Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

VENEZUELA Y LA BACHELET

 

En marzo de 2017 Zeid Ra’ad al Hussein, entonces Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pidió la liberación de todos los prisioneros políticos de Venezuela, y al propio tiempo hizo una solicitud al régimen de Nicolás Maduro en relación con el respeto a las libertades fundamentales de los ciudadanos.

 

En su informe anual ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de  las Naciones Unidas (ONU) Hussein también denunció las múltiples detenciones arbitrarias e intimidaciones a los líderes de la oposición, así como la negativa del gobierno venezolano sobre el acceso a Venezuela de sus representantes expertos en materia de derechos humanos. En su intervención destacó:

 

"Estoy cada vez más preocupado con la extrema polarización en Venezuela, con continuas restricciones de la libertad de movimiento, asociación, expresión y protesta pacífica (…) La falta de medicinas y de comida en el país, y los precios descontrolados está afectando a los derechos económicos y sociales".

 

Luego de algo más de dos años las cosas han ido de mal a peor en la hermosa tierra de Bolívar. La represión se incrementó considerablemente en los últimos meses ante la existencia de múltiples acciones de protestas pacíficas asumidas con valentía por gran parte del pueblo. El Foro Penal Venezolano* logró documentar en detalle cada uno de los casos que reportó en el mes de febrero del presente año, destacando un total de 966 prisioneros políticos, la mayor cifra de la historia en más de 18 años.

 

Dicha ONG precisó además que el incremento marcado del número de prisioneros se debe a las detenciones masivas ocurridas a partir del 23 de enero de 2019, día en que Juan Guaidó juró como presidente interino ante una multitud que lo apoyaba en la capital del país. Según se informó por dicho Foro Penal, en aquella ocasión el incremento fue de más de 700 personas si se compara con la cifra del reporte anterior de solo 273.

 

A solo una semana del informe anterior la misma ONG denunciaba un incremento de la cifra. Esta vez se llegaba a 989 tras las nuevas detenciones ocurridas durante las marchas pacíficas de aquellos días. Entre los detenidos se encontraban 85 militares, 11 adolescentes y 8 integrantes de etnias indígenas, y de manera general los detenidos pertenecían a los sectores más humildes de la población. Este informe incluyó el reporte de 7820 venezolanos sometidos a procesos penales por cuestiones de naturaleza política desde el 2014 hasta febrero de 2019.

 

El 13 de mayo, Gonzalo Himiob, vicepresidente y director de la Organización Foro Penal, informó que la cifra actualizada de presos políticos en Venezuela es de 859 (la más reciente actualización hasta el presente). No obstante, se refirió a un total de 8.467 ciudadanos a los que se les realizó procesos judiciales injustos con medidas cautelares. En el reporte, el Foro Penal detalla que del total de presos políticos hay 97 militares y 762 civiles; 68 mujeres y 791 hombres, así como 3 menores de edad; aunque después de la visita de Michelle Bachelet la pasada semana, según el propio Foro Penal, casi 700 personas están detenidas en el país por razones políticas, de ellas un centenar son militares.

 

Estas cifras nos muestran y demuestran la realidad represiva de Venezuela. He sido cuidadoso al extremo en poner datos y fechas para que no quede lugar para la duda en aquellos que consulten trabajos de este tipo, esto es, he tratado de ser bien objetivo para que la idea expresada no quede como una simple alusión a un incremento de la represión sin demostración objetiva fundamentada en datos.

 

De ahí la presentación de todas estas cifras obtenidas de fuentes que consideré confiables luego de rectificarlas a través de la consulta de diferentes medios, lo que demuestra que la represión es un fenómeno imposible de negar en Venezuela, algo que hace continuamente el régimen de La Habana, cuyos principales dirigentes y medios oficialistas a su disposición ocultan este tipo de hechos para resaltar a cambio unos imaginarios logros de un chavismo caducado que se les desmorona cada día. 

