Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 La “regresión política” que dinamitó la apertura cubana

 

Sin lugar para el desarrollo de lo autónomo y con los "inquisidores" del PCC al frente, Cuba recorre el camino del "subdesarrollo endémico", según un experto

 

Martín Natalevich, El Observador, Uruguay

 

Roberto Veiga González es miembro de la think thank Diálogo Interamericano y director del Laboratorio de Ideas Cuba Posible, una asociación con sede en La Habana que promueve cambios políticos, sociales y económicos para Cuba. Veiga entiende que desde la visita del presidente Barack Obama hasta ahora hubo una "rápida regresión política" en torno a los cambios económicos y sociales que auspiciaba el restablecimiento de las relaciones. La explicación de esa parálisis tiene más que ver con la reacción de los sectores más ortodoxos del Partido Comunista Cubano -quienes ven lo autónomo como un fenómeno "contranatural"- que con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, según el especialista. Veiga dice que la asunción de Díaz Canel fue un mero "traspaso de funciones" y alerta que la concentración de poder de "los inquisidores del Partido Comunista" puede llevar a ese país al camino "irreversible" del "subdesarrollo endémico". A continuación, la entrevista que Veiga tuvo con El Observador.

 

La visita del presidente Obama a La Habana pareció sellar el histórico descongelamiento entre ambos países que hoy luce como un intento frustrado. ¿Qué fue lo que pasó?

 

La visita de Obama resultó un éxito para el mandatario estadounidense. El pueblo cubano se sintió visitado. En muchos casos, mientras más populares eran los segmentos sociales mayor sintonía lograron con el mandatario, concebido aquí históricamente como el "todo poderoso" de un imperio que nos desprecia. En cambio, la sociedad percibió a un ser humano, capaz de vivir en familia, y presto a dirigirse a todos los públicos; además, con gran habilidad para lograrlo. A la generalidad le impactó su capacidad de mostrar un sueño más allá que estuvieron de acuerdo con un 100% en su discurso o en un 5%. Como consecuencia, desde la visita de Obama al Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) ocurrió una rápida regresión política, incluso en torno a los cambios sociales y económicos que auspiciaba el presidente Raúl Castro. El sector más conservador del PCC logró sostener que el desarrollo de la autonomía que se estaba dando en Cuba (en lo económico, en lo cultural y en lo político), como resultado de los cambios promovidos por el presidente cubano, se asemejaban más al sueño estadounidense que a los principios de la revolución, al discurso de Obama que a los lineamientos del PCC. Todo ello fue criminalizado y, en gran medida, comenzó su desarticulación, su contención o debilitamiento.

 

¿Ese cambio del PCC tuvo algo que ver con la llegada de Trump al gobierno o se explica por otras razones?

 

No puedo asegurar que sea un cambio del PCC; sino el triunfo de un sector del mismo, con la suficiente influencia para prefigurar la actual etapa del proceso cubano. Dentro de la sociedad existen diversas proyecciones socio-políticas y dentro de la oficialidad concurren disímiles sensibilidades en torno a una proyección socio-política generalmente  compartida. Sin embargo, el sector que prefigura el presente considera el desarrollo de lo autónomo como contranatura y en unos pocos casos como algo natural, pero demasiado riesgoso en las difíciles circunstancias del país. En tanto, la parálisis de la reforma, o el retroceso de la misma, siempre hubiera sucedido, aunque tal vez en otro momento y con otros argumentos, con independencia del estado de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos. No obstante, el decurso positivo o negativo de eso vínculos bilaterales se utiliza, invariablemente, para las políticas internas relacionadas con el desarrollo de lo autónomo; aunque siempre, de un modo u otro, a favor de quienes prefieren coactar libertades. A estos le sirve lo mismo Obama que Trump, a pesar de que puedan marcar una diferencia entre ambos. Ellos prefieren una relación entre los dos gobiernos que permita beneficiarse de los recursos de Estados Unidos pero con poca presencia estadounidense en la isla. Y tampoco desean vínculos difíciles, pero manejables, entre ambos estados y ambas sociedades, que orienten al desmontaje del actual "modelo socio-político de resistencia" y a la evolución de un "modelo socio-político de desarrollo" que, naturalmente, libere la subjetividad y la autonomía de todos los cubanos, y como consecuencia empodere económica y políticamente a cada cubano. Desde esta lógica, Trump dificulta la posibilidad de beneficiarse de los recursos de Estados Unidos y Obama menoscaba los fundamentos de un "modelo de resistencia", ya naturalizado, cómodo y beneficioso para estos.

