Cubanálisis El Think-Tank

           ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

   

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos

 

 

 

Niños torpes con juguetes nuevos

 

En casi todo el mundo donde se habla español el 6 de enero llegaron los Reyes y muchos niños recibieron regalos. También algunos niños torpes tuvieron juguetes nuevos. Que les deslumbran y les llaman la atención. Pero que no saben bien ni como se utilizan, ni para que sirven. Y continuamente se equivocan. Y seguirán así hasta que aprendan. Si es que acaso les interesara aprender.

 

Así, en esa pobre Cuba, donde por decreto no hay ni Día de Reyes ni abundan los juguetes, los pocos que pueden tenerlos, como el “gobierno” cubano y su flamante presidente designado están como niños torpes con juguetes nuevos ante todo lo que se les ha venido encima en tan poco tiempo. Esto lo han demostrado con sus acciones y declaraciones alrededor de las fechas de fin de año, que el régimen se empecina en llamar “aniversario del triunfo de la revolución”, cuando en realidad se trata de diferentes acontecimientos que tuvieron lugar por esos días hace sesenta años, pero que se empeñan en presentar como si todo hubiera sucedido entre la noche de fin de año y la madrugada del día primero. De ese modo siguen usurpando el ciclo de las tradiciones de Navidad y Año Nuevo, festividades puramente familiares y sociales que los cubanos siempre han celebrado, sin necesidad de encomendarse a ninguna “revolución”, y mucho menos a una que si lo fue en algún momento lejano ha ya dejado de serlo hace mucho tiempo.

 

Pero no solo juegan mal con los tiempos, también lo hacen con la tecnología. Así vemos que el último y más nuevo juguetico del “presidente” cubano, el más reciente, ha sido Twitter, ese instrumento mágico que permite comunicarse con casi todos con solamente teclear unas cuantas palabras. Es de suponer que cuando los segurosos-brujos de Ciencias Informáticas le mostraron al señor Díaz-Canel en que consistía la magia y sus trucos, le hayan dicho que, además de dar acceso a millones de personas a las informaciones que él escribiera, es lo que estaba de moda en estos tiempos entre muchos jefes de gobierno; y quizás también le hayan dicho que hasta el presidente Donald Trump lo utiliza ampliamente.

 

Sin embargo, aparentemente no le informaron correctamente, o completamente. Le debieron haber aclarado que a diferencia del libelo “Granma”, y de toda la prensa escrita amaestrada que existe en Cuba, y la televisión y la radio oficiales, donde no hay oportunidad de responder a lo que la dictadura exprese, cuando se usa Twitter los que tienen acceso a leer lo que se escribe también tienen acceso a responder con comentarios de todo tipo, es decir, favorables, neutrales o desfavorables.

 

Y eso fue lo que sucedió y provocó traumas y síndromes de lesa dictadura. Porque el inefable presidente, entre otras linduras, en medio de la bochornosa crisis de escasez de pan en el país -tema que los romanos habían resuelto hace más de dos mil años combinándolo con el circo- se le ocurrió restar importancia a la escasez y al hambre de los cubanos de a pie, o tal vez ser chistoso, y lo mejor que pudo hacer fue recordar la clásica cita bíblica y escribir que “no solo de pan vive el hombre”.

 

Si hubiera empleado esa frase, que es indudablemente cierta desde el punto de vista moral, en un contexto aceptable, sería una cosa,  pero no basta en medio del totalitarismo castrista, cuando la dictadura no solamente es incapaz de garantizar a cada cubano ni un pan de baja calidad diariamente, sino tampoco garantizarle muchas otras cosas imprescindibles. La trampa del régimen y sus ineptos cabecillas ha sido abrogarse el derecho, -que nadie les ha otorgado libremente-, de ser los responsables de suministrar alimentos y todos los productos de primera necesidad -y de segunda y de tercera necesidad también- a los cubanos, pero esta es una obligación que durante sesenta años han demostrado no solamente ser incapaces de cumplir decorosamente, sino también que no les interesa para nada hacerlo.

 

De manera que la lluvia de comentarios indignados en las redes sociales, además de los despectivos y burlones, no se hizo esperar, y las respuestas de los cubanos al ilustre señor presidente fueron de esas que en Cuba llaman de “mírame y no me toques”, es decir, nada atentas ni mucho menos comedidas, sino respuestas del tipo que eran en verdad lo que merecía la soberana estupidez y falta de respeto a la población del comentario presidencial, propia de un cabecilla castrista de mediocridad mojigata e incompetente, que es lo que caracteriza al resplandeciente jefe del ejecutivo impuesto a los cubanos.