 

Las múltiples imágenes difundidas por doquier en las que aparecen los miembros represores de la Policía Nacional chavista persiguiendo, golpeando y disparando a las multitudes desarmadas que solo marchan de modo pacífico por las avenidas y plazas del país son más que suficientes para demostrar que estamos en presencia de uno de los regímenes más sanguinarios de la historia del hemisferio occidental en el presente.

 

De igual modo las cifras exactas del número de víctimas mortales de los últimos meses, así como el centenar de pérdidas humanas de las históricas  marchas ocurridas en 2016 nos ofrecen una idea bien precisa del panorama sociopolítico de una nación desestabilizada, y que, lamentablemente, en el actual momento pasa por una etapa de aparente calma en la que los ánimos de los venezolanos al parecer se han entibiado ante los fracasos de sus fallidos intentos por derrotar a Nicolás Maduro, lo que hubiera significado el inicio inmediato de una necesaria etapa de transición capaz de conducir finalmente a la restauración del orden democrático.

 

He limitado la muestra de las cifras a un solo aspecto, esto es, a la presencia de prisioneros políticos, lo que al propio tiempo fue el principal punto tratado por Zeid Ra’ad al Hussein, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en su informe de marzo de 2017; pero la dramática situación de Venezuela no se limita a sus cientos de prisioneros políticos.

 

La represión es solo un ápice del enorme iceberg que simboliza la grave crisis sociopolítica y económica, y lo peor, de la incertidumbre e inseguridad ante la prolongación de una agonía que no parece tener fin.

 

Estas cifras solo son el ápice de un gran iceberg indetenible hasta tanto sea eliminado de raíz el chavismo. Se estima que en los últimos cinco o seis años, cuatro millones de venezolanos han emigrado, y la OEA, las Naciones Unidas, algunos organismos tanto públicos como privados creen que si la situación se mantiene en los próximos dos años podrían emigrar otros cuatro millones. Téngase en cuenta que por estos días intentan escapar diariamente cerca de 5.000 venezolanos, según los últimos datos actualizados de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en lo que se considera el mayor éxodo en la historia reciente de América Latina. 

 

Los principales países receptores son los de América del Sur, principalmente Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina, sin olvidar otras naciones del mundo como Estados Unidos y España, en los que hay ya verdaderas comunidades de venezolanos, lo que demuestra la existencia de un éxodo masivo que ha desestabilizado a gran parte de Suramérica, toda vez que la entrada masiva de cientos de venezolanos cada día a través de sitios fronterizos origina un verdadero caos respecto a los trámites migratorios de legalidad, sin que dejemos de un lado la asistencia médica y social que demandan los migrantes, así como el gran riesgo para las poblaciones de estos territorios receptores ante la posibilidad de propagación de enfermedades infecto-contagiosas causadas por el hacinamiento y la falta de medidas sanitarias preventivas en Venezuela. 

 

Las causas del fenómeno migratorio están en relación directa con los efectos devastadores del chavismo, entre los que sobresale de manera destacada la pésima situación de las instituciones de salud y el abandono total de la sanidad. Tan solo la malaria o paludismo, según The Lancet, se ha incrementado desde 2012 y ha aumentado extraordinariamente en los últimos años. Entre 2016 y 2017 el país ha experimentado el mayor aumento de la enfermedad registrado en el mundo con 414.527 casos (69 %) solo en 2017, de acuerdo a los últimos datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Mientras que Human Rights Watch (HRW), citando a la Organización Mundial de la Salud, indica que la cantidad de casos confirmados ha aumentado en forma constante en los últimos años, de menos de 36.000 en 2009 a más de 414.000 en 2017.

 

También la tuberculosis pulmonar y el VIH-Sida van en aumento con un total de casos registrados por encima de 13. 500, en el caso de la tuberculosis, lo que ofrece una tasa de cerca de 35 por cada 100.000, la más alta en los últimos 40 años. Según Human Rights Watch (HRW), en 2018 se estimó que casi nueve de cada diez venezolanos que viven con VIH y se encontraban registrados ante las autoridades no estaban recibiendo tratamiento antirretroviral, aunque se desconoce la cantidad total de personas que necesitan ese tratamiento. Entre 2017 y 2018 la mayoría de los pacientes con VIH interrumpieron su tratamiento por falta de medicamentos.

