Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

                                                           por Juan F. Benemelis

 

 

ANATOMÍA DE UN MITO: LA SALUD PÚBLICA ANTES Y DESPUÉS DE 1959

 

 

LA REPÚBLICA “FRUSTRADA”

 

            En las estadísticas oficiales comparativas con la época prerrevolucionaria no se incluye la medicina privada que era una esfera muy vasta, distorsionándose el cuadro referencial. La República dedicaba el 10 % de su presupuesto anual a la esfera de la salud.

 

            La salud se hallaba atendida por un sector público financiado por el gobierno central, provincial o municipal. Existían, además, seguros sociales, hospitales de beneficencia, escuelas de medicina. Los servicios del sector público eran gratuitos, con independencia de los ingresos individuales. El Ministerio de Defensa estableció también hospitales para sus miembros y familiares, como el militar y el naval. Existía el hospital de la policía, administrado centralmente.

 

            La red de hospitales comprendía los de tipo general en las ciudades más populosas. Existía infantil, de maternidad; también los había especializados para lepra, enferme­dades mentales, cáncer, poliomielitis, oftalmología, ortopedia, tuberculosis, pediatría, enfermedades contagiosas y cardiología. Completaba esta red de hospitales, los llamados dispensarios, que eran unidades bastantes generalizadas, cuyo objetivo era diagnosticar y tratar en su primera instancia enfermedades específicas como la tuberculosis, lepra y enfermedades de la piel o pediatría. En los municipios del interior existía una extensa red de  servicios externos y primeros auxilios, a través de doscientas casas de socorro.

 

            Cuba estableció en el año 1916 programas de seguro social, con una elevada proporción de personas cubiertas, donde los empleadores estaban obligados a asegurar sus trabajadores en las compañías autorizadas; se protegía el accident­e del trabajo y enfermedades profesionales y de maternidad. Las compañías privadas sufragaban la atención médica y el trabajador escogía el médico y el hospital.

 

            En 1933 se estableció el seguro de maternidad, donde los fondos, aportados por empleadores y trabajadores, eran administrados por una institución autónoma, la Junta Central de Salud y Maternidad, compuesta por representantes del gobierno central, los empleadores y los trabajadores. Estos fondos posibilitaron la construcción de varios hospitales de maternidad; además, el seguro sufragaba el costo del médico o comadrona que la atendía en el momento del parto.

 

            Existían hospitales financiados por instituciones no lucrativas, como los de la Liga contra el Cáncer y la Liga contra la Ceguera, así como hogares de ancianos y orfelinatos. En 1958 había en Cuba un hospital universitario, el Calixto García, bajo la administración de la escuela de medicina de la Universidad de La Habana, cuyos servicios eran gratuitos. Se generalizaban los pequeños hospitales financiados por empleadores en grandes empresas (como los ingenios azucareros) que estaban lejos de poblaciones importantes.

 

            En América Latina, Cuba tenía en el año 1958 la más alta proporción de población cubierta para las necesidades de atención médica a través de un sistema de institu­ciones no lucrativas, mutualistas, financiadas por beneficiarios, dando especificidad al sistema de atención médica de Cuba. Su origen data del siglo XIX, cuando los inmigrantes españoles fundaron asociaciones de bienestar, según la región de origen. Las más solventes, como el Centro Gallego y el Centro Asturiano, crearon sus hospitales; con el tiempo, estas instituciones, por su excelente servicio y bajo costo, admitieron a cualquiera que pudiese pagar la cuota, que nunca excedió a diez pesos mensuales.

 

            En 1927, la población de La Habana era de unos 500 000 habitantes; de este número, 200,000 incluyendo a sus familiares, estaban recibiendo benefici­os de las asociaciones mutualistas españolas; 100 000 recibían atención médica en instituciones privadas y 100 000 insolventes cuya atención médica se suministraba por hospitales y dispensarios estatales y municipales.

 

            Por tanto, el posible mercado para la medicina privada, estaba muy limitado, no superaba al tercio de la población habanera. Como consecuencia, muchos médicos crearon clínicas a bajo precio que pudieran competir con los centros mutualistas. Estas clínicas o quintas, como también se les llamaba, eran consideradas por la legislación como organizaciones no lucrativas.

