Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                         Dr. Eugenio Yáñez

                                                                                                                                                            

 

LAS PRISAS Y LAS PROSAS

 

En este debate alrededor del debate que se está produciendo en Cuba está saliendo a la luz un hecho muchas veces intuido, pero por razones obvias sin anterior evidencia, de la lucha de diferentes fracciones ideológicas dentro de la ideología del castrismo: el grupo de los que tienen prisa, que realmente creen en el proyecto revolucionario y su viabilidad si se adecua a la realidad; el de los que saben que hay que hacer algo para que la caldera no reviente, pero que cargan su prosa con llamados a la paciencia asiática y el análisis de las calendas griegas, grupo conceptualmente absurdo de “revolucionarios conservadores”; y los que quieren más de lo mismo, pero que, dadas las condiciones actuales, tienen que decirlo de manera que parezca que sí, pero no, deja ver, volvamos a pensar en eso…

 

Decía el poeta comunista salvadoreño Roque Dalton, vilmente asesinado por “camaradas” revolucionarios, que Mao Zedong había pedido que se abrieran cien flores en el debate, para después pasar la podadora y eliminarlas todas.

 

Acaso ese sobrecogedor criterio esté en muchas mentes cubanas en ese debate nacional que se está llevando a cabo, mientras la prensa oficial parece no estar enterada que se está discutiendo, o pretendiendo discutir, los acuciantes problemas que agobian a la sociedad cubana y que tienen al país paralizado en el inmovilismo, la vacilación de su dirigencia, y las expectativas de una población que podría estar dando al régimen, quizás por última vez, la oportunidad de demostrar que realmente le interesa resolver los problemas de la población.

 

Aunque en Miami eso no se entienda, o no se quiera entender, como ocurre con tantas otras cosas, en Cuba hay personas que, sin ser imbéciles ni mucho menos, no solamente creen en la justeza y la viabilidad del proyecto socialista y en su propio compromiso personal con la revolución, sino que tienen ideas propias y criterios meditados, que ahora han salido a la palestra del debate con ideas, sugerencias, propuestas y criterios que están poniendo en jaque conceptual al inmovilismo oficial, y abriendo las cajas de Pandora del debate hasta límites tal vez no previstos por el régimen, y absolutamente rechazados por el sector más cavernícola de la nomenklatura.

 

Personas que, aunque no se quiera reconocer, tienen más cultura, experiencia, formación, sentido común, compromiso intelectual y claridad de objetivos, aunque se refieran a la ideología equivocada, que diversos “analistas” y “periodistas” que día tras día inundan el ciberespacio con un anticastrismo visceral y primitivo, nuevas “primicias”, pronósticos tremendistas y sensacionales revelaciones que no solamente no se cumplen, sino que en pocas horas, o cuando más días, se disuelven en el éter virtual sin penas ni gloria.

 

Es más fácil para todos nosotros, fuera de Cuba, marcar a estas personas con el criterio de “gente de la DGI”, es decir, individuos que responden al servicio de inteligencia castrista, que publican sus criterios en los espacios cibernéticos de la Internet para dar una imagen en el exterior de un debate que en realidad no se está llevando a cabo dentro de Cuba.

 

Si algunos de estos individuos responden a los intereses del servicio de inteligencia del régimen, algo que no debería negarse axiomáticamente per se, habría que reconocer que su “leyenda” para la tarea ha sido excelentemente preparada y ejecutada por casi medio siglo, pues, como define uno de ellos, de los de moda, se consideran a sí mismos “de aquella generación [donde] algunos grupos específicos fueron preparados e incorporados a las tareas más difíciles y riesgosas. La mayoría, en esos grupos, eran dirigentes comunistas estudiantiles regionales, provinciales y nacionales. Después, sumergidos en el mar revolucionario dejaron de ser cantera para la FEU, la UJC, el Partido y el Estado y ninguno ha sido nunca más dirigente político de ningún nivel fuera de su ámbito laboral, ni miembro del Comité Central, ni de ningún órgano superior del Poder Popular, ni ha tenido ninguna función mayor en ninguno de las organizaciones políticas, ni en los ministerios, en fin en el aparato de gobierno, solo alguna que otra responsabilidad de segundo nivel”.

