Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                     por Antonio Arencibia

                            

CRITERIOS ANARQUISTAS DENTRO DE CUBA EN EL DEBATE DE LAS REFORMAS

El debate convocado por el Sucesor en Jefe el 26 de julio pasado sigue siendo silenciado por la prensa oficial. La excepción es cuando se pronuncian en apoyo de esa iniciativa otros miembros de la cúpula política, como Machado Ventura o Ramiro Valdés, o cuando el propio Raúl Castro exhorta a la población a “hablar con valentía”. Pero los muchos o pocos planteamientos que se hacen en las reuniones convocadas y el nivel de profundidad de los mismos están sometidos a una atmósfera solo comparable a la de otro secreto de estado. Es como si el partido de los sucesores estuviese promoviendo su programa en la clandestinidad, y se viera amenazado por tan grandes peligros, que lo llevan a actuar con excesiva cautela temiendo que la impericia en conducir las discusiones le haga perder el rumbo, -o el timón-, al frente del régimen.

 

Si son fidedignas las notas tomadas en  reunión en mayo pasado entre los organizadores del VII  Congreso de la UNEAC y el Jefe del Departamento de Cultura del Comité Central, Eliades Acosta[1], las intenciones originales de la nueva dirigencia eran lograr un ambicioso diálogo nacional en todas las esferas para alcanzar consenso sobre los cambios.  Por eso el flamante funcionario partidista dijo en mayo que respecto a la cultura:

“…, el Departamento tiene una gran tarea que es dialogar, para que dentro de un año, ojalá pueda hacerse antes, dialogar con toda la Sociedad Cubana, dialogar quiere decir dialogar de verdad, para que dentro de un año, con buen tiempo, nosotros podamos acercarnos a una política de consenso aplicable a estos tiempos…”

 

Pero las dificultades para lograr ese diálogo en el terreno de la cultura en Cuba no son diferentes a las que enfrentan los nuevos gobernantes al abordar los más serios problemas de la economía y la política. Como reconoció el jefe de la nomenklatura cultural en la citada reunión:

“…se nos acusa, y no sin razón, frecuentemente, que hemos construido estructuras prepotentes, que no escuchan, que no dialogan y cuando estalla un problema, descubrimos tarde y apresurados la necesidad del diálogo, del debate, del intercambio.”

 

EL TIEMPO Y MÚLTIPLES TEORÍAS

 

Por eso algunos partidarios de los cambios estructurales, preocupados por la dilación en abordar reformas concretas, están alertando a Raúl Castro de que el tiempo no juega a su favor. Como ya se ha hecho habitual, utilizan para ello los medios de izquierda en la Internet, donde recientemente aparecen artículos con títulos como “Sí Comandante, estoy apurado” y  “Nunca es tarde si la dicha llega, pero… evitemos se demore”[2]. En ellos dos autores cubanos coinciden en exhortar al nuevo gobernante a dar un viraje que conduzca a un socialismo participativo, democrático y autogestionario.

 

Por otra parte, de manera directa o indirecta, se han ido introduciendo elementos en el debate en torno a los cambios del “socialismo cubano”, que representan el abanico de las distintas teorías que se han enfrentado históricamente en el terreno de las ideas políticas. Así publicadas fuera de Cuba, y con eco creciente en el interior de la Isla se ha abogado por cambios basados en el guevarismo, el trotskismo, el stalinismo, el titoísmo y el socialismo de mercado de los asiáticos.

 

Es así que sale a flote en el momento de la crisis definitiva del régimen, lo silenciado durante casi medio siglo bajo el úkase de la ortodoxia más oportunista. En este ensayo de teatro cubano, junto a Trotsky y Bujarin, que regresan a vengarse, como “convidados de piedra”, del stalinismo cubano, reaparece Mijail Bakunin para burlarse de la concepción marxista del socialismo de estado.

