Cubanálisis El Think-Tank

 ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

Angola: ¿en transición hacia dónde?

Paulo Inglês

Aunque hayan pasado ya seis años desde que se dio por terminado el largo conflicto armado que asoló el país durante casi tres décadas, uno de los más largos que ha tenido África, Angola sigue todavía buscando el camino adecuado para recuperarse de sus traumas sociales, políticos, económicos y psicológicos. Aunque para muchos analistas Angola vive un momento de transición, cabe preguntarse, atendiendo a las decisiones que toma el Gobierno, hacia dónde camina dicha transición.

Es verdad que el alza del precio del petróleo, materia prima de la que Angola es el segundo país productor africano después de Nigeria, ha traído al país un flujo de mayor liquidez que le ha permitido controlar la deuda externa, la inflación, la valorización de la moneda y un índice de confianza moderado de los inversores extranjeros. La convocatoria de las elecciones para septiembre de 2008, oficializada hace poco por el presidente, parece devolver al país la normalidad hasta ahora solamente imaginada. Hay un tímido esfuerzo en la recuperación de las infraestructuras (carreteras y puentes) que, comparado con los años álgidos del conflicto, se puede tildar de avance. Pero, pese a todo, la mayoría de los angoleños apenas desfruta de los “dividendos de la paz”. Esta aparente paradoja, es decir, la ausencia (casi) absoluta de conflicto armado y la ausencia, de facto, de democracia, desarrollo sostenible y efectivo es lo que caracteriza la era del postconflicto angoleño. La naturaleza y el modo en el que ha terminado el conflicto armado en Angola quizás expliquen vagamente el postconflicto o, quizás, nos ayude a vislumbrar hacia dónde se dirige la transición.

Del conflicto anticolonial al poscolonial

La Independencia de Angola, en 1975, fue precedida por una guerra anticolonial de tres Movimientos Nacionalistas contra Portugal, potencia colonizadora, que, hasta al final, defendió Angola como su “provincia ultramarina”. Aunque los tres movimientos nacionalistas luchaban por una causa común, que era la independencia de Angola, nunca han conseguido ultrapasar sus diferencias ideológicas y sus clivajes regionales y constituir un frente anticolonial común. El FNLA (Frente Nacional de Liberación de Angola) fue fundado por Holden Roberto, en el norte de Angola, en la frontera con la República Democrática del Congo, de cuyo presidente, entonces Mobutu, recibió apoyo político y militar; el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), surgió entre la elite negra y mestiza de Luanda, capital de Angola; y la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola), con base rural en el centro-sur del país, fue Fundado por Jonas Savimbe. Aunque el FNLA se inspiraba en las ideologías africanistas los años cuarenta y cincuenta, muy pronto recibió apoyos de los países occidentales, especialmente de Estados Unidos. El MPLA, de inspiración marxista, desde muy pronto recibió apoyo del antiguo Bloque Socialista, especialmente de la Unión Soviética y Cuba. La UNITA, que en su origen se inspiró en la doctrina maoísta, después de la independencia recibió apoyo de los países occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza.  Tanto Portugal como los tres movimientos tenían sus fuerzas militares, sus ideologías, estrategias y apoyos políticos, peor todavía, su visión de Angola. Aunque esto no justifica el origen del confito angoleño, por lo menos enseña su complejidad y lo difícil que es entender y analizar el postconflicto. La Independencia de Angola fue fruto de pacto un político: Portugal se comprometía a otorgar la independencia de Angola tras una época de transición bajo un gobierno también de transición compuesto por los representantes de los movimientos nacionalistas; ellos, a su vez, se comprometían a transformarse en partidos políticos. Esta fue, por muy irónica que sea, la primera de varias experiencia de postconflito en la historia de Angola. Como hemos dicho, la Independencia de Angola fue en 1975, justo en el momento más álgido de la Guerra Fría. Muy pronto, por contingencias de la propia Historia, Angola se sumerge en un nuevo conflicto donde sirve de escenario avanzado de la Guerra Fría, con proporciones internacionales y regionales, no solamente en cuanto al número de países interventores, sino también, del aparato militar movilizado. El intento de la construcción del Estado poscolonial (angoleño) se ve atrapado, desde su inicio, con un conflicto cuya solución, como veremos abajo, no dependía solamente de las partes angoleñas, sino también de una coyuntura regional e internacional.