 

            En el año 1958, el número de ciudadanos que pertenecían a asociaciones mutualistas sobrepasaba el millón (1,150,000), o sea, una quinta parte de la población total de Cuba se encontraba cubierta por este sistema. A pesar de la amplia red de instituciones de carácter público y el continuo aumento de asociaciones mutualistas y cooperativas médicas, la práctica privada de la medicina era amplia en Cuba. Por el sector privado habían servicios financiados por no beneficiarios, cono instituciones de caridad, hospitales de escuelas de medicina privada, servicios médicos industriales a cargo de los empleadores.

 

            Instituciones lucrativas de servicios médicos habían privadas y de compañías de seguro; hospitales privados, consultas privadas de médicos y la medicina naturalista. El número de hospitales privados dedicados sólo a servir a pacientes que pagasen individualmente por los servicios recibidos era limitado. La inmensa mayoría de los médicos cubanos compartían el ejercicio de su profesión entre una institución, para la que trabajaban a sueldo, y la práctica privada de la misma. En algunos casos los pacientes de las consultas privadas del médico eran los mismos que atendía en el hospital. Los médicos localizados en pequeñas comunidades estaban casi siempre limitados a las consultas privadas pero no era extraño que el pago de sus servicios lo recibiese en especie.

 

            Finalmente, también podía hallarse en Cuba la farmacopea naturalista, en conocimientos empíricos sobre las propiedades curativas de yerbas medicinales, principalmente entre la población rural, pobre y a población negra. Asimismo, el farmacéutico ejercía una práctica de consejos gratuitos sobre la medicina apropiada para enfermedades simples.

 

            El desarrollo de la atención médica en Cuba durante el período entre los años 1899 a 1958 se reflejó en una mejoría en las condiciones de la salud en la población. La tasa de mortalidad por cada mil habitantes en Cuba, durante la República, a grandes rasgos, se comportó de la manera siguiente.

 

            AÑO            TASA  '000

            1900           24.4

            1932           11.0

            1958            6.8

 

            Si se hace una comparación entre los países del hemisferio occidental, puede apreciarse que las tasas de mortalidad general Cuba eran las más bajas del continente, incluyendo a Uruguay, Canadá, Argentina e incluso los Estados Unidos. Respecto a la tasa de mortalidad infantil en Cuba, tenemos las cifras siguientes:

 

            AÑO     TASA  '000

            1926     58.5

            1949     40.5

            1958     33.7

 

            Cuba ocupaba el tercer lugar continental de mortalidad infantil en el año 1958, sólo por debajo de Estados Unidos y Canadá. De acuerdo con informes de la Unión Panamericana de la Salud y del Banco Mundial, este índice de mortalidad infantil, de 33.7 por mil, era inferior a la de países desarrollados de la época, como Alemania occidental, Italia y España. Una comparación entre las clases de enfermedades causantes del número más alto de muertes en el ano 1906 con las del período de 1943 a 1951 arroja como enfermedades más frecuentes en países poco saludables (enteritis, tuberculosis, malaria, tétano) mostraban una tendencia a disminu­ir.

 

            Los estudios universitarios de medicina en Cuba era uno de los más rigurosos y estrictos del mundo occidental. El informe del Banco de Reconstrucción y Fomento de 1951 aseguraba que "Cuba tiene algunos de los mejores médicos y cirujanos del mundo". El número total y la tasa de médicos en Cuba, durante el período republicano crecía continuamente.

 

            AÑO           MÉDICOS     MÉDICOS POR 10 000 HAB

            1899               1,223         

            1943               3,533                7

            1958               7,000               12

 

            Así, para 1957 Cuba ocupaba en el continente el quinto lugar de habitantes por médico, (1 por cada 833) superado por escaso margen por Argentina, Estados Unidos, Uruguay y Canadá; considerando que en el período republicano Cuba experimentó una de las tasas demográficas más altas del continente.