 

¿Considera necesaria la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

 

La posibilidad de normalizar las relaciones es un desafío para cualquier gobierno en Cuba. La isla necesita, para su desarrollo y estabilidad, una relación bilateral signada por la distención, el entendimiento y la cooperación. Con la visita de Obama pareció que se abría una puerta clausurada hacía más de medio siglo. Con esta afirmación no quiero restar peso a los errores internos, cometidos por los cubanos y, sobre todo, por el gobierno. Sin embargo, hay que padecer de miopía política o de mala fe para no comprender que la hostilidad desatada por Estados Unidos contra Cuba, en unas ocasiones de manera fría y en otras un tanto caliente, podía cerrar a las autoridades de la isla a la posibilidad de corregir errores importantes e impedir que pudieran emprender la evolución del modelo socio-político cubano. Por otro lado, esta distención, que debería desarrollar la capacidad del gobierno cubano para dejarse interpelar y compartir criterios y soluciones con la administración de Estados Unidos, tendría que expresar una síntesis de las valoraciones más esenciales que consiguieran compartir las autoridades y los diferentes segmentos nacionales. Para eso hubiera sido imprescindible que se desarrollara al unísono el diálogo entre los dos gobiernos y el diálogo dentro de la sociedad cubana. Este desafío reclamaba ampliar los mecanismos de participación y de diálogo, así como desarrollar actitudes capaces de forjar la confianza política necesaria para hacer posible la convivencia civilizada de la diversidad.

 

¿Y ese diálogo interno nunca llegó?

 

Desde hace décadas, y sobre todo durante los últimos 12 años, existe un consenso social (incluso, reconocido por las más altas autoridades) acerca de la necesidad de ensanchar las posibilidades para la participación ciudadana y la democracia. Sin embargo, ha sido difícil avanzar al respecto. Hemos vivido en un sistema socio-político que se fundamenta en la dirección de una "vanguardia ideológica"; única capaz de garantizar el desarrollo social y la soberanía del país. Y esta, como un resultado de esa lógica, es quien asume el derecho único de pensar el país (aun cuando cuasi tolere otras opiniones y en algunos momentos haya efectuado ciertas consultas a la ciudadanía). En tal sentido, no ha sido factible comprender e institucionalizar la necesidad de empoderar al máximo a la ciudadanía y facilitarle el crecimiento de la actividad y la sensibilidad políticas; para así alcanzar la mayor armonía posible.

 

¿Dónde está el poder en Cuba tras la asunción de Díaz-Canel?

 

El pasado 18 de febrero comenzó un proceso gradual por medio del cual los líderes que hicieron la revolución y gobiernan desde enero de 1959 irán traspasando el poder a generaciones más jóvenes, que sean fieles a los "dirigentes históricos" y destaquen su compromiso de sostener, a toda costa, el actual sistema socio-político. El acto en sí, tal vez careció de relevancia; pues no fue concebido como un relevo de liderazgos, ni constituyó una cesión de facultades para que los nuevos dirigentes orienten el desarrollo del sistema socio-político de acuerdo a las actuales necesidades y exigencias de la sociedad cubana (lo cual no hace imposible que algunos de estos alcancen liderazgo y que, ante determinadas circunstancias, ejerzan las facultades requeridas para cumplir sus responsabilidades). En tal sentido, no se han desarrollado discursos, ni se han mostrado proyecciones que ofrezcan certidumbres en torno a los propósitos y a las capacidades de las próximas autoridades. El proceso ha sido pensado y conducido tan sólo como "un traspaso de las funciones"; sin claridad acerca de dónde quedará la prerrogativa de elaborar y legitimar los contenidos de tales funciones, y sin participación social –incluso, sin participación de los sectores más oficialistas. Esto, en mi opinión, constituye una debilidad del proceso de traspaso de poder, de la legitimidad de los nuevos gobernantes, y de la garantía de perdurabilidad del propio sistema socio-político.