 

Según el informe de la misma ONG, el hambre, la desnutrición y la grave escasez de alimentos son fenómenos extendidos en todo el territorio venezolano. En 2018, la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO) indicó que, entre 2015 y 2017, 3,7 millones de venezolanos (12 %) estaban subalimentados, comparado con los datos entre 2008 y 2013, según los cuales había menos del 5 %.

 

Cáritas Venezuela, una organización católica humanitaria que realiza un seguimiento del estado de la nutrición y brinda asistencia nutricional a niños en comunidades de bajos recursos, ha reportado que la desnutrición aguda moderada (DAM) y la desnutrición aguda severa (DAS) entre niños de menos de cinco años aumentó del 10 % en febrero de 2017 al 17 % en marzo de 2018, lo que constituye un elemento indicativo importante de una verdadera crisis, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Téngase en cuenta que los porcentajes expuestos se refieren solo a las modalidades severa y moderada de desnutrición infantil, esto es, no se incluyen las formas leves, ni se hace referencia al estado de desnutrición de la población adulta.

 

Las carencias de todo tipo, pero sobre todo las referentes a medicamentos de primer orden, amén de la situación epidemiológica alarmante ante la deficiencia de vacunas, así como la escases de alimentos que obliga a que la mayoría de los venezolanos solo puedan realizar dos pésimas comidas al día – esto último no solo lo expongo luego de consultar múltiples fuentes y datos estadísticos; sino que he recibido de manera directa el testimonio de muchas madres que acuden a consultas en España con sus hijos en estado de desnutrición importante– caracterizan al panorama venezolano desde hace varios años.

Por otra parte la represión marcada del régimen de Nicolás Maduro hacia los sectores de la población que están en desacuerdo con el chavismo es conocida en todas partes del mundo; mientras que las torturas y otros abusos, incluyendo agresiones sexuales, a prisioneros se reportan cada día, hechos que son denunciados ante el mundo por parte de instituciones defensoras de derechos humanos.

 

¿Podrá hacerse referencia a un antes y un después de la breve estancia de Michelle Bachelet, la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, quien milita en el Partido Socialista de Chile y ha sido simpatizante de toda la escoria comunista de la región?

 

Con todos los elementos expuestos antes el camino estaba más que preparado para que la actual Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, realizara una corta visita a Venezuela; aunque el oficialismo chavista se encargó de promocionar su breve estancia en territorio venezolano como una respuesta ante una invitación que Nicolás Maduro hiciera desde hace varios meses atrás.

 

De cualquier modo, lo importante es el hecho de que la funcionaria de la ONU se decidiera visitar  Venezuela –algo de retrasó demasiado y apartó un tanto de su apretada agenda, cuando en realidad debió priorizar lo que constituye el principal foco de violaciones de derechos humanos en el hemisferio occidental, excluyendo como es lógico a Cuba, donde dadas las condiciones adaptativas de su pueblo durante seis décadas se ha convertido en un fenómeno usual– y que, independientemente de su conocida postura izquierdista, y de sus fuertes lazos con la corrupta camarilla del socialismo del siglo XXI latinoamericano, se mostró un tanto abierta toda vez que no solo dialogó con Nicolás Maduro; sino que lo hizo por igual con Juan Guaidó, el actual presidente interino del país, amén de mostrar su interés por la representación de la sociedad civil y por entrevistarse directamente con afectados por las violaciones de los derechos humanos.

 

“El propósito de mi visita fue mantener una relación más cercana y fluida con el Estado, la sociedad civil y, por cierto, con familiares y víctimas (…) Vamos a trabajar por tener una oficina de mayor peso, pero vamos a tener a dos personas que se van a quedar monitoreando la situación y los proyectos de asesoría técnica en materia de acceso a la justicia”, expresó Bachelet durante una conferencia ante los medios de comunicación en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía para detallar los resultados inmediatos y su análisis al finalizar su visita.