 

            Durante su historia, Cuba cada 30 años disminuía a la mitad el número de pacientes atendidos por un médico. En 1958, Cuba ocupaba el lugar 28 en el mundo en la proporción de médico por habitantes, pero en 1980 había descendido al lugar 35, con 1 médico por cada 700 habitantes. En la actualidad Cuba debería tener una proporción de 1 médico por cada 416 habitantes, a la par de los países más altamente desarrollados.

 

            Si bien ninguna enfermedad había alcanzado proporciones epidémicas desde hacía veinte años, en 1958, Cuba tenía aspectos que requerían atención y mejora en el área de la salud.  Habían deficiencias en zonas del interior donde se sufría de parásitos y desnutrición. Existía un aspecto desfavorable en la relación médico por habitante, al no existir una distribución equitativa en el territorio, concentrándose los médicos en las grandes urbes. Asimismo, existía una concentración de hospitales en las capitales, poco incentivo de los médicos para ir a áreas rurales.

 

            La proporción de camas de hospitales con respecto a la población en 1958 era de una cama por cada 174 habitantes y una cama de hospital público por cada 294 habitantes. Estas cifras son bastante similares a las dadas por las Naciones Unidas, que fijó la proporción de una cama de hospital público por cada 300 habitantes en el año 1957. Aunque, la distribución de cama por habitante era irregular. De acuerdo con el informe del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, en 1953 había en la provincia de La Habana 1 cama por cada 82 habitantes y en Oriente 1 cama por cada 545 habitantes. En 1958 existían en Cuba 35 000 camas hospitalarias (sin incluir los hogares de ancianos) lo que arrojaba una proporción de 1 cama por cada 174 habitantes. En 1982, de acuerdo con datos del propio gobierno de Castro había 1 cama por cada 211 habitantes, incluyendo las camas de hogares de ancianos.   

 

            Antes de 1959 existían:

 

ESPECIALIDAD      HOSPITALES  DISPENSARIOS  CASAS SOCORRO

Primeros Aux.                                                                                  200

Generales                        50

Pediatría                            8                              28

Obstetricia                         8

Tuberculosis                     30                                5

Psiquiatría                           2

Cáncer                                2                                2

Lepra                                  3                               10

Poliomielitis                         1

Oftalmología                       1

Cardiología                         1

Ortopedia                           2

 

            Así, en el año 1958 la mortalidad general era del 6.8. Con altos niveles de ingresos y de consumo, la expectativa de vida del cubano, en la década de los años cincuenta rondaba ya los setenta años, como ha sido expresado recientemente por varios demógrafos extranjeros que realizaron estudios en la Isla de Cuba en esa época. Esa cifra den su época superaba a muchos países desarrollados de esa época. Vale decir que en casi treinta años, el gobierno de Castro sólo ha logrado elevar en dos años la expectativa de vida de la población. 

 

            El "Statistical Abstract" de Estados Unidos ubica a Cuba en 1958, en el tercer lugar continental, sólo detrás de Argentina y Uruguay, en la proporción de médicos y dentistas por habitantes: 1 por cada 781 habitantes, por encima de países como Inglaterra, Francia, Holanda y Finlandia.

 

 

LA SALUD “REVOLUCIONARIA”

 

            En las primeras dos décadas de la revolución se publica poco sobre el estado general de la actividad, desestimándose aspectos cardinales como el comportamiento de la salud por provincias, niveles económicos, grupos étnicos. En el año 1966 el país entró en un modelo económico que no haría uso de las estadísticas, donde en la salud pública, muchas series estadísticas fueron discontinuadas, para luego, ser reconstruidas en los años 1973 y 1974, con la puesta en vigor del Nuevo Sistema de Dirección y Planificación de la Economía. A partir de ese momento, las estadísticas e informes de salud presentan saltos sospechosos que no se corresponden con la marcha que se venía produciendo. A despecho de tales estadísticas, era notorio el deterioro acelerado de la asistencia médica.

 

            No es posible considerar el estado de la salud en Cuba sólo a partir del índice de mortalidad general o la infantil; hay que analizar los factores genéticos, nutricionales, el medio ambiente, la prevención de enfermedades, la docencia médica, la atención hospitalaria, la farmacopea. Si algo es notorio en Cuba, es que su medicina no es preventiva, y la dieta básica normal es magra en proteína, calcio y minerales, conducentes a vulnerabilidades patológicas.