 

¿Quiénes son los "nuevos enemigos" del gobierno?

 

El gobierno cubano enfrenta sus enemigos históricos, que son aquellos empeñados en derrocarlo, borrar de la historia el proceso revolucionado y, en muchos casos, restaurar la vieja República vencida el 1 de enero de 1959. Sin embargo, lo más novedoso del escenario político cubano, en este sentido, ha sido la emergencia de un campo reformista, que pretende una evolución radical y acelerada del actual modelo, pero sin ruptura con los beneficios de la revolución y sin restaurar la República pre-revolucionaria. En la actualidad, estos son percibidos por el gobierno como sus nuevos enemigos; pero, sobre todo, como sus peores enemigos. Esto indica que el gobierno sólo admite la aprobación absoluta y el alineamiento sin fisuras.

 

¿Qué pasa en la actualidad con la ayuda exterior que recibe Cuba desde Venezuela?

 

La actual relación entre Cuba y Venezuela fue concebida entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Esa alianza política y el vínculo económico benefició a la isla. Sin embargo, la "seguridad" que propiciaba al gobierno cubano le hizo desestimar oportunidades a favor de una estrategia capaz de asegurar el desarrollo económico del país. En tanto, se retrasó el diseño de un modelo económico eficiente, la negociación con las instituciones financieras internacionales, la inserción de las potencialidades de los cubanos en las cadenas globales de creación de valores; en fin: la integración en el sistema económico mundial. No obstante, desde hace tiempo, existe conciencia de este error. Por ello, desde hace años el propio gobierno intenta mejorar y diversificar sus relaciones económicas. Ha negociado parte de su deuda externa, procura la integración en instituciones financieras regionales –si bien no en las internacionales-, gestiona importaciones de petróleo desde Angola, Argelia y Rusia, y aprobó una nueva Ley de Inversiones con el propósito de atraer capitales, tecnologías, mercados, experiencias, etcétera. Sin embargo, ni la beneficiosa relación económica con Venezuela (ya en crisis aguda y creciente desde hace más de dos años, dada la difícil situación política en ese país), ni todo lo anterior, han conseguido el despegue económico de la isla. Esto será imposible si no logramos un modelo económico mixto, con vitalidad monetaria y un mercado arbitrado pero libre, que se sustente en la liberación de las potencialidades de la ciudadanía y en una estrategia de desarrollo equitativo. Pero esta obviedad no logra convertirse en política de gobierno, pues queda asfixiada por incapacidades, rigideces y temores de sectores poderosos e influyentes. De esto, y no de Venezuela o de otro país, dependerá que los cubanos podamos garantizar el desarrollo económico de Cuba.

 

¿Qué ve en el futuro de Cuba dado este escenario de dificultades políticas y económicas?

 

Resulta preocupante en qué proporción "los inquisidores del Partido Comunista en el poder" aborrecen y agreden los fundamentos y principios de la República y de la libertad, que han de resultar "sacrosantos" para cualquier proyecto político, del signo ideológico que sea, que pretenda auténtica legitimidad, respeto y trascendencia histórica. Casi dos décadas de debate, amplio e intenso, han clarificado en demasía nuestros problemas, necesidades, peligros, desafíos y soluciones. En tanto, la necesidad del debate sobre el presente y el futuro y acerca de la comprensión definitiva del camino a tomar ya fue cumplida con creces. No obstante, la obstinación de estos "inquisidores" ha consumido el tiempo político para decidir y realizar los grandes cambios sociales que reclaman la realidad, antes de que las circunstancias nos fuercen a marchar, por un sendero casi irreversible, hacia el subdesarrollo endémico. En este sentido, definitivamente deberíamos concentrar los esfuerzos y la inteligencia en precisar, consensuar y concretar la edificación de una síntesis de país donde todos podamos identificarnos y comprometernos.