridentemente declaren que la propuesta está muerta al nacer, no es tan sencillo.

 

Claro que el esperado reporte de la agencia Congressional Budget Office (CBO) proporcionó municiones a los críticos cuando predijo que millones de americanos perderían sus seguros de salud bajo la nueva Ley. Pero las predicciones de CBO por mucho tiempo han sido de muy poco fiar.  Tal como el mecanismo de Reconciliation, fue creada por la misma Ley en 1974. La crearon los Demócratas, pero no necesariamente con fines siniestros. Fue para contrarrestar los presupuestos preparados y presentados por la Casa Blanca, notoriamente también no fiables.

 

Pero con los años, el CBO -como todo lo demás- se ha politizado mucho. Durante la previa administración, sus análisis fueron muy favorables a la Ley de Salud del 2010 (aunque a veces el mismo Presidente Obama quedó exasperado por otros análisis). Ahora son desfavorables a la presente administración. Pero se olvida que el reporte también encontró que con la ley propuesta el gobierno federal se ahorrará hasta $1.2 trillones y los impuestos se reducirán en $900 millones para el final de la próxima década.

 

De todos modos, como bien señala la columnista del Wall Street Journal (WSJ) Kimberly Strassel en un artículo fechado marzo 17, ya se ha olvidado que toda la controversia es parte del sistema legislativo de EEUU.  Solo que en los pasados ocho años, el sistema NO funcionó porque el líder de la mayoría Demócrata en el Senado, Harry Reid, no permitía que ningún proyecto de ley aprobado por la Cámara siquiera se debatiera en el Senado.  En buena parte por eso el Presidente Obama gobernó mayormente por decreto (muchos de ellos ilegales) sobre todo desde que los republicanos tomaron control del Senado en el 2014. Strassel termina su excelente artículo titulado Los Republicanos Reaprenden la Política con estas palabras: “El proceso (de aprobar la ley por el Congreso) será feo, desordenado (messy) y doloroso.  Pero solamente porque así es como la política real, a la antigua (old fashioned way), funciona”. Tiene toda la razón. No en vano se describe la política como el arte de lo posible.

 

Pero, por otro lado, la introducción de la propuesta nueva Ley de Salud ha reabierto grandes diferencias ideológicas entre Republicanos más o menos conservadores. Lo cual es ampliamente mostrado por dos artículos publicados en la misma página del WSJ el sábado 18. En uno, escrito por Peggie Noonan, quien preparó varios de los más memorable discursos del Presidente Reagan y fue una de sus fieles colaboradoras, Noonan recomienda a los Republicanos no abandonar los programas sociales y tratar de cooperar con los Demócratas para lograr la aprobación de la nueva Ley de Salud. El problema es que cada vez que ese acercamiento que recomienda Noonan se ha tratado en los últimos 30 años, los Demócratas simplemente NO han cumplido lo prometido. Así fue como George Bush padre violó su promesa a los votantes de no aumentar los impuestos, lo cual le costó la reelección en 1992.

 

El otro artículo, escrito por la renombrada historiadora económica Amity Shlaes, recomienda algo enteramente distinto.  Schlaes aboga porque se implemente cuanto antes el programa económico, especialmente la rebaja de tasas de impuestos, porque correctamente recuerda la enorme prosperidad que esa medida -que se implementó por primera vez en la historia bajo la presidencia de Calvin Coolidge y se elaboró por su brillante Secretario del Tesoro Andrew Mellon- produjo en el país.

 

Personalmente, prefiero lo que recomienda Schlaes porque es algo que las tres veces que se ha implementado en EEUU (las otras fueron en 1962-63 bajo el Presidente Kennedy, y en 1982 bajo Reagan) ha funcionado y ha traído una gran prosperidad a la nación. Está por ver como se resuelve este dilema, pero es algo que puede darle el éxito a la gestión de Trump -o destruirla.

 

También se presentó el primer presupuesto de la nueva administración. Lo más notable, además de la reducción de gastos en general, es que solamente tres departamentos muestran aumentos considerables. Primero, Defensa, donde hay un aumento de $54 billones. También muestran aumentos los Departamentos de Seguridad Nacional (sobre todo en fondos para la construcción del Muro de la frontera) y Veteranos, dos promesas de campaña adicionalmente cumplidas -al menos en papel, pues ahora falta la aprobación del Congreso.

 

Los recortes más grandes ocurren en esa “Vaca sagrada” que es el Departamento de Estado (28.7%), y en la Agencia Protectora del Medioambiente (EPA, 31.4%).  Naturalmente, los aullidos de protesta de los Demócratas y los medios no tardaron. Pero casi seguro que el presupuesto no será aprobado como está presentado -eso nunca sucede. De todas maneras, es un paso adelante tratar, primero, de controlar el gasto público.  Segundo, de ordenar prioridades. Tercero y más importante, reconstruir el poderío militar americano. Eso es crucial y fue una de las promesas que llevó a Trump a la Casa Blanca.  Eso seguramente SÍ será aprobado, pues casi todos los Republicanos lo piden a gritos de todos modos y es, de hecho, una necesidad nacional después del abandono del presidente anterior de este aspecto clave de la seguridad nacional.