 

            El deterioro de la salud pública es tan escandaloso como el derrumbe de las viviendas. La superficialidad y los errores en los diagnósticos resultan constantes, así como el mal trato a los pacientes; es significativa la falta de atención médica en las prisiones de la Isla, que ha provocado numerosas quejas internacionales. En Cuba uno recibe las recetas en la consulta del médico y entonces el paciente tiene que salir y tratar de comprar su medicina en la calle.

 

            En ese cuadro se conjugan los contratiempos de una docencia médica masiva con un alto número de graduados, cuya vocación no es exactamente la salud humana; la escasez, mala calidad y elevado precio de los medicamentos, donde la medicina sólo es gratuita para los ingresados.

 

            Llama la atención también, la mala atención hospitalaria, ocasionada por la falta de personal auxiliar y de enfermería, los desniveles de recursos técnicos entre un puñado de instalaciones élites y el resto, la ausencia de recursos sanitarios elementales en el ámbito colectivo y privado y el descuido de las precauciones epidemiológicas.

 

            La carencia de medicinas y equipos hospitalarios, en policlínicos y hospitales no se resolvió, pese a que mucho de lo necesario podía adquirirse en los antiguos países del bloque soviético. Era conocida, además, la pobre calidad de los medicamentos soviéticos, especialmente los antibióticos, con el consiguiente deterioro de la higiene y calidad de los servicios. Esto se unen ahora la mala atención hospitalaria, la ausencia de recursos sanitarios elementales en el ámbito colectivo y privado y el descuido de las precauciones epidemiológicas.

 

            Se está tratando de resolver la falta de anestesia con la acupuntura; es común en el interior que ciertas operaciones ortopédicas y las cesáreas se realicen sin anestesia; asimismo, se generaliza la medicina verde. Las farmacias públicas carecen de casi todos los medicamentos básicos, incluyendo la penicilina, que en el sistema hospitalario se carece por varias semanas seguidas.

 

            En los hospitales es elevado el índice de muertes en las salas de ingreso por falta de equipos adecuados, como superficies de apoyo para el masaje cardíaco externo; para el tratamiento de patologías uterinas y de asmáticos. Los pacientes de riñones mueren por la escasez de piezas de repuesto para los aparatos de diálisis. Cuando uno compara las cifras del país, desde el año 1900 hasta  el 2007 se da cuenta que la mortalidad general y la mortalidad infantil van descendiendo sistemáticamente, y que el castrismo sólo ha mantenido el ritmo que ya venía desde la República. 

 

            En el año 1958 la mortalidad general era del 6.8; cinco décadas después, en el 2007, era alrededor de 5.7; es decir, el régimen de Castro sólo ha podido hacer descender la mortalidad general en 1.1. La mortalidad infantil en los años sesenta, que aumentó alarmantemente, al punto que en 1962 fue de 41.5 por mil, en 1972, trece años después del triunfo de la revolución, fue que logró emparejarlo a los niveles de los años cincuenta. Este retroceso de la mortalidad infantil en los 13 primeros años del régimen de Castro se debió a la mala alimentación de la población, la falta de medicamentos, la pobre atención hospitalaria, la poca calidad docente en la medicina y la falta de higiene en los centros urbanos y rurales.

 

            Con altos niveles de ingresos y de consumo, la expectativa de vida del cubano, en la década de los años cincuenta era superior a los 70 años, como ha sido expresado recientemente por varios demógrafos extranjeros que realizaron estudios en la Isla de Cuba en esa época. Esa cifra de vida era alta para su época, y superaba a muchos países desarrollados. De acuerdo con el lugar que ocupaba Cuba en los años cincuenta, la expectativa de vida debía ser hoy día alreded­or de 76 a 78 años, mucho más de lo que Castro se vanagloria. Vale decir que en 49 años, el gobierno sólo ha logrado elevar 2 años la expectativa de vida de la población, y Cuba ya no se halla entre los primeros países del mundo, como lo estaba en 1958.

