Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

                                                           por Juan F. Benemelis

 

 

Cuba: Nivel de vida y consumo

 

            Las condiciones de vida y consumo en Cuba se hallan ya por debajo de la línea divisoria de la subsistencia. La comida se ha transformado un problema de seguridad nacional para la supervivencia del régimen, sobre todo en medio de una ambivalente transferencia de poder de Fidel a Raúl Castro. La población, consumiendo apenas 1,200 calorías per cápita, padece de mal nutrición de tercer grado, con insuficiencias en proteínas, calcio y vitaminas "A" y "B" y falta de vitaminas adecuadas como las del "complejo-B".

 

            Según las estadísticas oficiales, el 15% de la población actual manifiesta deficiencias de hemoglobina. La desnutrición y la falta de hierro en la dieta, ha hecho descender la edad promedio de la menopausia en las mujeres, de 50 años en 1985 a 45 en la actualidad. El propio gobierno admitió en su momento que la siclemia (la anemia) era la enfermedad más propagada en el país, especialmente en las mujeres en gestación. En la década cincuenta, cuando el 70 % de la humanidad ingería menos de 2, 000 calorías, Cuba ocupaba el lugar 26 con 2,870, de acuerdo con la FAO. En 1957 se consumió 185,000 toneladas métricas de carne de res y 42,000 TM. de cerdo anuales. 

 

            El conocido muestreo nacional de Jollife (Clark, J. 1992) realizado en 1956 en el sector más pobre de la población cubana arrojo que sólo el 4.3 % de los niños campesinos era deficiente en hemoglobina. De acuerdo con ese estudio, la población campesina cubana consumía 2,500 calorías diarias, y para 1959 la FAO estimaba el consumo por habitantes de calorías diarias.

 

          PAIS           CALORIAS DIARIAS

                                      POR PERSONA (1958)

                 ================================

                        Argentina          3,360

                        EE.UU.             3,100

                        Canadá             3,070

                        Uruguay            2,945

                        Cuba                 2,870

Fuente: UNO Demographic Yearbook. 1955-1959. FAO

                

            El medio rural presenta un 60 % de malnutrición infantil y la población mayor de 7 años consumía sólo 1,800 calorías per cápita. Las investigaciones efectuadas por Gordon y Clark (Clark, J. 1992) arrojan que en el año 1900, la estatura media del cubano era de 166 centímetros; en la actualidad es de 164 centímetros en los caucásicos. El peso promedio de la población en 1900 era de 64.3 kilogramos; en la actualidad es de 62 kilogramos. De acuerdo con publicaciones del propio Ministerio de Salud Pública arroja que un 28 % de la población está baja de peso.

 

            Las pruebas del Dr. Gordon, con refugiados cubanos, presentan parámetros de salud similares a la de los campesinos pobres de 1956, del estudio de Jollife. El medio rural presenta un 70 % de malnutrición infantil; la estatura de los niños menores de seis años se ha reducido. Las consecuencias a largo plazo de la actual dieta cubana, privada de vitaminas y minerales esenciales podían dar lugar en los niños a enfermedades del crecimiento, imposibilidad de aprendizaje, incremento de la mortalidad infantil y descenso en la expectativa de vida. Asimismo los niños nacidos de madres bajo este régimen alimenticio, estarán bajos de peso.

 

            El insuficiente y estricto racionamiento alimentario dura ya cinco décadas. Dentro de la producción social global, el consumo personal ha ido en descenso. En el período que va del fracaso de la zafra de los diez millones de toneladas de azúcar en 1970, hasta la actualidad, la producción de aliment­os no ha crecido, incluso ha descendido, mientras que la población lo hizo en un 13 %, implicando una producción de alimentos per cápita actual inferior a la década de los setenta. Y todo ello a pesar de que en la actualidad el país muestra el índice de fertilidad más bajo del siglo. Desde el año 1969 Cuba ha sido superada por 25 países del Tercer Mundo en el índice de producción de alimentos.

 

            La gran ironía y lo que nadie entiende es que contando con una de las tierras más fértiles del planeta, Cuba no puede alimentar a sus 11 millones de habitantes. El régimen no puede aliviar la escasez de recursos, puesto que su aparato industrial y agrícola nunca ha sido capaz de producir con eficiencia, y jamás ha logrado los volúmenes necesarios para resolver las necesidades del consumo básico alimentario de la población. Uno de los temas controversiales, dentro del sistema, ha sido la orientación en favor de una economía que enfatice el consumo (industria ligera o alimentación) en detrimento de inversiones que restringen el consumo. La alternativa entre ambos esquemas siempre ha sido en favor de una restricción interna del consumo y de voluminosas inversio­nes -mentalidad productiva-, abanderada primero por Che Guevara y luego por Fidel Castro. El resto se halla en la nueva coalición gobernante liderada por Raúl Castro de cuál de los sectores será priorizado.