 

Respuestas que por otra parte tampoco dejaban lugar a que cupieran dudas de que el insensible twittero presidencial con su juguete nuevo de seguro que no sufriría escasez de pan en su mesa, porque aunque sea cierto que no solo de pan vive el hombre, tanto su propia barriga personal surgida con posterioridad a su designación como presidente hace ocho meses como el peso corporal de su señora primera dama dejan entrever que, aunque no solo de pan vivan los dirigentes y “cuadros” castristas, en el caso de ambos no se puede aplicar honestamente esa máxima, pues ambos parecen suficientemente bien o exageradamente alimentados, al extremo de poder exhibir sobrepeso. Por consiguiente, en el caso del matrimonio Díaz-Canel--Cuesta, no parecen existir limitaciones en las alacenas presidenciales, y aunque no vivan solamente de pan, el pan no debería ser de los productos alimenticios que escaseen en sus mesas, si es que acaso escasearan algunos.

 

Pero no contento con esta bochornosa experiencia “twittera”, el señor presidente continuó jugando con su nuevo artilugio, y al poco tiempo volvió a la carga con su adarga al brazo, (como baboseó el cursi aventurero argentino cuando se iba de Cuba pensando en ser héroe universal y no figurín de camisetas), y después de ver “en familia”, según dijo, un material fílmico relativo al fusilamiento de los estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871, se le ocurrió escribir en su nuevo chirimbolo que “no faltan los mal nacidos por error en Cuba, que pueden ser peores que el enemigo que la ataca”.

 

¡Pobrecito señor presidente! No aprende. No acaba de entender que cualquier cosa que diga en Twitter, a diferencia de “Granma” y sus fotocopias con otros nombres llamadas en Cuba periódicos, puede ser replicado por muchos, no mediante varios supuestos “comentarios” convenientemente editados -o inventados- para ser publicados al pie de las mentiras oficiales, como es habitual por parte del departamento ideológico de la dictadura, sino con respuestas absolutamente libres y sin control inmediato, mediante las cuales pueden detectarse y conocerse las verdaderas opiniones de los cubanos sobre lo que escriba el “presidente” en su nuevo aparatico.

 

Y naturalmente, no fueron pocos los “mal nacidos”, según la definición tan inclusiva y buscadora de consenso utilizada por este tiranuelo de pacotilla, que casi inmediatamente le respondieron, y no de forma muy cariñosa, como es de suponer. Porque al jugar torpemente no solo con su Smartphone, sino con los tiempos históricos, el anodino presidente mezclaba un acontecimiento real del pasado siglo 19, donde voluntarios españoles montaron una turba -un mitin de repudio- para fusilar a jóvenes cubanos estudiantes como venganza por las derrotas que las tropas colonialistas sufrían frente a los mambises, sugiriendo una comparación entre aquellos colonialistas criminales con los cubanos contemporáneos que tanto en Cuba como en el extranjero no comparten o rechazan abiertamente las ideas que tiene el jefe de la pandilla gobernante cubana sobre la legitimidad de la dictadura de los hermanos Castro.

 

Y fueron tantos los epítetos, insultos y otros “primores” lanzados a la cara del presidente en las redes sociales por cubanos indignados, que varios jenízaros digitales del régimen -algunos de los permanentes y otros precipitadamente improvisados- tuvieron que salir en defensa del chiquillo torpe con su juguete nuevo.

 

Pero si el cabecilla castrista de guardia fue torpe y poco inclusivo con un comentario tan desafortunado donde se consideraba con derecho -como si fuera una madre universal- a decidir quienes son los bien nacidos y los mal nacidos en el país donde nacimos todos, mucho peores y mucho más torpes fueron sus sicarios digitales, uno de los cuales, improvisado soplatubos y antiguo ministro venido a menos, para añadir vinagre a la herida no se le ocurrió nada más “inteligente” y sutil -como en los “buenos” tiempos del Comandante en Jefe- que calificar a los críticos de las sandeces del gobernante cubano como “chusmas” y como “voceros anticubanos en las redes” y “sirvientes de quinta o sexta categoría, muy menores, liliputienses”.

 

Nuevamente son ellos, en este caso este mediocre novelista sin lectores que se cree Gulliver del régimen para definir liliputenses, y los que como él no son más que verdaderos sietemesinos morales trepando para obtener posiciones de amanuenses privilegiados, quienes se creen con el monopolio y el derecho a determinar quiénes son anticubanos o procubanos -porque Cuba serían solamente ellos mismos, según se creen y repiten como mantra idiota- y cuáles son las categorías de los supuestos sirvientes y la estatura moral de cada cubano dentro o fuera de la isla.

 

Otro jenízaro de menor categoría, en “plan payama” dirigental, en este caso “el chivatón de las manzanas”, llamado así por los alborotos que formó no hace tanto tiempo a causa de una venta completamente legal de manzanas en una tienda de recolección de divisas del régimen administrada por los militares, escribió, en un ejemplo típico de lo que los sicólogos llaman proyección, al atribuirle a otros sus propias ideas, que:

 

El insulto es una consecuencia de la ausencia de argumentos. El cobarde piensa a todos de su condición y por eso cree que insultando a los que estamos logrará que menos revolucionarios estén en las redes. Perdón, creo me equivoco al suponer que piensan”.