           

            El índice de muertes por suicidios, violencia y accidentes, y los diagnósticos de neurosis y depresión son tan elevados que las autoridades de salud no se atreven a publicar las cifras.  Cuba, con más de dos mil suicidios promedio anual, ocupa el segundo lugar del mundo y uno de los primeros lugares en per cápita de muertos por vehículos. De acuerdo con cifras oficiales publicadas, la causa principal de defunción en el grupo de 15 a 49 años, es la violenta; y las razones de los suicidios son la frustración social, la falta de valores éticos y religios­os, la compulsión política y la disolución y separación familiar.

           

            El número anual de hospitalizados por quemadura asciende a 30,000 casos. El 76% es de origen doméstico, como cocinas y equipos electro-doméstico improvisados, la vieja cablería eléctrica del país, el deterioro de las viviendas y los intentos de suicidio. La donación de órganos al Estado se ha convertido en una obligación política y la donación de sangre es obligatoria para obtener el ingreso hospitalario. Cuba había logrado controlar las enfermedades transmisibles ya para los primeros años de los cincuenta, y los casos más frecuentes pasaban a ser los degenerativos. Hoy, las enfermedades transmisibles ocupan el primer lugar.

 

            Castro respondió a la desaparición del subsidio que mantenía su economía con un "socialismo o muerte". Para 1992, inició un plan de supervivencia, conocido como la "opción cero", por la cual Cuba retrocedió a la era preindustrial. De inmediato se vino abajo el sistema de salud, bienestar social y educativo. Las masivas deserciones escolares y el brote de enfermedades infecto-contagiosas no se hicieron esperar.

 

            Las enfermed­ades infecto‑contagiosas son preponderantes; las presiones psicológicas de un ambiente de control y penuria merman la resistencia inmunológica. El sistema de salud no puede controlar las enfermedades contagiosas de cuadro complejo, como las del tracto digestivo, las venéreas, hepáticas, fiebres tropicales. En las zonas montañosas es crónico el parasitismo y los cólicos; el 11 % de la población padece de diarrea.

 

            Han retornado enfermedades erradicadas como la tuberculosis, la parotiditis, la rubéola, la china, el sarampión, la malaria, la brucelosis humana. La influenza, la neumonía y la bronquitis, controladas desde la década de los cuarenta con el uso extensivo de los antibióticos, han cobrado fuerza nuevame­nte. Los casos de blenorragia se han cuadruplicado; la sífilis ha ido extendiéndose al punto que el 4 % de la población presenta una serología positiva. La hepatitis viral, ya una rareza en 1958, se ha disparado, en un país donde menos del 50 % de las viviendas recibe aguas tratadas, y la construcción de acueductos es casi nula. El dengue aqueja anualmente a más de un millón de personas; asimismo la conjuntivitis hemorrágica y la meningitis han retornado; también el glaucoma, cuyo número de pacientes cifra ya el 4 % de la población.

 

            Las úlceras pépticas y las enfermedades y muertes cardiovasculares han ascendido geométricamente; el 10 porciento de la población ya padece de asma. El cuadro de la higiene y enfermedad bucal es en la actualidad crítico, considerando que solamente en La Habana el 64 % de la población mayor de 15 años necesita prótesis dental. El país ya presenta problemas de salud a largo plazo, asociados con los de nutrición del Tercer Mundo. Cientos de miles de cubanos se hallan crónicamente desnutridos, además de los que se hallan exhaustos ante el colapso de la infraestructura urbana, y los cuales han terminado en un estado de desempleo temporal.

 

HIGIENE Y PROTECCION LABORAL

 

            La higiene y la epidemiología son acaso los factores más visibles del estado de salud del pueblo. Hay gran indolencia parte del personal estatal para que las reglamentaciones higiénicas y los medios de protección para cada puesto de trabajo sean cumplidos. El control sobre los vectores sólo aparece cuando estallan los casos y las nuevas construccion­es no se realizan cuidando el medio ambiente y de la higiene comunal.