 

            Aunque nunca ha existido una vertebrada corriente, posición o grupo totalmente favorable a la posición "consumista", la presión y expectativa de la población en favor de mayor cantidad de bienes de consumo se viene reflejando muy intensamente en  el país y va adquiriendo mayor importancia, a partir de la Proclama del 2006. La tensión dentro de la estructura del poder (talibanes versus aperturistas) responde al carácter conservador en favor del racionamiento y anti-mercantil y las ideas abanderadas por los otros en favor de la abolición de la libreta de racionamiento, mediante mecanism­os de oferta y demanda. Al menos eso es lo que se piensa en las calles de Cuba, y ojalá no estén equivocados.

 

            La  política de "rectificación" introdujo medidas de control que afectaron el nivel de consumo y vida. El alza de los precios a los artículos de primera necesid­ad y la imposibilidad de crear nuevas fuentes de trabajo, sumado a la división provocada por la dolarización agudizan la crisis del subempleo y el desempleo. Todo ello ha provocado una reacción negativa en la poblaci­ón, con un salario medio estancado desde 1984. En la actualidad, a la familia cubana pasó de consumidora de alimentos importados a campesinos de azotea. La población cultiva vegetales, tubérculos y cría pollos en las azoteas de los edificios y casas, en diminutas parcelas, en bolsas plásticas y en gomas de automóviles para aliviar en algo la carestía de alimentos en las tiendas.

 

            La ganadería vacuna y avícola se sustenta con la importación de alimentos concentrados, los cuales han sido reducidos a casi cero, dejando sólo como opción los pastos, y en consecuencia impidiendo un salto en la producción de leche y huevos. Los vegetales, el arroz, la carne, frutas y demás se mantienen estrictamente racionad­os. El déficit en carne de res es de tal magnitud que sólo se encuentra el mercado negro. El hurto y sacrificio ilegal del ganado vacuno resulta escandaloso. Incluso aquellos sectores que se presentaban al mundo como grandes logros, los servicios sociales, han sido reducidos.

 

            El costoso pleno empleo, determinados logros en áreas de la educación, la salud pública, la masificación del deporte y las artes, la protección a los desvalidos, que para la mayoría de la población significó durante una etapa de este proceso, no hubiese sido posible sin la inyección económica de la antigua Unión Soviética, puesto que la economía cubana fracasó. Por eso, los fracasos económicos del modelo que se adoptó son irreversibles, no pueden mejorarse, y si lo dudan es bueno que se estudie la razón del fracaso de Mijail Gorbachev; la única solución es un cambio total del modelo económico.

           

Hay menos combustible,  menos maquinaria, menos eficiencia, menos medicinas; y la dificultad de hacer una comida al día incrementa el ausentismo laboral. Los ómnibus llegan tarde, si llegan. Las industrias, oficinas y cafeterías, por lo general, están cerradas; en las bodegas y tiendas brillan por su ausencia los zapatos, la leche, el papel sanitario, el aceite, el pollo, huevo y otras fuentes de proteínas. Las expediciones para buscar comida y el uso de la imaginación para compensar las necesidades se han transformado en un problema de "seguridad nacional" para la supervivencia del régimen, y en el motor diario de la vida del cubano.

 

            El deterioro del servicio de agua y gas, sumado a las afectaciones de la industria alimenticia han creado situaciones de extrema irritación, generalizando el robo y el asalto. El transporte automotor está extinguiéndose. La escasez y la casi desaparición del transporte ha desplomado la moral en las áreas industriales urbanas. Aparte de los carros de policía, del ejército, los taxis de turistas y autos de altos dirigentes casi nada corre por las calles de los pueblos cubanos. En todo el interior, los carretones tirados con caballos o bueyes operan como transportes de mercancías y los obreros agrícolas y campesinos pedalean sus bicicletas de un campo cultivado a otro. La recogida de basuras se realiza casi en su totalidad con caballos, carretones y mulos. El país parece congelado en el tiempo, fuera del mundo, fuera de la gasolina, ubicada en algún momento entre el siglo pasado y este, donde todo el mundo espera, nadie sabe qué.

 

            Cuba sigue siendo un país donde los hechos de violencia no tienen peso en el balance general de la criminalidad, y donde son mayoritarios los delitos motivados por la presionante situación económica y la subsisten­cia. Asimismo el alcoholismo se ha convertido en un motivo de preocupación por sus perjudiciales consecuencias sociales y para la salud. La repercusión de la adicción al alcohol, su incidencia en los modos de conducta y hasta su vinculación con el suicidio en casos extremos de depresión son particularmente altos.