 

Dicho esto nada menos que por quien insulta regularmente, y no se caracteriza precisamente por la celeridad y originalidad de sus pensamientos, sino por su aguerrida valentía en las polémicas sin contrarios y sin posibilidades de responderle, donde lo que menos demuestra es capacidad de interacción, diálogo y consenso, sino más bien todo lo contrario, como típico amanuense travestido en comisario cultural del régimen.

 

Con tales mediocres abogaditos argumentando en su defensa, un presidente serio y capaz no debería nunca sentirse bien, pero este no es el caso ni mucho menos. Puesto que este supuesto presidente no se trata nada más que de un niño torpe embelesado ante un juguete nuevo que no se ha ganado, y ya con el tiempo las cosas cambiarán: o hará menos declaraciones en su Twitter, o deberán ser otros quienes se las escriban, o los segurosos tendrán que encontrar maneras de controlar la situación, sea bloqueando de alguna manera las respuestas indignadas, o recurriendo a un masivo ejército de aduladores y obsequiosos militantes y “militontos” que de inmediato comenten miles de maravillas cada vez que este mediocre designado presidente ponga sus manos en el teclado de su teléfono celular, para ver si de esa manera se puede atenuar la proporción de rechazos comparativos que generará este personaje cada vez que escriba mentecatadas por medios digitales.

 

Pero si todo esto puede ser problemático -es ya casi una tragedia y apenas ha comenzado a jugar con su cacharrito-, peor será con los otros dos juguetes de los que dispondrá este año: el plan de la economía para el 2019, aprobado -unánimemente, claro está- por el supuesto parlamento cubano integrado por focas amaestradas, y la nueva Constitución de pacotilla que entrará en vigor el próximo 24 de febrero.

 

En el caso del plan, no hay manera de que el gobierno -una orquesta bufa de mediocres sin hormonas ni neuronas para aplicar verdaderas estrategias- logre revertir las tendencias decrecientes y de crisis de la economía, ni sustituir la dependencia perpetua del petróleo venezolano que cada vez llega menos al país y será peor cada día, ni tampoco realizar las transformaciones estructurales que requieren el país y la economía, ni dinamizar la llegada de inversiones extranjeras hasta poder alcanzar los montos necesarios para supuestamente poder hacer crecer la producción y las exportaciones y avanzar hacia un socialismo próspero y sustentable en el que nadie cree, -y menos que nadie el régimen- o detener las intenciones de los cubanos de emigrar hacia cualquier lugar del mundo con tal de poder escapar de la isla-manicomio.

 

Y con relación a la nueva constitución, ni democrática, ni inclusiva ni incluyente, sino precisamente todo lo contrario, puede contarse con que será aprobada en el próximo referendo previsto para el 24 de febrero, por una parte porque el régimen concentrará todo su aparato de propaganda y de terror para lograrlo; por otra parte porque a muchos cubanos les tiene sin cuidado lo que ocurra porque saben que de una manera u otra será impuesta como lo quiera la dictadura; y también porque no pocos de los llamados opositores y disidentes están haciendo todo lo posible desde hace tiempo para que el rechazo a la propuesta de la dictadura pueda fracasar, no solamente por falta de visión política sino también por incompetencia, falta de cooperación y de sentido común.

 

La maquinaria del régimen está diseñada para que en el “referendo” solamente se cuenten los llamados “votos válidos”, es decir, solamente los votos por el “sí” y los votos por el “no”. Con este criterio, las boletas que se dejen en blanco, así como las anuladas, o las abstenciones y la no presencia a votar, por cualquier motivo, aunque se quiera disfrazar bajo argumentos como “rechazo al fraude” o a no “convalidar la dictadura”, que es lo que están promoviendo algunos “opositores” que en la práctica le hacen el juego al régimen aunque no lo quieran -o no se den cuenta- no serán más que boletas que no serán contadas y que facilitarán que el régimen obtenga -sin necesidad de hacer fraude- la mayoría necesaria par aprobar la constitución.

 

Porque se perderán las oportunidades del voto por el “no” de todos aquellos que no se presenten a la votación, así como de todos aquellos que anulen las boletas o las dejen en blanco: que serán obsequiosos regalos gratuitos para la dictadura y para alimentar los egos de determinados “opositores” que parecen más interesados en tener razón sobre sus correligionarios que en golpear al régimen donde de verdad podría dolerle.

 

De manera que dentro de varias semanas tendremos a un flamante presidente cubano con una nueva constitución, un plan de la economía para el 2019, y un Twitter para escribir sus sonseras, y con cualquiera de las tres cosas le estará haciendo mucho daño tanto a Cuba como a todos los cubanos.

 

Es imprescindible, entonces, quitarle esos jugueticos a los niños torpes, porque en manos equivocadas se vuelven instrumentos extremadamente peligrosos.

 

Ya hace sesenta años que los castristas están jugando con cosas que no deberían. Y ya demasiado daño han hecho hasta ahora.

 

¿Hasta cuándo los dejaremos seguir con lo mismo?