 

            Los procesos de obtención de alimentos tampoco guardan las más elementales normas de higiene, y el deterioro de las industrias alimenticias del país se ha convertido en foco de enfermedades, ante la ausencia de un organismo rector capaz de exigir por el cumplimiento de las normas higiénico‑sanitarias. El ciudadano  ingiere alimentos cuyas fuentes de abastecim­iento, almacenamiento y transporte, tratamien­to, manipulación, exposición y venta no es objeto de un riguroso control bacteriológico y microbiológico. Los productos procesados para consumo próximo no tienen fecha de vencimien­to, especialmente los de niños, cuyos envases generalmente están oxidados o su contenido en fermentación.

 

            En un país como Cuba, donde transitan miles de turistas, estudiantes de varios continentes, donde no existen chequeos epidemi­ológicos a los mismos, o controles a las enfermedades subclínicas y sus portadores, corren el peligro de que a través de las excreciones de los extranjeros se trasmitan enfermedades a la población. En los hospitales cubanos muchos pacientes perecen innecesariamente de infecciones postoperatorias porque los cirujanos no pueden lavarse las manos con jabones antisépticos o agua destilada pues ambos artículos virtualmente no existen.

 

            Las normas de higiene para el control epidemiológico de las enfermedades transmisibles, los medios de protección laboral y las reglamentaciones existentes, el cuidado del medio ambiente, el control de los contaminantes industriales y la higiene del trabajador no son puntos importa­ntes en la agenda sindical, de las administraciones o del gobierno. El obrero cubano debe enfrentarse a las condiciones inseguras de un equipamiento de maquinarias industriales obsoletas, presionado además para cumplir las normas de producción fijadas, y en ocasiones sobre cumplirlas.

 

            El medio ambiente laboral, especialmente en las plantas de cemento, tubería, asbesto, textileras, detergentes, jabonería, etcétera es tan deficiente que abundan las enfermedades profesionales.  No existen chequeos pre-empleos y periódicos, ni clínicas especializadas en enfermedades del trabajo. Así, los índices de accidentes laborales son los más elevados del continente. Los sectores con mayores incidencias son la agricultura, la construcción y el transporte. La mortalidad por quemaduras, que suma más de mil por año, sólo es parangonable con los fallecimientos por accidentes de tránsito.

 

            Lo mismo puede aplicarse a la higiene escolar, donde los estudiantes no están sometidos a chequeos continuos, ni medidas de prevención de accidentes o enfermedades. El currículo escolar del Ministerio de Educación no dispone de materias que eduquen en todo lo relativo a la higiene. Por otra parte, la situación de las edificaciones escolares, sobre todo en la primaria, resulta en muchos casos peligrosa. El trabajo de los niños en las zonas agrícolas los expone constantemente al riesgo de adquirir parasitismo, enferme­dades dérmicas, asma e intoxicaciones por plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, amén de que las tierras son regadas con aguas contaminadas. En ocasiones se han detectado regadíos con aguas negras provenientes del sistema público de alcantarillado, como el caso de los huertos escolares de Santiago de Cuba.

 

CONTAMINACION AMBIENTAL

 

            Muchos fenómenos afectan el medio ambiente cubano: la insalubridad de las corrientes superficiales y subterráneas, la contaminación de la leche y los focos de vectores en las concentraciones urbanas. Asimismo, la higiene en Cuba podría abordarse desde cuatro dimensiones: higiene ambiental y comunal; higiene de los alimentos; higiene del trabajador; higiene escolar. El régimen esta haciendo todo lo posible porque los problem­as de la contaminación del medio ambiente no se transforme en un capítulo crítico como sucedió con los derechos humanos. La Academia de Ciencias aborda oficialmente, tanto dentro como fuera del país el tema de la contaminación y se llevan a cabo algunos trabajos general­es con amplia difusión sobre dragados de ríos, filtros en fábricas, sanitación de algunos desagües. 

 

            Los principales focos contaminantes generados por la industria azucarera, los desechos industriales, los sólidos de las zonas urbanas y otras fuentes contaminantes, siguen desatendid­as, puesto que los sistemas de tratamientos de residua­les agropecuarios e industriales requieren de altas inversiones y de tecnologías sólo posible de adquirir en el Occidente.