El entramado de la guerra civil en la Guerra Fría

Después de la Independencia de Angola, el MPLA, apoyado por el Bloque del Este y por los militares portugueses que condujeran el golpe de Estado en Portugal, consiguió el control del gobierno y del Estado e instauró un sistema de partido único, de inspiración marxista. Mientras el FNLA se deshizo y su líder se fue al exilio, la UNITA empezó una oposición armada al Gobierno a través de tácticas de guerrilla con el apoyo expreso y directo de Estados Unidos (especialmente de la Administración Reagan), de varios países europeos y de Sudáfrica. A nivel regional, la República Democrática del Congo, de Mobutu, apoyaba directamente a la UNITA de Jonas Savimbe con medios financieros y militares en su supuesta lucha para impedir el avance de la influencia soviética en África representada por el Gobierno y el Estado angoleño; en la frontera sur de Angola está Namibia, en su momento colonia sudafricana; el movimiento nacionalista e independentista namibio, representado por SWAPO (Organización del Pueblo del Sudoeste Africano, en sus siglas en inglés), usaba el territorio angoleño como base militar en su lucha por la independencia contra el ejército sudafricano; éste, a su vez, declaró la guerra a Angola por el apoyo que daba a SWAPO y para contrarrestar “la amenaza comunista” en su frontera. El potencial militar sudafricano asistido por la sofisticación del ejército israelí, hizo que Angola pidiera ayuda a Cuba, con presencia de miles de militares del ejército cubano.

En los años ochenta Angola fue el palco de una guerra convencional entre el ejército de dos Estados soberanos, algo no muy común en África): por un lado el ejército sudafricano asistido por Estados Unidos e Israel y, por otro, el ejército angoleño con participación del ejército cubano y asistido por la Unión Soviética. La solución de este conflicto implicaba cambios en la geoestrategia de las grandes potencias: la salida de las tropas cubanas de Angola y, del otro lado, la Independencia y el abandono del territorio namibio por parte de Sudáfrica. Los Acuerdos de Paz firmados por las partes intervinientes en el conflicto coincide con la caída del Muro de Berlín y el cambio en el paradigma de las relaciones internacionales. Aunque todavía permaneció el conflicto entre la UNITA y el Gobierno angoleño, muy pronto, a inicios de los noventa, firmarán un acuerdo de paz en que el Gobierno se comprometía a hacer reformas políticas y a abrirse hacia el multipartidarismo y, por su parte, la UNITA, a transformarse en partido político.

Tras unas elecciones sufragadas por las Naciones Unidas, el MPLA, partido del Gobierno, salió vencedor, pero la UNITA y su líder no aceptan los resultados y vuelven a la guerrilla. Esta tercera guerra, más dramática todavía, tuvo un interregno dos años después, con acuerdos firmados en Lusaka seguidos, por tercera vez, por un periodo de transición y un Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional... En 1998, una vez rotos los acuerdos, se volvió al conflicto armado. Este último se alargó hasta 2002, con la muerte de Jonas Savimbi, el líder de la UNITA, por parte del ejército gubernamental. Algunos estudiosos de la política y de la historia de Angola apuntan que el final del conflicto angoleño coincide con el surgimiento de un nuevo paradigma geoestratégico mundial, la lucha antiterrorista. Sea como sea el modo en el que termina el conflicto angoleño, éste condiciona su postconflicto y consecuentemente, su transición.

El postconflicto como transición

Como hemos señalado, en este momento se puede decir que Angola está viviendo múltiples transiciones, algunas apenas percibidas por los analistas y por la comunidad internacional. Es verdad que el conflicto angoleño termina con la victoria del Gobierno sobre su adversario político y militar. El Gobierno gestiona totalmente los ritmos del postconflicto, lo que, en sí mismo, puede generar nuevos conflictos. Por otro lado el conflicto ha generado víctimas, no sólo civiles, sino también militares. Lo interesante es ver hasta qué punto en los programas de reconstrucción estas víctimas ocupan un lugar central. Además de las fuerzas militares que han combatido durante años, hay personas que se han comprometido ideológicamente con cada una de las partes. ¿Hasta qué punto el proceso de reconciliación y de transición política es también un proceso de identificación con un modo de entender la sociedad que pase por la democracia y por el respeto de los Derechos Humanos?

La guerra ha absorbido la mayor parte de los ingresos del petróleo en casi un 60 por ciento. El fin de la guerra, que coincide con el aumento de la producción del petróleo y de su precio, debería dar más recursos para la reconstrucción. Pero no se percibe de un modo muy visible que la paz haya significado un cambio muy grande en la vida cotidiana de la mayoría de los angoleños. Por fin, el proceso de transición política: la renovación del Parlamento, el funcionamiento de la justicia, la elección del presidente... son todavía tareas pendientes. Es verdad que ya están en marcha los preparativos para las elecciones; los cuadernos electorales ya están constituidos. Pero, mientras no se haga realidad los angoleños estarán siempre en una transición…