 

¿Acaso el encuentro con Juan Guaidó fue una manera sutil y diplomática de su reconocimiento y aceptación al presidente legítimo de Venezuela? No lo creo. La Bachelet se refirió a Guaidó solo como presidente de la Asamblea Nacional y no como presidente interino, amén de haberse rodeado del máximo representante de la Asamblea Nacional Constituyente, entidad no reconocida por la Organización de Estados Americanos (OEA), el Grupo de Lima, y varios gobiernos democráticos del mundo de manera independiente, quienes, por el contrario, si han reconocido la legitimidad de Juan Guaidó como presidente del país, así como la legalidad de la Asamblea Nacional, único remanente de democracia en el país, en su mayoría opositora.

 

No obstante,  no puede descartarse del todo esta posibilidad si tenemos en cuenta la actitud asumida por la Bachelet en el actual momento, así como sus enérgicas pronunciaciones hechas en los últimos meses respecto a la difícil situación del país y a los horrores del chavismo en relación con los prisioneros políticos, a los cuales pidió liberar lo antes posible durante su reciente visita, cuando expresó: “Hago un llamado a las autoridades para que libere a todos los que están detenidos por defender sus derechos civiles”.

 

A pesar de unas pocas valoraciones analíticas que con mucho rigor ya se han hecho, en las que se cuestiona sobremanera el posible verdadero rostro de la Bachelet, al extremo de afirmarse que dicha funcionaria ha legitimado el horror en Venezuela a partir de su visita reciente, creo que el hecho de haber permanecido cerca de 72 horas en la tierra bolivariana y haber contactado directamente el sentir del pueblo, así como el testimonio directo de varios afectados de manera directa por el efecto devastador del chavismo, le hagan reflexionar y replantear el cauce de su postura conservadora respecto al álgido asunto de la crisis sociopolítica de este país, sin que esperemos jamás que llegue a la fuerza acusadora de alguien como Luis Almagro, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), la extraordinaria voz denunciante del chavismo, a quien también han cuestionado demasiado acerca de su verdadero rol dentro del drama regional, independientemente a sus enérgicas declaraciones mucho antes que el Grupo de Lima, que la Unión Europea, y que el propio presidente de los Estados Unidos.

  

Pero Michel Bachelet no solo fue enérgica hace un tiempo, sino que lo ha ratificado en esta visita al llamar régimen al gobierno madurista: “Fue profundamente doloroso escuchar testimonios de víctimas de graves violaciones de derechos humanos, o de violencia política, por no ser partidarios del régimen”, y esto constituye una fortaleza de la visita de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, por cuanto, es la primera vez que una personalidad simpatizante de las tendencias izquierdistas, miembro del Partido Socialista de Chile, y promotora del Socialismo del siglo XXI en América Latina,** se pronuncia de esta manera en relación con el sistema de desgobierno de Nicolás Maduro, lo que debe tenerse en cuenta al analizar detenidamente su visita, independientemente de lo polémico del tema ante la imagen que tenemos de la Alta Comisionada dadas sus conocidas relaciones con dictadores de la “altura” de Fidel Castro, Hugo Chávez y Rafael Correa, y de su prolongada espera en contactar de cerca los horrores del régimen madurista.

 

Sin duda la Bachelet pudo percibir in situ y mediante las declaraciones directas de varios afectados por las crueldades del régimen la realidad del pueblo venezolano, y esto, ¿por qué no? hemos de aceptarlo, que logró conmover a la exmandataria chilena de rostro aparente duro e insensible; aunque al fin de cuentas, y como lo he expresado reiteradamente, de los socialistas jamás pude esperarse nada lógico y coherente. Este es solo el comienzo de un camino que no podrá ser muy largo toda vez que, como acaba de afirmar el también chileno Sebastián Piñera, actual presidente de Chile, la dictadura de Maduro “tiene sus días contados”.