 

Política exterior

 

Pasando ahora a la política externa, han habido cambios bastante importantes y hasta dramáticos. El Presidente Trump se reunió dos veces, antes de tomar posesión y días después, con el Primer Ministro de Japón Shinto Abe, y al parecer estableció una buena relación, estrechando considerablemente lazos con un importante aliado que fue muy subestimado por la pasada administración.

 

El peligro que representa Corea del Norte para Japón es solo superado por el que representa para Corea del Sur, país fronterizo con el Norte. Trump parece buscar una alianza militar entre EEUU y las dos naciones asiáticas, aunque no sea formal, pero sí de facto, contra la amenaza nuclear de Corea del Norte.  El nuevo Secretario de Estado Tillerson, en su primer viaje al exterior, ha visitado Japón, Corea del Sur y China la pasada semana.  Sus enérgicas declaraciones sobre Corea del Norte han sido notables, en gran contraste con el silencio de los ocho años anteriores. A China le ha exigido que actúe más firmemente para controlar a su cliente Corea del Norte (además de negociaciones secretas no publicitadas seguramente sobre el déficit comercial y manipulación de moneda).

 

Se está comentando abiertamente la posibilidad de una acción militar contra Corea del Norte por parte de EEUU, Japón y Corea del Sur.  Al menos, estas veladas amenazas, aunque no se realicen, pueden surtir efecto, sobre todo en China. Pero sobre Corea del Norte hay acciones (militares) que son enteramente posibles.

 

En un reciente artículo en WSJ (marzo 13), el gran historiador Arthur Herman (mi favorito) describe una manera de parar en seco a Corea del Norte en sus amenazas nucleares mediante cohetes intercontinentales (que pueden potencialmente alcanzar a Alaska y hasta Seattle (Washington) en estos momentos).  Herman ha escrito sobre cómo parar a Irán en años pasados (he descrito el mecanismo en varios ensayos sobre Irán, Israel, y cómo resolver esa peligrosa situación).

 

Ahora, además del sistema antibalístico conocido como Thaad (ya instalado recientemente en Corea del Sur, para alarma de China), hay una opción mejor. Para interceptar cualquier cohete norcoreano en su ascenso inicial. La tecnología, ya existente, se conoce como boost-phase intercept (BPI), que en español sería algo así como intercepción en la fase de elevación.  Funciona de la siguiente manera: Los cohetes, sobre todo los intercontinentales, se demoran en su etapa de lanzamiento y son relativamente lentos, además de que consumen grandes cantidades de combustible y generan enorme calor. Ese es el momento ideal, antes que alcancen la atmósfera externa, para derribarlos, utilizando la nueva tecnología (Japón también la tiene) BPI.  Esos cohetes anti-cohetes se pueden lanzar por grandes drones armados, que vuelan sobre las aguas contiguas a Corea del Norte. De esa forma, los cohetes BPI pueden interceptar cohetes norcoreanos al ser lanzados.

 

La amenaza existe. Corea del Norte y China lo saben. Solamente falta emplazar el sistema BPI. Es posible que eso no tarde, sobre todo cuando el Secretario Tillerson ha anunciado que basta de 20 años de inactividad (incluyendo la administración de George Bush hijo) y de hacer nada sobre la amenaza norcoreana. Ese es un tremendo cambio de política, y no ha sido muy destacado por los medios.  Como diría Trump: Fake News (en este caso por omisión).

 

Sobre Rusia no hay mucho -que se sepa. Pero SÍ han habido críticas, de parte de Tillerson y del Secretario de Defensa Mathis. Rusia, por otro lado, ha permanecido muy tranquila en estos primeros 50 días.

 

Sin embargo, en otro interesante artículo en WSJ (marzo 9) escrito por Mikhail Khodorkovsky (antiguo Presidente de la gigante empresa rusa Yukos Oil)  el autor, ahora enemigo de Putin, elabora un complicado “acuerdo” entre Trump y Putin para lograr la salida (honrosa) de Putin del gobierno de Rusia. Esto es muy controversial y especulativo, pero es posible. Implica el abandono del poder por parte de Putin pacíficamente, mediante negociaciones que le garanticen su futuro (y multimillones) fuera de Rusia.