 

IDEAS ANARQUISTAS REAPARECEN EN CUBA

 

El estudioso de las guerras de independencia en la Isla no puede soslayar la importante participación en ellas de los anarquistas cubanos, a contrapelo de la línea política que seguían sus correligionarios europeos. Eso contribuyó a que el movimiento sindical cubano se mantuviese influido por las ideas anarquistas hasta 1926 en que fue asesinado Alfredo López fundador de la Confederación Nacional Obrera de Cuba. Pero años más tarde, como ha señalado el escritor J.F. Paniagua en La Haine[3], los escasos militantes anarquistas cubanos chocaron con la dictadura de Castro por su énfasis en la libertad individual, en el federalismo y en la educación libre y sus críticas al centralismo agrario propuesto por la Reforma Agraria.

 

Esto los llevó al éxodo hacia los Estados Unidos a mediados de la década de 1960, donde se constituyó el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE), pero tal como ocurriera en el movimiento trotskista, a fines de los 60 e inicios de los 70, “la propaganda del castrismo parecía estar ganando la batalla y demasiados medios libertarios de Europa y América Latina tendían cada vez más a apoyar la Revolución Cubana, teniendo que soportar el MLCE nuevas acusaciones de estar al servicio de la reacción.”

 

Si en principio entendemos que, - como dice ese artículo-, el discurso anarquista no ha muerto en Cuba, hay que alertar al lector que no estamos en presencia de una doctrina monolítica. Históricamente el anarquismo ha aparecido bajo distintos nombres y variantes que enfatizan en aspectos diversos de la doctrina. Para referirnos solo a las más importantes tenemos  que el norteamericano Benjamín Tucker apoyaba el individualismo, mientras el ruso Mijail Bakunin respaldaba el anarco-colectivismo.

 

De ésta última variante surge el anarco-comunismo de Kropotkin, también conocido como comunismo libertario. Si analizamos la estrategia a seguir para alcanzar la sociedad libertaria, siguen las diferencias, pues encontramos desde los ultra-pacifistas, los anarcosindicalistas, los anarquistas municipalistas y los independentistas, hasta los grupos anarquistas insurreccionalistas.

 

Tras un lapso de muchas décadas, aprovechando el debate propiciado por los sucesores, están reapareciendo algunas de las ideas del anarquismo en la propia Isla, manifestándose desde una posición de apoyo crítico al régimen. Es por eso que estamos reproduciendo a continuación el artículo de Ramón García Guerra, “En política las inconsecuencias se pagan caras”, recientemente aparecido en Kaos en la Red y que reivindica cambios en la sociedad cubana desde posiciones cercanas al socialismo libertario. No es la primera vez que el autor, que se dice profesor de una universidad cubana, escribe de forma crítica sobre la realidad del país.

 

El 17 de septiembre Kaos en la Red publicó bajo su firma “¡Cuba es de todos!”, donde reprodujo su intervención en la Cátedra “Haydee Santamaría”, de la sección de crítica e investigación de la Asociación “Hermanos Saíz”, cátedra que, -dice-, fue creada hace diez años para debatir los temas de actualidad desde una posición de izquierda, y “dentro de la Revolución Cubana”. Ya en aquel trabajo García Guerra apuntaban criterios que coinciden con los propuestos por los anarquistas municipalistas:

 

“Exigimos, por ejemplo, anclar la ejecución del presupuesto estatal en la comunidad. Definir las prioridades allí. Esto es, allí donde el control popular se hace más urgente, riguroso y eficaz. La gestión del presupuesto en el municipio --es decir, el dinero del pueblo trabajador que se convierte en gasto público-- continúa siendo patrimonio de elegidos. Nada es diáfano, nítido. Todo es difuso, opaco. Esto da un colosal margen de manipulación de “vidas y haciendas” por parte de una burocracia cínica e indolente. […] Debemos atacar al status quo por este flanco.”

 

En el trabajo que hoy reproducimos, muchos de los planteamientos del autor  critican la ofensiva encabezada desde el 2001 por Fidel Castro, que trataba de solucionar nuevos problemas con viejos métodos, describiéndola así:

 

 “[d]esde la dirección política se hace un diagnóstico que visibiliza un grupo de problemas que, asimismo, serán integrados en un programa de gobierno; Batalla de Ideas. […] Liquidado el problema, entonces, todo regresa a manos de aquel organismo de la Administración que continúa operando con las viejas reglas del juego. Estamos ante un ciclo vicioso que no se cierra nunca.”