 

Sin embargo, los criterios de los individuos que conforman este bloque, y que terminan sus escritos dando vivas a la revolución y al socialismo, expresan una prisa y un alcance que ponen en jaque al oficialismo “reformista”: no quieren esperar por la inminente muerte del Comandante en Jefe, porque saben que las cosas están lo suficientemente delicadas para arriesgar perderlo todo en los propios funerales del faraón, ni quieren limitar los cambios a frijoles y boniatos, sino darles un alcance mucho más profundo y estratégico.

 

Mientras el “Big Brother” desde su cama narra, sinque le interese a nadie, los consejos que le daba al genocida Milosevic, o hace campaña por los socialistas españoles atacando continuamente al expresidentes Aznar, los que de verdad se preocupan por los problemas de los cubanos están de lleno en el debate.

 

No miran para Miami, Washington, o Caracas para encontrar referencias, y a veces ni siquiera para Beijing o Hanoi, sino para Marianao, Chicharrones y Guanabacoa: creen que la solución no está en Caracas ni en La Paz, sino dentro de Cuba y lo que deseen los cubanos. No abogan por una democracia estilo occidental ni multipartidismo, pero tampoco por el bolivarianismo o el indigenismo.

 

Y tienen prisa, porque saben que el Titanic se está hundiendo, y no creen que ordenarle a la orquesta tocar un vals, ni siquiera un guaguancó, impida el desastre. Los títulos de sus últimos trabajos lo demuestran: “Si, Comandante, estoy apurado”, y “Cuba: si no es ahora, ¿cuándo? Si no somos nosotros, ¿quién?

 

Tienen enfrente un régimen sucesorio que está lidiando con la complejidad de mantener el poder a toda costa, y que sabe que hay que hacer “algo”, aunque no sepan qué ni como, y que se mueve entre la vacilación burocrático-conservadora de la nomenklatura y los alertas del “parte operativo” y los “estados de opinión” que indican continuamente que la presión de la caldera sigue subiendo.

 

Donde la prosa sustituye a la prisa, las declaraciones se vuelven esotéricas, donde hay que adivinar entre líneas, y observar tanto lo que se dijo como lo que no se dijo.

 

El Comandante Ramiro Valdés, segundo al mando de facto de la sucesión, expresó este espíritu y este estado de ánimo ansioso-frustrante del régimen, en el 40 aniversario de la muerte de Che Guevara:

 

“Lo que esperamos de este debate es que nos ayude a romper con la inercia, el dogmatismo y el estilo burocrático, a desarrollar el enfoque creador, a liberar donde estén trabadas las fuerzas productivas y a lograr que nos acostumbremos a revisar y actualizar críticamente las fórmulas que aplicamos en la economía y en las distintas esferas de nuestra vida, para que ellas se correspondan con las realidades cambiantes del país y del mundo”.

 

Todo muy claro: declaración que hubiera podido suscribir hasta Mijail Gorbachev al desatar la perestroika. Pero que nadie se equivoque: los límites están perfectamente marcados:

 

“Hay una agenda revolucionaria, pero seríamos ingenuos si no viéramos que el enemigo trata desesperadamente de introducir su propia agenda en esta discusión y, en general, en todo el tema cubano. Hay quienes de modo consciente o inconsciente estimulan el desaliento, promueven teorías peregrinas para la solución de complejos problemas económicos y, peor aún, crean la ilusión de que el conflicto histórico entre Cuba y Estados Unidos pueda resolverse por la vía de las concesiones unilaterales o la espera de favores”.

 

El problema del gato no es que cace ratones, sino que tenga muy claro que el color tiene que ser rojo, o verde-olivo. Es decir, cualquier propuesta puede tildarse como que se sale de la “agenda revolucionaria” y, por lo tanto, descalificarse.

 

De manera que se invita al debate “…buscando soluciones socialistas, o compatibles con el socialismo, para promover la producción de alimentos, el empleo máximo del fondo de tierras, todas las fórmulas sensatas que se puedan hallar para el acopio, la comercialización, el aseguramiento de los recursos productivos, en las condiciones en que los elevados precios internacionales de importación convierten a la agricultura en un factor clave para el balance de la economía”.

 

Frijoles y boniatos, sí, ¿por qué no? ¿Sentido común? Sí, ¿por qué no? ¿Reformas integrales y completas? No, ¿por qué sí? Ni siquiera una extensión del llamado “perfeccionamiento empresarial” a toda la economía. Ajustes, pero no tantos. Cambios, pero poco a poco. No sea que en el movimiento se desajusten las cosas y el poder se nos escape.