 

Pero recuérdese que algo similar se consideró (y hasta se propuso) a Fidel Castro en Cuba y nada sucedió. Pero hay posibilidades de negociar con esta nueva administración y no sabemos qué pasa sin que se conozca. Sobre esto definitivamente NO han habido leaks.  Pero recomiendo leer el artículo pues propone algo muy interesante, mucho más allá de confrontaciones, que casi seguramente vendrán en un futuro próximo. Por ejemplo, Rusia ha violado, de hecho, el Tratado Anti Cohetes de medio alcance firmado en 1987 entre el Presidente Reagan y el líder soviético Gorbachov. La pasada administración ni siquiera mencionó públicamente esta violación, y de más está decir que pocos medios lo hicieron (algunos como WSJ, National Review y Weekly Standard SÍ lo denunciaron), pero ahora es muy probable que el tema se trate, o de lo contrario, que la nueva administración simplemente emplace cohetes de mediano alcance en Europa otra vez, como se hizo bajo Reagan. Es lo único que Rusia, como China, respeta: el poder.

 

Otro importante cambio de política ha ocurrido, con poca atención de muchos, en Siria y la interminable guerra civil en ese desdichado país que ya lleva casi 10 años y ha ocasionado cientos de miles de muertos y millones de refugiados. Hay quizás más de 400 marines americanos peleando activamente en Siria -y hasta 5-6,000 entre Siria e Irak, en el ataque para reconquistar Mosul del Estado Islámico. Es posible que las tropas americanas en Siria ayuden al ataque a la “capital” del estado Islámico en Siria, la ciudad de Raqqa en el norte, cerca de la frontera con Turquía. Ya veremos, pero hasta ahora, Trump parece estar cumpliendo otra de sus importantes promesas, esta vez la de destruir al estado Islámico.

 

Sobre Irán, se han aplicado sanciones económicas adicionales por parte de EEUU luego que Irán lanzara cohetes de largo alcance hace algunas semanas.  Estas “pruebas” que Irán lleva haciendo con su cohetería desde que se firmó el “acuerdo” entre varios países en el 2015, No son permitidas, aunque Irán lo niega. Pero nadie, ni EEUU, mucho menos las naciones europeas que también fueron signatarias, ha hecho más que protestar, y no muy enérgicamente tampoco. Trump, por supuesto, prometió terminar la participación de EEUU en la farsa que fue ese peligroso acuerdo, que además se realizó mediante una orden ejecutiva, ya que la administración bien sabía que era imposible su ratificación por el Senado. Por consiguiente, otra orden ejecutiva lo puede terminar, y el Presidente está siendo fuertemente presionado para que también cumpla esa promesa. Quizás una nueva acción de Irán le de la oportunidad, aunque Europa se opone firmemente.

 

En Iberoamérica, poca actividad. Pero eso no necesariamente implica que nada se esté haciendo -en secreto, como debe ser. De cualquier manera, el simple, pero importantísimo cambio en la actitud de esta administración, la cual después de ocho años indica claramente una postura más enérgica, ha ocasionado el respeto de países enemigos (si, enemigos, no adversarios, como les llamaba la pasada administración) como Cuba, Venezuela, y Bolivia. En Ecuador, donde la oposición al Presidente Correa, quien no se presentó a la reelección, parece lista para retomar la presidencia, de hecho habrá un cambio de política notable y quizás esta nueva administración así lo haya indicado a los votantes ecuatorianos. Y Nicaragua permanece tranquila. El “Presidente” Ortega (el nuevo Somoza nicaragüense) ni habla mucho, prefiriendo buscar inversiones extranjeras, sobre todo ahora que el petróleo venezolano quizás comience a escasear.

 

Con Cuba, la administración de Trump parece que conducirá una política parecida a la que el Presidente Reagan mantuvo hacia la isla.  Esto lo llevo recomendando hace mucho tiempo.  Con Cuba lo mejor es ignorar al régimen.  Eso es lo que la dictadura nunca ha  deseado y lo que casi todos los gobernantes de EEUU NO han hecho. Es decir, hacer NADA. Claro que, de hecho, el acercamiento que buscó el anterior Presidente ha terminado. Pero probablemente se realicen políticas más abiertamente hacia el régimen de La Habana. Por el momento, ignorar a ese moribundo régimen parece buena táctica.  El turismo americano ha decaído y la ayuda venezolana ha sido reducida. Cualquier cambio para lo peor en Venezuela (algo casi inevitable) repercutirá de mala manera en la economía cubana.

 

Hacia Venezuela, por lo menos de palabra, han habido cambios. Denuncias más enérgicas, y otras presiones privadas, quizás surtan algún efecto contra el tambaleante régimen de Maduro. La OEA se muestra más activa bajo el Secretariado de Almagro.  Pero eso es casi inútil, por más que algunos ilusos todavía pongan sus esperanzas en organizaciones internacionales. 