 

En otra parte García Guerra ha advertido que “[e]l déficit democrático de ésta [Batalla de Ideas], entre otras cosas, explica la convocatoria al debate que en estos momentos libera la dirección política del país”.

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A lo largo de este trabajo, -a veces de forma sutil, otras directa-, el autor argumenta por qué fue una gran estafa la Ley General de la Vivienda de 1986,  critica el freno impuesto por “el hombre del orden”, al trabajo por cuenta propia y las pequeñas empresas, o  condena el desmantelamiento inconsulto de la industria azucarera.

 

Mientras en Cuba, muchos de los burócratas que integran la nomenklatura simulan que hay un debate, y muchos de los intelectuales, -más hábiles-, simulan que opinan, hay unos pocos que se lanzan de lleno a la herejía y en busca de la libertad se arriesgan a decir pequeñas o grandes verdades que siguen alimentando la caldera de presión de la opinión pública.

 


 

[1] La Voz Ajena XVIII, www.lapatriafalsa.blogspot.com, octubre 10, 2007.

[2] Pedro Campos, “Sí Comandante, estoy apurado’, Kaos en la Red, Octubre 9 de 2007; Miguel Arencibia Daupés, “Nunca es tarde si la dicha llega, pero... evitemos se demore”, Kaos en la Red, Octubre 12-07.

[3] J.F. Paniagua,  “Cuba, la revolución que no fue”, La Haine, Octubre 8 de 2007.

 

 

 

 

En política las inconsecuencias se pagan caras

 

Ramón García Guerra, Kaos en la Red

 

En medio del debate sobre la definición de un proyecto de nueva sociedad, que adopta como motivo el discurso del compañero Raúl Castro el 26 de julio de 2007, (porque la cuestión de fondo es esta: ¿Qué será de Cuba y de cada cubano en el futuro?), cierto malestar popular se revela y hace catarsis. Sale a flote. Tiene un carácter de excepcionalidad política dicho debate: “hablen con sinceridad y libertad”, nos dicen. ¿Acaso no es posible en Cuba hacerlo así todos los días? ¿Excepción política o política de excepción? Ya se hizo esto en 1991. (Sobre este asunto hemos de volver: ¿Cómo se hace política en Cuba?) El dilema es sensible: ¿Cómo traducir ese malestar popular en conciencia crítica y esta última llevarla a proyecto de país? ¿Cómo hacer que las prácticas e instituciones sociales oficien como interfaces de esa conciencia crítica popular? Es decir, ¿cómo convertir ese espacio de reflexión en un ejercicio colectivo que trascienda hacia las causas y condiciones que justifican ese desamor y no se reduzca en estéril simulacro de identificación de los “culpables” del mismo? Porque ahí están los CDR, la FMC y la ANAP, por ejemplo, órganos de corte paraestatal en sus orígenes, siendo estos los vestigios de un modelo de democracia popular en los 60, al cual más tarde se yuxtapuso otro de corte clase-obrerista a mediados de los 70, que hoy han perdido densidad social y exigen ser subvertidos ambos, en tanto son expresión de un socialismo igualitario que se agotaría a finales del siglo XX. La clave se encuentra en la ofensiva del Gobierno cubano: Batalla de Ideas. Che Guevara diría: ante nuevos problemas, viejos métodos. El déficit democrático de esta, entre otras cosas, explica la convocatoria al debate que en estos momentos libera la dirección política del país.