 

Por otra parte su determinación de dejar en territorio venezolano a dos de sus representantes para monitorear la situación puntual del cumplimiento o no de los acuerdos en relación con el comportamiento de los derechos humanos, brindar asesoría técnica, y de manera particular todo lo relacionado con la liberación de los prisioneros políticos, es también otro logro de la visita de la expresidenta chilena; aunque habrá que esperar para comprobar los resultados concretos de estos representantes de la Bachelet en relación con la denuncia precisa de las violaciones, que, sin duda, continuarán en territorio venezolano con o sin representantes de la ONU.

 

Téngase en cuenta que a pocas horas de la retirada de Bachelet de territorio venezolano se denunció la desaparición de cuatro oficiales de la Fuerza Armada Nacional, y dos comisarios del Cuerpo de Investigaciones Penales, Científicas y Criminalísticas (CICPC). Dichos militares fueron detenidos sin órdenes judiciales por parte de los agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). Entre los detenidos se encuentran el General de Brigada de la Aviación, Miguel Sisco Mora, director del Servicio Autónomo del Aeropuerto del Estado de Aragua, el capitán de corbeta de la Armada, Rafael Acosta, los coroneles retirados de la Aviación Miguel Castillo Cedeño y Francisco Torres Escalona, así como dos comisarios policiales.

 

Este hecho demuestra que la dictadura de Nicolás Maduro se burla de los Altos Comisionados, de los líderes de las instituciones de Derecho Humanos, y de todo aquel que no le haga el juego al chavismo, por lo que la presencia de los funcionarios representantes de la ONU en esta nación no impedirá que se sigan cometiendo actos violatorios de todo tipo, y lo peor, que sus vidas están en peligro toda vez que están destinados a ser encarcelados, expulsados del país, o desaparecidos.

 

Otro acierto de la Bachelet fue el haberse reunido indistintamente con Juan Guaidó, el actual presidente interino, y con Nicolás Maduro, el considerado presidente usurpador del poder toda vez que su segundo mandato se considera ilegítimo por la Asamblea Nacional y por un numeroso grupo de presidentes de gobiernos democráticos del mundo; sin dejar a un lado su interés por la representación de sociedad civil y su posibilidad de acceso a la justicia.

 

Pero no todo fue positivo en la reciente y breve visita de la Alta Comisionada de la ONU. Su punto débil estuvo en hacerse copartícipe de las opiniones en torno a la influencia de las sanciones de tipo económicas sobre el pueblo venezolano. En este sentido expresó que “las causas de la crisis económica son diversas. Me preocupa que las sanciones impuestas este año la exacerben”, por lo que hemos de recordarle a Michelle Bachelet que la dramática situación del pueblo venezolano comenzó mucho antes del inicio de la aplicación de las sanciones económicas al régimen de Maduro por parte del gobierno estadounidense, y que dichas sanciones no tienen otro objetivo que asfixiar al régimen de Nicolás Maduro, y no al pueblo venezolano, como con frecuencia se suele decir.

 

De ahí que carece de sentido relacionar el asunto de las sanciones económicas con la grave crisis económica y social del pueblo venezolano, crisis que, como se conoce en el mundo entero, ha sido desencadenada y agudizada sobremanera en los últimos tiempos por un gobierno incompetente y aferrado a mantener un modelo económico y social que ha fracasado en todas partes del mundo, y que en Venezuela no será la excepción. El curso natural del devenir histórico así lo demuestra.

 

Y como Venezuela no será la excepción, lamentablemente ya se ha convertido en otra Cuba, por cuanto sus dos últimos mandatarios, esto es, Chávez y Maduro, determinaron seguir al régimen castrista en todos y cada uno de sus equivocados pasos, y no solo seguir sus errados pasos, sino dejarse manipular por las desfachatadas maniobras castristas en la dirección de una nación que otrora llegó a ser la más próspera de América Latina, y que hoy yace hundida en la peor crisis económica de la historia regional. 