 

            Falta la vigilancia sobre las industrias emisoras de contaminantes atmosféricos, especialmente en las grandes ciudades. Cuando se plantean las construcciones de fabricas cuyos componentes del proceso industrial son sustancias altamente agresivas, no se tiene en cuenta el control de sus residuales que al final del proceso van a actuar en deterioro del medio ambiente. Asimismo, figuran los desechos domésticos e industriales, aquellos generados por fábricas azucareras y otras instalaciones de dicho sector, así como las empresas agropecuarias, las procesadoras de alimentos y los centros comunales.

 

            Los procesos naturales de las aguas superficiales están bloqueados puesto que las bahías de mayor importancia o puertos de amplio calaje se contaminan por el desagüe de sustancias agresivas y los ríos funcionan como lagunas de oxidación, donde van a parar desde materias orgánicas hasta residuales industriales. El vertimiento de algunas sustancias químicas tóxicas y su sedimentación en los fondos acuáticos y en los organismos que lo pueblan, es la causa de la ruina de la riqueza pesquera en determinadas regiones.

 

            El manejo de los residuales sólidos y líquidos de las viviendas e industrias no existe. La contaminación biológica creada fundamentalmente por el vertimiento de las aguas albañales es capaz de trasmitir y provocar enfermedades dañinas a la flora y la fauna acuática, y por su intermedio, la contaminación llega a los seres humanos. Un caso es el rió Luyanó, en la capital, que recibe los desperdicios del matadero Antonio Maceo, y las destilerías Cuba y Habana; no hay control ni forma de evitar a corto plazo esta contaminación del rió Luyanó, que desemboca en la bahía de La Habana, y del arroyo Pastrana.

 

            Los efectos de la contaminación sobre los recursos pesqueros se evidencian cada vez mas debido a la degradación del medio acuático en diferentes partes del país, peligrando la perspectiva de un crecimiento sostenido de la producción pesquera. Así, han desaparecido algunas especies comerciales de ciertas zonas de la plataforma insular por el deterioro del hábitat. La contaminación afecta aquellas especies que tienen su ciclo de vida asociado a los sistemas lacunares, los esteros, las bahías y a la zona costera en general; también, a los que habitan embalses y ríos por ser estos lugares receptores inmediatos de la descarga de sustancias contaminantes. Las especies más afectadas han sido el machuelo, el boquerón, la lisa, el ostión, el cangrejo y otras. Incluso especies en peligro de extinción, como la caguama, son pescadas sin limitaciones por los privilegiados del régimen y los turistas extranjeros.

 

            Los medios de dispersión de los contaminantes son muy variados. Entre los mas reiterados vehículos de contaminación están los plaguicidas y fertilizantes, cuyo uso se ha generalizado en la atención de diversos cultivos agrícolas. Así, es evidente la falta de control de la contaminación marina, el estado deplorable del sistema de saneamiento, de alcanta­rillado, el volumen de aguas residuales y materias químicas y fecales en las corrientes superficiales. Sin dudas se está en presencia del área más contaminada del Hemisferio occidental.

 

            En las partes más viejas de la ciudad de La Habana, cientos de familias están condena­dos a vivir entre heces fecales, ante la tupición del alcantarillado. A la escasez de agua en esta zona, se suma el hacinamiento, la falta de vivienda, las pésimas condiciones de inmuebles y el número de locales deshabitados, verdaderos criaderos de vectores transmisores de enfermedades. Con dos millones de habitantes y cien millas cuadradas dispone de un sistema de alcantarillado para excretas, construido en 1908, cuando la población era de 500 000 habitantes. La vieja red de tuberías de alcantarillado y los acueductos pierden agua por salideros mientras se contamina la que traslada; alrededor del 50 % del agua corriente se pierde por las filtraciones y salideros.  El mal estado del alcantari­llado, provoca que las aguas albañales y las heces humanas se filtren en las tuberías del acueducto. En varias ocasiones se han desatado por esta razón epidemias de tifoidea en la capital.

 

            La ciudad de La Habana produce anualmente más de 400 mil toneladas de basura con un magro parque de camiones para la recogida diaria conformando un ambiente de insalubridad. Así, las montañas de basura son un paisaje normal en las aceras y los solares. Por otra parte, los residuos humanos sólidos no disponen de un higiénico almacenamiento, recolección, transporte y disposición final. Los basureros se hallan prácticamente dentro del casco de las principales ciudades cubanas. Las acometidas domiciliarias son muy viejas; no existe tratamiento de las aguas residuales y su vertimiento de hogares e industrias no se controlan.