 

Empecemos por el problema más complejo del país: la vivienda. (El otro problema sería la cuenta corriente, pero desde 2003 todo cambio.) Según un estudio de CEPAL-INIE (2004), entre 1998 y 2002 se construyeron en Cuba 170 mil viviendas. (Las cifras las aportó el Gobierno cubano.) En cambio, como resultado de la ofensiva contra ilegalidades en el sector de la vivienda, el Instituto Nacional de la Vivienda reportó (2005) haber descubierto 346 mil construcciones ilegales en Cuba. Sólo por este concepto se calcula que la economía sumergida llegó a movilizar el 25% de la deuda externa cubana en ese período. Entonces me asaltan dos preguntas al respecto: ¿Qué grado de gobernabilidad tiene el sistema? (Sólo en Ciudad de la Habana laboran 14 mil funcionarios en el sistema.) ¿Cuán potente y sofisticada es la economía underground en Cuba? La ofensiva policíaca y administrativa contra las ilegalidades en el sector de la vivienda no trascendió hacia las causas y condiciones que animaban aquel dilema. Junto al agua sucia (especulación), se lanzó a la criatura (autogestión) por la ventana. Por tanto, la mala hierba ha vuelto a crecer, y ahora, con “sistema inmunológico” contra operativos policiales. Porque la cuestión era política, no administrativa y policíaca --según le alerté a los compañeros encargados de la tarea en aquel momento (2000)--. La gran estafa fue la Ley General de la Vivienda en 1986: se trasfirió la propiedad de la vivienda del Estado a la población a cambio de un documento sin valor jurídico alguno, restando el exceso de circulante monetario sin respaldo material y echando el deber nunca cumplido del arrendador (Estado) de reparar la vivienda que rentaba al arrendatario (población). Tampoco se aseguró un abasto de materiales de construcción más o menos regular. Ahora se criminaliza a la víctima. Detrás está una manera de hacer política que se agotó.

 

Cuando tocó fondo la economía en 1993, ¿qué hizo el Gobierno cubano? Legalizar la medida del repliegue que había establecido el pueblo con su “heroísmo cotidiano frente al infortunio” –como diría Ernesto Sábato--. Sin embargo, ahora que va en contraofensiva omite al pueblo. Este es un ángulo del asunto. El otro ángulo se refiere a la existencia de un maridaje regresivo entre los saberes expertos y la cultura popular. Pegados como el alcatraz al mar, se hace política sobre el cotidiano sin tomar distancia del mismo. La cosa no se reduce a administrar bien un país, sino hacer surgir la nueva sociedad desde el ancien regime. Como lo haría el cristo Jesús con los panes y los peces. La cuestión no es reproducir esas “estrategias de sobrevivencia” del pueblo como “teoría del socialismo” sin tomar la distancia debida. Porque todo intento de fuga nos reconduce al lugar de partida. Los estudios económicos en Cuba, asimismo, han seguido esta lógica reductiva. En los primeros 90 hablan los economistas de las PYMEs[1], pues cierto modelo autogestionario (civilista) inunda el país. Pero ante la eclosión de dos mil asociaciones civiles, en sólo tres años: 1990-1993, cierra el dominó el hombre del orden. ¡Ni una más! Está en peligro la gobernabilidad del sistema estatista. Cuando tiende a recuperarse la economía nacional, y el país reorienta sus mercados hacia América Latina, entonces se adopta el discurso de la CEPAL de finales de los 90. Econometría pura. Testimonio del cambio en patrones de acumulación de capitales en el Continente: sustitución de importaciones por diversificación de exportaciones, etcétera. Ahora hablan de “Economía y sociedad”. En fin, entre un modelo de sociedad política que se agota y un sentido común en situación límite, no hallan los economistas una mejor solución. Después de 1998 la economía envió una señal: falta una reconversión tecnológica del país y no hay financiamiento para ella. Entonces se acude a tecnologías blandas: Proceso de Perfeccionamiento Empresarial. Algo que viene de antes, que ahora recupera su aliento. Pero… Economía sin conciencia no es socialismo. Esto justifica la Batalla de Ideas y descalifica sus métodos. Che Guevara diría: “El viejo dilema entre contenido y forma”.