 

No obstante, Bachelet se mostró muy precisa y objetiva al reconocer que la situación de salubridad “sigue siendo muy grave debido a la falta de medicamentos, falta de insumos y problemas en el suministro eléctrico. La situación humanitaria se ha violentado, muchos ciudadanos no tienen comida en sus casas ni tampoco tienen medicinas”, y esto lo afirmó sin relacionarlo con la aplicabilidad de las sanciones económicas, esto es, culpó indirectamente al régimen de Maduro de la alarmante crisis sanitaria.

 

De acuerdo con un reporte de abril del presente año, Human Rights Watch (HRW), una ONG dedicada a la defensa de los derechos humanos, mediante su informe titulado La emergencia humanitaria en Venezuela: se requiere una respuesta a gran escala de la ONU para abordar la crisis de salud y alimentaria, existe un aumento de los niveles de mortalidad materna e infantil; brotes de enfermedades que podrían prevenirse con vacunación, como el sarampión y la difteria; e incrementos drásticos en la transmisión de enfermedades infecciosas, como malaria y tuberculosis. Según los datos ofrecidos también se evidencia altos niveles de inseguridad alimentaria y desnutrición infantil, así como una alta proporción de niños ingresados en hospitales con desnutrición.

 

Tal vez la condición de médica de Bachelet, un tanto dejada atrás dado su protagonismo en el campo de la política, le haga ser más sensible y lograr tener una percepción más exacta de la verdadera situación de salud del pueblo venezolano, sin duda, la peor del continente en el momento actual.

 

Hasta aquí todo muy bien por la valoración realizada por la Alta Comisionada de la ONU; pero de nada vale una caracterización  profunda de una situación que ya de antemano sabíamos en todas partes, si no se ejecutan acciones concretas encaminadas a la erradicación de la causa de los males, y este ha sido el otro punto débil de la señora Bachelet, esto es, el hecho de haberse mostrado demasiado conservadora en relación con la estrategia a seguir para detener primero, y revertir después, el panorama sociopolítico del país caribeño, dado que la situación desfavorecedora en todos los aspectos del pueblo venezolano tiene su origen en la existencia de un sistema inepto para resolver las necesidades mínimas de la enorme población del país suramericano.

 

De ahí que el analista Héctor Schamis recién ha afirmado que “reparar no es cuestión de congoja, es cuestión de acciones, decisiones, hechos políticos”, haciendo alusión al aspecto compasivo de la Bachelet durante su visita a Venezuela, aunque, según el, “la angustia solo tiene valor si es consistente con lo que queda después de su partida, con lo que comunica al concluir su visita. Es que lo que dejó es solo la legitimación de Nicolás Maduro, así de simple”.

 

La posición de Michelle Bachelet respecto a retomar rondas de conversaciones carece de sentido. Ya me he referido en otros escritos de este tipo que no hay nada más que hablar y que con supuestas negociaciones no se va a ninguna parte. Me hubiera gustado percibir una actitud más práctica y precisa en este sentido, bien distante del facilismo de acudir – una vez más– a la gastada técnica estratégica de “intercambios” entre ambas partes, lo que se sabe de antemano no sucederá. Sin embargo, la Bachelet de modo muy diplomático, y conociendo de la pata que cojean los empecinados “socialistas”, dejó antes de su partida un mensaje reconciliador al expresar:

 

“Me duele por lo que veo en la gente. Yo creo que es un país que quiere vivir en paz. Tenemos que buscar los acuerdos para lograr salir de esta situación (…) le he pedido a todos los sectores políticos que hagan un esfuerzo por el diálogo de Noruega o cualquier mecanismo que ayude a aliviar la situación (…)  Las negociaciones pueden dar fruto si las partes se comprometen”.

 

Téngase en cuenta los fracasos sucesivos de los diversos intentos que han tenido lugar en este sentido, sobre todo los más recientes en Noruega, en los que no se logró absolutamente nada, excepto demostrar la prepotencia de los representantes del oficialismo, amén de la postura poco firme de Juan Guaidó, quien solo unos meses antes había dejado muy bien establecido que jamás dialogaría con el régimen. 