 

Y está también el enfoque de la caverna, expresado en esta críptica declaración de Felipe Pérez Roque en la Universidad de La habana, y que tanta fascinación despierta en la prensa española:

 

La Habana, 4 oct (EFE).- El canciller cubano, Felipe Pérez Roque, consideró que Cuba debe adaptarse a las nuevas realidades con flexibilidad y sin dogmatismos, en un debate con jóvenes universitarios sobre el bloqueo impuesto por EE.UU. a la isla.

 

Durante el debate, celebrado anoche en la Universidad de La Habana, varios estudiantes se refirieron a los graves problemas internos de la economía del país y cuestionaron al canciller sobre la capacidad de Cuba para resolver sus asignaturas pendientes en caso de un hipotético levantamiento del bloqueo.

 

Tras insistir en sus denuncias respecto a las pérdidas provocadas en todos los sectores de la vida de los cubanos por el bloqueo económico estadounidense en los últimos 48 años, cercanos a los 89.000 millones de dólares, el canciller cubano invitó al auditorio juvenil a exponer sus planteamientos e inquietudes.

 

Pérez Roque dijo que, aún cuando el bloqueo es el principal obstáculo que enfrenta la economía de la isla, esa medida "no justifica problemas, errores y tropiezos" propios, que son analizados por estos días a partir del crítico discurso pronunciado por el presidente interino, Raúl Castro, el pasado 26 de julio.

 

El joven Damián Dikinson, estudiante de primer año de Ingeniería Eléctrica, preguntó al canciller ¿qué pasaría si nos quitaran el bloqueo y nosotros siguiéramos con algunos métodos de dirección tan deficientes que tenemos, si seguimos con el derroche, con la tierra que tenemos sin ponerla a producir como decía Raúl (Castro)?".

 

El ministro consideró que en ese caso Cuba tendrá que adaptarse a las nuevas realidades, "no podemos ser dogmáticos, tenemos que ser flexibles".

 

¿Pérez Roque o Pérez-troika? Que se equivoque el que quiera, y que se fascine alguna prensa española si desea. Porque el párrafo siguiente es el que trae “la verdadera verdad” del criterio del talibán:

 

Pero señaló que "aquí hay cosas que tenemos que respetar no como dogmas sino como principios, que es defender el socialismo".

 

Explicó que hay problemas que se deben a una "peculiar situación de hoy, pero eso no quiere decir que eso tiene que seguir siendo así. Ese es el resultado de una economía de guerra, de un país asediado, que le faltan recursos, la falta de recursos lleva a la centralización sobre su uso”.

 

Reconoció que la prensa "tiene que reflejar la realidad", pero dijo que también "tiene que hablar de la batalla, de la resistencia y como pudimos romper y resistir al bloqueo".

 

Nadie se equivoque, los talibanes están alertas. Con el garrote en la mano.

 

Raúl Castro llamó al debate el 26 de julio del 2007, y desató muchas expectativas: cada percepción individual entiende lo que se debe debatir y los límites del debate desde su propia perspectiva.

 

Y como sucede siempre en Cuba, las percepciones individuales de la población no coinciden con las percepciones oficiales del régimen.

 

Raúl Castro es un jefe militar a cargo de un campamento en crisis. Planteó misiones y espera que los subordinados traigan propuestas, para escucharlas y tomar la decisión.

 

Entonces vendrá la decisión del jefe y la orden de combate: es su estilo, siempre lo ha sido. Y es lo que se aprende y se enseña en las academias militares.

 

¿Cuándo sucederá? Es difícil saberlo, pero el fin de año sería una fecha sensata. Más allá, sería muy tarde. Antes, sería muy pronto.

 

Allá quienes esperen por congresos del partido o terremotos en la Asamblea Nacional del Poder Popular para definir los cambios: nada de eso.

 

Será la decisión del jefe, la orden de combate.

 

Ya Raúl Castro definió las reglas desde los años sesenta:

 

“La orden del jefe es ley que encarna la voluntad y el mandato de la Patria”

 

Traducción en el 2007: ir contra las decisiones que se anunciarán es traición a la Patria.

 

Así de sencillo.