 

El modelo de sociedad política que estableció el socialismo igualitario se legitima en la lógica mayoría-minoría y no del consenso-disenso. Por tanto, el método es regresivo por definición: Desde la dirección política se hace un diagnóstico que visibiliza un grupo de problemas que, asimismo, será integrados en un programa de gobierno: Batalla de Ideas. (Las cifras del último Censo fueron ocultadas durante varios años.) Liquidado el problema, entonces, todo regresa a manos de aquel organismo de la Administración que continua operando con las viejas reglas del juego. Estamos ante un ciclo vicioso que no se cierra nunca. Desde 2005 acuso: Las políticas económicas y culturales en Cuba tienden a reproducir las viejas estructuras de opresión. La mitad de las inversiones del país se realizan donde sólo habita el 20% de los cubanos: Ciudad de La Habana. Tenemos a la peor Europa dentro de la Universidad: por ejemplo, los estudios de Derecho Constitucional en Cuba no incluyen a la Constitución haitiana de L‘Overture. Este es el resultado de una manera de hacer política que, además, ha creado una estructura binaria en la economía y un estado de diglosia en la sociedad. La gente no es hipócrita sino que esta obligada a emplear en la vida cotidiana más de un código para sobrevivir. La retórica oficial lo negaría pero… Estamos en una sociedad dividida –oficial y sumergida-- donde hacemos un diálogo de sordos. Todo eso frente a un debate vital para todos: ¿a dónde va Cuba?, ¿qué haremos con nuestras vidas? Existe un efecto acumulado de esas políticas. En el discurso del compañero Fidel Castro en Granma, se hace referencia a un municipio que no integra la geografía de esa provincia: Arroyo Naranjo. ¿Por qué? Pilón, Cauto… La sociedad local allí colapsó. Cuatro años de trabajo intenso (2001-2005) habían creado una infraestructura que debe asegurar un modelo alternativo de sociedad local en la región. ¿Logrado allí de manera endógena por los pobladores de Granma o creado e importado desde una oficina refrigerada en El Vedado? La cosa se hace difícil cuando el modelo agotado falla en su propia lógica.

 

En los bateyes vive el 10% de los cubanos. La historia de la nación cubana no se puede contar sin hacer referencia a la historia industria del azúcar en Cuba. ¿Cómo fue que en sólo meses se hizo más “rentable” traer azúcar de Nueva Zelanda que moverla en Cuba? ¿Cómo fue posible que en Gran Bretaña se instalara una industria de subproductos a partir de la caña de azúcar cubana? Algo más difícil aún: Según la lógica de mayorías del modelo político en cuestión, el 10% de los cubanos es mucha gente. Por ejemplo, en los bateyes viven más cubanos que en Miami. ¿Quiénes fueron consultados ante una reconversión tecnológica tan radical en comunidades que por más de diez generaciones han vivido al ritmo de la “sirena” del Central? Roque Dalton nos recuerda en su poema-collage “Un libro rojo para Lenin”, nunca publicado en Cuba, (entonces, éramos más bolcheviques que los soviéticos), cierta denuncia de Lenin ante Zinoviev: “Y usted, por lo que creo entender, teme decir la verdad a las masas. Quiere hacer política proletaria con recursos burgueses”. (“Zinoviev se rió, irritado”.) Zinoviev es, en Cuba, el hombre del monedero: el Elegido. Las cuentas reales, en cambio, dicen otra cosa. Cada tres pesos de ingreso personal en Cuba sólo uno se realiza como salario. Por tanto, es infame decirles a los cubanos que el Estado-padre de familia nos regala algo. ¿Acaso los cubanos le debemos algo a alguien en Cuba? El sudor del pueblo trabajador se hace gasto público. Es una práctica de solidaridad que llamamos en Cuba: “socialismo” y que debemos cada día mejorar. Y esto no se aparta de la lógica de mayorías que alienta al modelo de sociedad política que se agotó e insiste por mantener su espacio de legitimidad en Cuba actual. Che Guevara se refiere a una vanguardia que implosiona cuando “el hombre adquiere la total conciencia de su ser social”. La oreja peluda del populismo está detrás.