 

Y así las cosas, la controversial presencia de Michelle Bachelet en Venezuela nos deja, al menos, la evidencia precisa de que existe en el mundo un acuerdo cuasi unánime – los casos de Bolivia y Cuba, cuyos desgobiernos siguen mostrando su solidaridad con el régimen de Nicolás Maduro, son una rara excepción en el actual momento, China y Rusia no hacen otra cosa que seguir un juego matizado por intereses de tipo económico en el caso de China, y de este tipo, además de intentar dar muestras de un poderío militar de relieve mundial, en el caso de Rusia– acerca de las monstruosidades que se cometen en Venezuela.

 

El hecho de que la propia Alta Comisionada se refiriera e hiciera pública la declaración acerca de la existencia de cientos de prisioneros políticos, y que dejara a sus representantes, no solo para monitorear y asesorar el acceso debido a la justicia, sino que enfatizó en la idea de la necesidad de supervisión de la Comisión Nacional para la Prevención de la Tortura, constituye la mayor prueba de las acciones criminales que tienen lugar bajo el mando de Nicolás Maduro. Si no se torturara en las cárceles no habría necesidad de mantener una supervisión a una comisión encargada de velar para que no se cometan acciones de este tipo.

 

Esto unido a sus declaraciones respecto a la crítica situación sanitaria por la que atraviesa el país demuestra que la representante de la ONU se mostró de manera imparcial al evaluar in situ las dramáticas condiciones sociopolíticas de esta nación, otrora la más próspera de la región y la poseedora de las mayores reservas petroleras del continente. 

 

No obstante, me solidarizo con la opinión del analista Héctor Schamis, tal vez demasiada dura, pero con verdadero sentido visionario, y hasta ahora la más sincera y profunda que he podido consultar, cuando expresó hace solo unos días:

 

“No importa la solidaridad que dicen haber visto en ella, ni tampoco los abrazos cálidos que se observan en las fotos. Ni siquiera tienen valor  cuántas lágrimas haya derramado al escuchar esos trágicos relatos (…) Dignificó un cargo mal habido, producto de una elección fraudulenta rechazada por medio planeta. Se refirió a encuentros con el "Presidente, Nicolás Maduro Moros", y varios ministros de Gobierno y otros altos cargos, incluyendo el Canciller, el Ministro de Defensa y el del Interior, la mayoría de ellos denunciados no solo por crímenes de lesa humanidad sino también por narcotráfico, lavado y crímenes conexos. Además de usurpación”.

 

Es cierto que le llamó presidente a quien en realidad es ahora usurpador del poder, que mantuvo vínculos con ministros corruptos y narcoterroristas; pero también es cierto que denunció con énfasis las atrocidades del chavismo y como ya expresé antes, le llamó régimen al desgobierno madurista.

 

Mencionó de manera protocolar a Nicolás Maduro antes que a Juan Guaidó, y prefirió referirse a este último como el presidente de la Asamblea Nacional y no como presidente interino del país; pero al menos lo hizo, esto es, sostuvo un encuentro con el actual representante máximo de la democracia venezolana. Que no es un gran mérito; es cierto, es lo menos que pudo hacer si tenemos en cuenta la popularidad en ascenso de Juan Guaidó y su reconocimiento por medio centenar de naciones democráticas del mundo***; pero si un acierto. Recordemos que representantes de varios países e instituciones han estado en Cuba como visitantes oficiales, incluidos varios Sumos Pontífices emisarios de la Santa Sede, y jamás se reunieron con representantes de la oposición.

 

Otra de sus debilidades fue el hecho de haberse encontrado con el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, organismo ilegítimo fruto de acciones fraudulentas y de manipulaciones del chavismo para aniquilar el poder democrático de la Asamblea Nacional, con lo que contribuía a la legitimación de dicho organismo. Este paso lo hubiera podido obviar, y en este sentido habría sido otro de sus aciertos; pero en esto falló también la Bachelet.