 

            El puritanismo de la revolución se ha venido abajo con la estrategia de buscar divisas. Para miles de hombres extranjeros las mujeres cubanas resultan la principal atracción de la isla. Y, debido a la severa crisis económica, niñas tan jóvenes como de trece años se prestan a cambiar sus cuerpos núbiles por una comida en un hotel o algún regalito de ropas y comidas. Por ese camino, Cuba se acerca a Tailandia donde el turismo sexual es la industria más boyante. Algunos turistas se ven atraídos por la arena blanca y fina de Varadero o Cayo Largo, o por la arquitectura colonial de la Habana Vieja; pero otros vienen por el sexo. Los turistas europeos se van impresionados por la pobreza en que la revolución ha sumido a la isla y sus pobladores; otros deciden no retornar por el mal servicio hotelero. Los que regresan, lo hacen en su mayoría por la nostalgia de volver a abrazar las tiernas jovencitas que revolotean en los bares y calles adyacentes a los hoteles turísticos.

 

            Se ha estimado el déficit de vivienda en 1,600 millones de unidades. El 71% de las edificaciones existentes en el país tiene más de 37 años, y el 60% de su total se halla en mal estado. El hacinamiento de la población es elevado, generalizándose las villas miserias en las periferias urbanas. En La Habana hay 94 barrios considerados "insalubres" y 79,000 solares; hay  censadas 400 000 viviendas sin electricidad y más de 700 000 personas no tienen acceso al agua corriente o de acueduct­os. El derrumbe de las viviendas es inmenso provocando una de las tasas de divorcios más altas del mundo y la inestabilidad familiar. Puede aseverarse que la inflación es tan colosal que el régimen no dispone de los mecanismos para medirla, y menos aún controlarla.

 

            La emergencia de este submundo urbano en una sociedad que durante décadas ha predicado la erradicación de los vicios públicos ilustra otra faceta del decaimiento revolucionario, no menos problemática y contradictoria, en momentos que corteja al capital occidental. El hundimiento de los niveles de consumo y vida en las capas de bajos ingresos, sobre todo en las provincias orientales, sobre todo en la población negra y mulata, bordean la indigencia. En un país donde la carne, los huevos y la leche son tan escasos que valen más que las joyas, y donde las frutas y vegetales se pierden por meses, la malnutrición se ha expandido tanto que es evidente con sólo caminar por las calles. La que fuera una vez la gran ciudad de La Habana es un lugar deprimente y decrépito. Viviendo bajo temperaturas superiores a los 35 grados, con un servicio telefónico raquítico y casi total ausencia de transporte público.

 

            Cuba sigue presentando el índice de divorcios más alto del continente, debido a la falta de vivienda, inestabilidad familiar, separación constante del núcleo familiar, un constante y masivo exilio, que ha debilitado en extremo la tradicional institución de la familia. En las tres ultimas décadas el país sufre mutaciones violentas en todos sus ordenes (demográfico, económico, tecnológico, religioso, de valores humanos y sociales, etc.) y además hace acto de presencia una nueva generación, mayoritaria por cierto, sin conexión alguna, política o humana, con el actual entablado del poder en la Isla y con el exilio tradicional cubano.

 

            Aquellos que ven las carestías del cubano que con ansiedad extiende sus manos abiertas, se sienten conmovidos de compasión y abogan por una ayuda humanitaria, sin considerar el elemento político. ¿Eso no lo ve la actual sucesión temporal? Los que ven el lado despótico responsable de tal miseria y dispuesto a sacrificar al pueblo por el poder, aquellos que ven cómo se transforma la decencia humana en ventaja política, sólo apoyan los aspectos más básicos. Los primeros piden ayudar a los sufridos hermanos, y los últimos claman que ayudarles prologa su sufrimiento. Ambas posiciones disponen de lógicas convincentes y son parte de un conjunto político inseparable.

 

            El “paquete” venezolano no es suficiente para subsanar la tremenda ineficiencia del modelo cubano y la nomenclatura se enfrenta a sus propias contradicciones, a su fracaso, a su ineficiencia. La tensión entre las insatisfacciones y la imposibilidad por resolverlas se ha ido agigantando en el último año, provocando diferendos entre productores y nueva clase, burocracia y partido, ejército y partido. Es poco razonable pensar que los cubanos permanezcan agradecidos eternamente por recibir justamente la cantidad de alimentos necesarios para sobrevivir, una educación que le permite leer sólo consignas e inyecciones de penicilina; la vida es mucho más que eso y en Cuba se sabe.