 

            La zona del Malecón, desde la desembocadura del río Almendares hasta la entrada de la bahía es inadecuada para los baños de mar, ya que en este litoral continua latente el riesgo de transmisión de enfermedades por vía hídrica. A pesar de ello, oleadas de jóvenes, privados de las tradicionales playas hoy dedicadas al turismo, van a nadar a estas aguas para mitigar el sofocante calor tropical. Pese a ello, las autoridades no alertan a la población del peligro contaminante del litoral habanero. Por esta vía pueden adquirirse enfermedades como la hepatitis, fiebre tifoidea, enfermedades diarreicas agudas, y el parasitismo. El contacto con las aguas contaminadas esta provocando además afecciones graves en la piel, como la dermatitis, en los ojos, como la conjuntivitis, así como también de nariz y oídos como la rinitis y otitis.

 

            No existe un mantenimiento sobre los recursos naturales, descuidándose las reservas hidráulicas. La protección a las fuentes de abasto de agua en pequeñas comunidades no se tiene en cuenta, observándose contaminaciones del manto freático en toda la Isla, por el uso indiscriminado de herbicidas, fertilizantes e insecticidas dañinos para el organismo humano. El suministro de agua a la población se realiza en forma discontinua, debido a las roturas y las afectaciones. Las condiciones de la red de distribución de agua se encuentran en tal mal estado que es imposible aplicar las presion­es a las bombas, por las roturas a lo largo de su trayecto, implicando que las zonas elevadas y los edificios altos padezcan de escasez, acumulándose en el interior de las conductoras materias extrañas.

 

            A través de toda la historia de Cuba, se ha suministrado agua en las comarcas rurales mediante corrientes superficial­es (ríos, arroyos), amén de las subterráneas (pozos), utilizándose también en ocasiones los aljibes. Al no existir supervisión ni tratamiento que impida la contaminación de estas masas de agua con materias orgánicas, inorgánicas altamente agresivas y residuales industrial­es, por donde además cruza el ganado, los campesinos se ven afectados por brotes epidémicos, diarrea, parasitismo intestinal y dérmico, fiebre tifoidea.

 

            Cuba no logra proveer a la población de los consumos mínimos de agua potable previstos internacionalmente, que son de 200 litros diarios por habitantes en las ciudades y de 75 litros en las áreas rurales, al no existir suficientes plantas potabilizadoras y no haberse rehabilitado las redes secundarias de acueductos en la magnitud requerida, especialmente en ciudades como La Habana, Santa Clara, Holguín, Santiago de Cuba, Guantánamo, que cuentan con un sistema de tuberías maestras con más de cincuenta años, cada vez más los servicios de camiones pipas resultan la base de obtención del precioso líquido en las ciudades.

 

            Los volúmenes de los embalses de agua que abastecen a la ciudad de Santiago de Cuba, la segunda del país, siempre se hallan en su punto crítico. Las fuentes directas de abasto de Santiago de Cuba son las presas Gilbert, Charco Mono, Paradas y Chalons. La ciudad se halla en todo momento bajo drásticas regulaciones para la entrega de agua a la población y las industrias y centros de trabajo y fabriles; y es común el movimiento de camiones cisternas.

 

            Las fábricas como pasteurizadoras, de bebidas, licores y refrescos, las textileras, centrales azucareros, consumen la cuarta parte del agua tratada. Una de las consecuencias desastrosas es el almacenamiento de agua dentro de las viviendas fomentándose criaderos de vectores transmisores de enfermedades que periódicamente aparecen en forma de brotes epidémicos, tal es el caso del mosquito "Aedes Aegipty" y la transmisión del dengue. El control epidemiológico en puertos y aeropuertos es casi nulo. El cuadro higiénico y epidemiológico es comprometido. Existe poco control de los contaminantes industriales; la higiene del trabajador y la escolar es deficiente.

 

            El país puede catalogar­se como un territorio susceptible de afrontar en cualquier momento azotes epidémicos de efectos devastadores.