 

Con haber sostenido conversaciones con Maduro y Guaidó, en el caso de este último visto como presidente interino y no como presidente de la Asamblea Nacional, hubiera sido suficiente; pero al haber considerado a Guaidó solo como representante de la Asamblea Nacional, era obvio que, por diplomacia, también sostuviera un encuentro con el representante de la Asamblea Nacional Constituyente.  

 

En fin, el tiempo dirá, si la señora Bachelet solo se dejó llevar por la emotiva pasión arrolladora del sentimiento, o si en realidad está replanteándose seguir en lo adelante con un punto de vista diferente en relación con su percepción de la realidad venezolana.

 

Por ahora solo contamos con una caracterización precisa y bien fundamentada realizada in situ por la Alta Comisionada. La aplicabilidad en el orden práctico del fruto de sus observaciones está por ver.

 

---------------

 

*El Foro Penal Venezolano se fundó en el  2002 en Caracas, Venezuela, por iniciativa de Carlos Bastidas Espinoza, conjuntamente con los abogados Marco Antonio Rodríguez-Acosta, Enrique Prieto Silva y José Luis Tamayo Rodríguez, durante el curso del Antejuicio de Mérito de los Altos Oficiales de la Fuerza Armada Nacional, con la finalidad de constituirse en una voz autorizada en materia penal a nivel nacional. Es una ONG que brinda asistencia jurídica a ciudadanos detenidos por motivos políticos. Está conformado por más de 200 abogados con coordinadores en todos los estados de Venezuela y por un grupo de más de 2000 activistas de derechos humanos denominados <<defensores activos>>. Esta organización tiene como objetivo la defensa y la promoción de los derechos humanos, particularmente la asistencia gratuita de víctimas de la represión del Estado y a los presos políticos en Venezuela

**Durante sus mandatos en Chile, el primero entre 2006 y 2010, y el segundo entre 2014 y 2018, el llamado Socialismo del siglo XXI tuvo sus peculiaridades tan distintivas que lo apartaron tanto del modelo clásico marxista que en realidad no merece hablarse de dicha modalidad política y económica en esta nación. En América Latina cada nación que adoptó la supuesta modalidad socialista tuvo sus peculiaridades. En los casos de Chile, Brasil y Argentina no hubo ese exceso de control en el aparato gubernamental, si se les compara con Venezuela y Ecuador, donde resultó patente una total radicalización de las leyes que han llevado a la creación de estados totalitaristas, a partir del concepto de participación ciudadana, “envueltos en una revolución no surgida desde abajo, sino desde una idealización del líder político, frecuentemente convertido en slogan partidista”, algo que por suerte ya no se ve en Ecuador desde la asunción del poder por parte de Lenín Moreno, aunque se ha recrudecido sobremanera en Venezuela con la actual crisis política. No obstante, Michelle Bachelet se rodeó de los principales líderes del socialismo latinoamericano e integró al gobierno chileno a los principales organismos difusores de dicha tendencia en la región, aunque al dejar la presidencia – a diferencia de sus corruptos homólogos de Argentina, Ecuador y Brasil– entregó una nación estable desde el punto de vista económico, político y social.

***No es que el resto de los países del mundo no lo reconozcan como a veces se ha dado a entender para provocar confusión; sino que hay muchas naciones ajenas al conflicto venezolano, y demasiado ocupadas de sus penurias, necesidades y conflictos como para estar tomando partido en un asunto que ven muy distante de sus intereses prioritarios. Tal es el caso de muchos países africanos cuyos sistemas dictatoriales ejercen un poderío devastador. Por otra parte hay pequeñas naciones prácticamente insignificantes en el mundo que deben “favores” al chavismo y que han subsistido por el convenio de intercambio o envío de petróleo; se destacan en este sentido las islas caribeñas de San Vicente y las Granadinas, las que junto a Surinam, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves siguen perteneciendo a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), el fantasmal organismo promovido por Hugo Chávez y debilitado al extremo en estos tiempos, pero sobreviviendo, cual espectral sombra de un remanente cadavérico en estado de putrefacción.