 

Difícilmente un contador, al hacer el balance contable de una empresa, imagina que debate un proyecto de sociedad tras sus cálculos. Tampoco un arquitecto imagina que, al estimar la distribución de áreas colectivas y personales en una vivienda en particular, toma partido por un proyecto de sociedad. Este es el dilema de fondo. Las políticas públicas dejan intocada la vida cotidiana de las gentes. Estas no logran una solución de continuidad que subvierta el poder alienante del capital en sus diversos ámbitos: trabajo, sexo, subjetividad y autoridad. Entonces llegan los lebreles del capital para especular con un sentido común enfermo. Como nada marcha bien se regresa a lo que “funcionó” en algún momento anterior. Las armas melladas del capitalismo se emplean así para construir la nueva sociedad. La falta de una cultura del diálogo en Cuba tiene “causas viejas, motivaciones nuevas” --diría Che Guevara--. Según sea el ámbito de poder y la temática a debate, se puede ser: reformista, revolucionario o anarquista. Es decir, uno no escoge nunca esta o aquella actitud ante el status quo. Todo se debe a la resistencia que este ofrezca al cambio. En todos los ámbitos donde el poder del Estado obrerista llegó al extremo y cerró puertas, no tiene sentido otra respuesta que la anarquía. En cambio, allí donde el diálogo, la autogestión (no estatista, no civilista) y el consenso se abrieron paso –según nuestra definición del socialismo libertario--, entonces, adoptar actitudes reformistas tienen sentido. Porque la solución de este dilema no se encuentra en un tipo de propiedad u otro, sino en el ejercicio de poder –según Aníbal Quijano[2]-. Todas las formas de propiedad han sido fuentes de alienación humana. Cuando hablo de conciencia que hace economía me refiero al socialismo libertario como manera de hacer política.

 

Desde luego, esa filosofía debe inundar los vasos capilares de la sociedad. La realización de la política social cae básicamente sobre el municipio. Cuando se estudia la economía de un municipio como Plaza de la Revolución, por ejemplo, donde coinciden un centenar de empresas de distinta subordinación: nacional, provincial y municipal, todo ello, bajo dos variables únicas: dotación de recursos y eficiencia económica, es sencillo advertir que aquellas empresas peor dotadas (municipales) son las más eficientes porque están bajo la presión popular. Ciudad de La Habana tiene 105 Consejos populares. El gasto público en educación cada mes, en un solo Consejo Popular, puede estar entre 120 y 150 mil pesos. Luego, si en cada escuela todo el Consejo de Padres tomara en cuenta que el dinero del “presupuesto” es su dinero, y que se juega con él para justificar los ingresos de una cooperativa de la Agricultura Urbana, contra la dieta de sus hijos, entonces, todo sería diferente en esa escuela. Este tipo de anclaje de la gestión económica en los intereses más cotidianos del pueblo, incluido la decisión sobre las prioridades a adoptar en cada comunidad, resulta más congruente con el proyecto emancipador que implica un modelo de sociedad abierta y libertaria que anima a la Batalla de Ideas en Cuba. (Esto significa que, fines y medios en la Batalla de Ideas se dan de narices.) Alguien colgó un cartel en la Universidad donde ofrezco clases, para informar que la carrera de un arquitecto cuesta al Estado 38 mil pesos. Pero un grupo de estudiantes hizo otra cuenta. Sumaron al esfuerzo colectivo del pueblo el de sus padres. La cifra era entonces de 63 mil pesos. En verdad no era una simple corrección de cuentas, sino, se trataba de una subversión de la lógica populista.