 

            El régimen tiene que romper su esquema de producción uniform­e, debe echar a un lado su afán por buscar volúmenes, la tecnocracia tiene que inclinarse por la variedad, la presencia, la calidad y los gustos de la población. Sólo que para ello tendrá que alterar los patrones y modelos actuales de producción, así como la regimentación de la distribución. Con la parálisis estratégica, e incluso táctica, y su indecisión de abrazar la reforma, por no contradecir al moribundo Fidel Castro, este dilema aún se mantiene sellado.

 

            Ya es tiempo para poner fin al famoso "Período especial en tiempo de Paz", al programa de austeridad progresiva, para movilizar los recursos económicos, políticos y psicológicos del país, no importa con cual color del gato. Las contorsiones de la vida diaria en Cuba son conocidas, así como los padecimientos del pueblo cubano y las calamidades que se anuncian resolver y no se resuelven, y el comentario en la calle es siempre que mañana será peor que hoy, que la dirigencia cubana no sólo es indolente al sufrimiento del cubano, sino que en esencia no es cubana, pues no piensa en el pueblo.

 

            Cuba exhibe hoy día toda la patología del imperio al cual perteneció, excepto una, la del colapso. Nos preguntamos hasta dónde puede prolongarse este bajo nivel económico de Cuba y de su pueblo, en especial cuando la actual retórica no disminuye la agonía de una realidad de racionamiento severo y de tiendas y bodegas vacías. El abismo entre la retórica del gobierno y la realidad de la calle parecía que iba a disminuir con el pase a retiro del Máximo Líder y los atisbos “esperanzadores” en algunos discursos de Raúl Castro. Pero nada ha ocurrido.

 

            A partir de julio del 2006 ha concurrido el tiempo de dos cosechas agrícolas… suficiente tiempo para haber duplicado la producción agraria del país, para haber solucionado los problemas básicos de la alimentación, al menos en viandas, vegetales, hortalizas, apicultura, avicultura, porcino, etcétera. Para todos es conocido que más del 50% de la tierra cultivable está sin cultivar, que la maquinaria y los equipos se explotan por debajo también del 50% y que la fuerza de trabajo se halla tremendamente desestimulada. Ante ese panorama, no resulta difícil, con ciertas medidas organizativas, el reemplazo masivo de cuadros políticos por técnicos al frente de las empresas agropecuarias, y 3 ó 4 medidas de incentivación laboral y liberalización empresarial para lograr resultados.

 

            Ahí reside la primera y acaso la potencial contradicción fatal: una dirigencia que con Fidel Castro todos los días proponía estrategias de solución que nunca se aplicaban, y una administración temporal de Raúl Castro que nunca ha hablado de una estrategia de solución.

 

            ¿Por qué el temor? ¿Es más importante no disgustar al “Uno” que a 11 millones? ¿Por qué Raúl Castro no se olvida del “Comandante” y sus ideas siempre incosteables e ineficientes y abraza la suerte de 11 millones de cubanos? ¿No se da cuenta Raúl Castro que Cuba vive y trabaja como en 1868, cuando no había petróleo, electricidad, trenes, autobuses, alimentos congelados y empacados? Y si el cubano no explota en las calles, dentro de sí aspira a los niveles de consumo del primer mundo, que los conoce, que sabe que los tuvo, y que sabe que los puede tener si se preocupan por ello.

 

            Si, como dice la prensa oficial, éstos son tiempos de unidad, los factores de unión son las dificultades y la incertidumbre de lo que va a pasar en el futuro. Uno de los comentarios actuales en boga es que Cuba es aquel desierto donde Moisés predicó durante cuarenta años el advenimiento de una tierra prometida, de abundancia, que no se veía en el horizonte. El pueblo cubano, militante, disidente, abúlico, católico, santero, anti-americano, pro-americano, de todos los colores, y de todas las provincias no está satisfecho y quiere un cambio… por lo menos rápidamente en su nivel de consumo y de vida.

 

            La pasión nunca debe sobreponerse a una compasión que alimente a caudillos, que ha sido el mal cubano desde la manigua mambisa hasta hoy en día. La gran equivocación de esta élite es haber pensado que la victoria de 1959 les regaló de por vida la dirección de un país. Estos no son tiempos de pedir “fe” a los dirigentes… son tiempos de dirigentes que logren resultados o de lo contrario deben ceder su lugar a otros más aptos. El país no es propiedad de la élite, los elegidos a la Asamblea no son más inteligentes que los electores, el país es del cubano de la calle y este exige que ya se resuelvan los problemas.