 

Sin embargo, una expulsión o más bien una suspensión de la OEA quizás tuviera un efecto importante sobre el gobierno de Maduro. Algunos consideran que el nuevo Secretario de Estado americano, quien como antiguo Ejecutivo Jefe de Exxon-Mobil tiene experiencias adversas en Venezuela (le nacionalizaron empresas y refinerías cuando Chávez era Presidente), pueda estar ejerciendo presiones tras el telón.

 

Hay ciertas cosas que EEUU puede hacer directamente contra Venezuela. Sí, son ilegales. Sí, van contra el Derecho Internacional. Pero eso nunca ha evitado acciones enérgicas si hay la voluntad. Por ejemplo, con alguna excusa se puede proceder contra las refinerías CITGO del gobierno venezolano en el área del Golfo en Texas y Louisiana.  Igualmente se puede ejercer presión ante grandes petroleras pora que importen menos petróleo venezolano. Es poco lo que tomaría para derrocar al régimen de Maduro, pero dudosamente el Presidente quiera buscarse problemas. Hispanoamérica NO es una prioridad para Trump, aunque quizás en un futuro próximo, cuando la economía americana se ponga más en orden, esta administración le preste mucha más atención a este hemisferio que las dos anteriores.

 

Definitivamente, hacia México, por las promesas de construir un muro gigantesco (muy difícilmente ocurrirá) y de renegociar el Tratado de Libre Comercio, habrá mucha mayor actividad y atención que durante otras administraciones. Pero no todo respecto a México necesariamente será desfavorable. Muy probablemente, de hecho (pero en privado) se logren mejoras en las relaciones entre ambos países, sobre todo, por difícil que ahora parezca, en el plano de la economía.  México es un socio comercial muy importante para EEUU, lo mismo que para algunos estados fronterizos como Texas.  La relación, por esas razones económicas, NO se perjudicará a largo plazo. 

 

Quien sabe si cuando se logre un mayor control de la frontera, con un muro más “tecnológico” que uno de concreto y cercas de alambre, las relaciones en general se mejoren.  En  definitiva, la mejor y más efectiva solución para controlar la inmigración ilegal es volver a lo que hubo en los años 1950s.  Es decir, un programa de trabajadores temporales (en aquellos tiempos se conocía como el de Braceros) que puedan entrar legalmente y luego regresar a México.  Esa es mi predicción.  Habrá que ver.

 

Finalmente, esta pasada semana la Canciller alemana Angela Merkel visitó oficialmente la Casa Blanca. Las diferencias entre ambos líderes son demasiado pronunciadas para que pudieran ser ocultadas. Pero tampoco hubo ningún rompimiento público, aunque Trump le reclamó a Merkel que Alemania (como es verdad) debe mucho dinero en contribuciones a la OTAN.  Casi seguro en eso haya alguna actividad pronto. Es una obligación alemana para con la todavía importante organización y no es tan difícil para la señora Merkel cumplirla. Por otro lado, en Alemania hay elecciones en pocas semanas y la Canciller podría perder el control del gobierno. Lo cual, por supuesto traería un cambio de política, aunque no necesariamente para mejor.

 

Para terminar este análisis de los primeros 50 días de la presidencia de Donald Trump, se debe destacar la gran confianza que se ha producido en el mundo de las finanzas y los negocios desde enero. Las bolsas, tanto aquí como en el exterior, han tenido grandes alzas y ganancias.  Hay mucho optimismo de que la reducción de impuestos planeada por el equipo económico de Trump produzca un tremendo renacimiento económico, aunque para mi ha sido desalentador que los tres grandes economistas que principalmente elaboraron el plan económico en la campaña electoral, Stephen Moore, Larry Kudlow y sobre todo Arthur Laffer (inventor de la Curva Laffer, que prueba lo inaceptable para la Izquierda Eterna, de que reducciones en las tasas de impuestos producen mayores entradas para el gobierno federal) han sido relegados a segundo plano. 

 

Quien parece tener ahora más influencia es un buen amigo de Trump, Gary Cohn, antiguo ejecutivo de Goldman Sachs. Pero lo que importa es que el plan de rebajas de impuestos se comience a implementar. Lo que necesita de la nueva Ley de Salud, como se ha explicado anteriormente. Sobre lo cual parece que con la participación más activa de Trump, se podría lograr pronto. 

 

Para el jueves 23 de marzo está programada la votación en la Cámara de representantes.  Pero todavía faltan cambios adicionales buscados por algunos importantes conservadores y luego, por supuesto, el proyecto de ley pasa al Senado, donde se harán otros cambios cruciales. Si todo sale bien (lo cual no es seguro, pero todo lo demás depende de eso y Trump lo sabe bien), quizás para comienzos del verano, el plan económico quede establecido.

 

Hasta entonces, no se verá en verdad el gran cambio esperado en la economía americana.