 

Todos hoy discuten un proyecto de país. Pero esto ha ocurrido antes, a las menos, tres veces más. La tarea de decidir un proyecto de país se presentó a inicios de las décadas de 1960 y de 1970, y se abrió como debate público a mediados de la década de 1980. Che Guevara abrió un gran debate público sobre un proyecto de sociedad entre 1963 y 1964, que no estuvo cerrado a otras voces. (Pienso ahora en el derecho a participar que tiene James Petras.) Es decir, cuando el pueblo apenas se había alfabetizado Che Guevara entiende que discutir el destino de la nación era tarea de todos. Eso ocurre en 1986 también pero no en 2001. En eso consiste el déficit democrático de la Batalla de Ideas. Por eso ahora se debe regresar atrás para empezar de nuevo. Cierro con una fea noticia este artículo. Nos va la vida en ello, diría Autier[3]. Confiamos en los expertos la tarea de decidir qué proyecto de país sería el mejor a inicios de los 70. Estos fueron tras los petrodólares por todo el mundo. Sumando tres egresos: a) los intereses de su deuda externa, b) el costo de inversión en una planta industrial obsoleta que debemos reconvertir para poder lograr una inserción favorable en la economía mundial hoy, y c) el proceso de acumulación de la nueva clase (tecnocracia reciclada) en la década de 1990, todo ello junto, hace un monto mínimo de 100 a 120 mil millones de dólares. Superior al impacto del criminal bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra el pueblo de Cuba (según cuentas oficiales: 86 mil millones de dólares). Esto sin considerar los efectos colaterales que produjo: depredación en almacenes por empleados, gastos de administración en exceso, etcétera. Estimando una apertura del 30% en divisas del PIB cubano, entonces, la mala noticia sería: El imperio y sus lebreles en Cuba nos han robado veinticinco años de vida. ¡Para llegar a 2007 con vida hemos tenido que invertir cinco lustros de vida más! Esto se llama “baja calidad de vida”, entre otras cosas.

 

En un diálogo personal le sugerí al sociólogo portugués Boaventura Sousa Santos[4], en Casa de las Américas (2005), tomar en cuenta que, con un parteaguas en 1968, el estilo de hacer política para la izquierda en el mundo occidental se había convertido de estatista en civilista a partir de esa fecha. Todos los proyectos libertarios anteriores habían sido estatistas. Incluida la Revolución cubana. Todos los proyectos libertarios posteriores han sido civilistas. Incluida la Revolución bolivariana. El ingente esfuerzo por encontrar alternativas entre las prácticas cotidianas de los pueblos oprimidos, que realiza Sousa Santos, según mi opinión, peca de invertir los términos del discurso sin subvertir la lógica de poder. (En cambio le aplaudo cuando habla de reinventar la democracia o reinventar el Estado.) Entonces le advertí: Estatismo y civilismo son dos caras de una moneda. La tarea es rearticular la relación entre Estado y sociedad de manera más orgánica y pertinente, con la intención de facilitar una urgente transferencia de poder constituyente del primero a la segunda. (Hablamos del derecho a hacer sociedad.) Che Guevara diría: La tarea de construir el comunismo debe comenzar desde el socialismo. Es decir, la batalla contra el capitalismo en medio de la transición socialista no debe hacernos perder la perspectiva del objetivo histórico de la revolución. El dilema de la izquierda en Cuba es precisamente ese: está huérfana de ideales. Hace política tan sectaria como la derecha en el país. La batalla de los e-mails entre los intelectuales en Cuba, por ejemplo, tenía por objetivo defender ciertas cuotas de saber-poder y no evitar un momento regresivo en la cultura nacional. Por eso el debate se detuvo en la crítica al “pavonado” y no atacó al “aldanato”. Esto le hubiera obligado a considerar al Estado obrerista (1971-1989) de conjunto. Les falto coraje político a todos. ¿Cooptados, ignorantes  o confundidos? Nos da igual. Todos le hacen el juego al status quo: Nueva Economía más Estado policíaco.

 

NOTAS DE CUBANALISIS


 

[1]. Acrónimo de “pequeñas  medianas empresas”.

[2] Sociólogo peruano de la nueva izquierda, destacado tanto en el movimiento antiglobalización como en el indigenista.

[3] Parece referirse a Pierre Autier, dirigente del movimiento religioso de los cátaros, quemado en la hoguera por la Inquisición en Francia en el siglo XIV.

[4] Catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra y miembro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madison, Wisconsin.  Participa en el Foro Social Mundial contra la globalización.